Tú eres todo para mí

Con tu infinito amor, juntaste dos seres para que realizaran un milagro de vida.

Desde el vientre de mi madre me formaste con tanto cuidado. Me diste un par de piernas para caminar por donde me llevaras, un par de manos para estrecharlas con los demás, un rostro con ojos para ver al prójimo, con nariz para respirar tu vida, con boca para anunciar tu palabra. Me hiciste un ser completo.

Al nacer, me encargaste a un ángel para que me transmitiera tu amor. Me mostraste un mundo lleno de alegría, pintaste cada etapa con los más bellos colores, me diste tu mano para recorrer campos llenos de flores, con pájaros y todo tipo de animales.

En las noches, cuando se iba el sol y me aterraba la oscuridad, venías con una lámpara, me abrazabas y pasabamos horas y horas conversando, hasta que me dormía en tus brazos.

Me conocias desde antes de que existiera. Trazaste un plan de vida para mí. Compartimos tantas cosas, en medio de sonrisas y abrazos. Cada momento a tu lado estaba lleno de amor y paz. No sabía el significado de maldad y ni siquiera quería saberlo. Solo me importaba ser feliz de la manera que tú me estabas enseñando.

A todo momento estabas conmigo, pero a veces te iba a buscar en tu casa para sentirte más cercano, para que estés siempre en mí y yo siempre en ti. El escuchar acerca de tu vida me motivaba a tomarte como ejemplo y seguirte como tú dices “hasta el fin del mundo”.

El tiempo pasó sin darnos cuenta. Yo iba creciendo y conociendo el mundo, pero no aquel que tú hiciste para mí.

Caminé por callejuelas desoladas, atravesé lugares sombríos, me encontré con personas malas que no te amaban a ti.  Sabía que ese no era el trayecto, pero continué. Me sentí poderosa de seguir por mí misma, sin que nadie estuviera para decirme qué hacer o no.

Ya en territorios fuera de tu potestad, me convertí en un ser vulnerable, fácil de confundirse en una multitud de personas materialistas, mentirosas, egoístas y con un sinfín de maldad.

Tuve miedo. Tenía que escapar o unirme a la multitud y ¿qué creen que fue lo más fácil?

La mentira me lanzó al suelo con la humillación y la hipocrecía. Sin levantarme, el egoísmo y la envidia me pisotearon. Casi gateando intenté caminar, pero la ira, el rencor y el odio querían empujarme al abismo. ¿Cuándo fue que me perdí y me alejé de ti? No me dejes sola. Te amo. Te amo. 

Padre nuestro que estás en el cielo y la tierra (Dolor consumiéndome el corazón) santificado sea tu nombre (Alcohol, cigarrillo y los vicios acercándose a mis neuronas) venga a nosotros tu reino (Debilidad y confusión haciendo temblar mis piernas) hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo (Desobediencia y orgullo dando puntapiés a mis rodillas) danos hoy nuestro pan de cada día (egoísmo atándome las manos) perdona nuestra ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Venganza adentrándose a mi corazón) no nos dejes caer en tentación (Odio cubriendo mi alma) y LÍBRANOS DEL MAL.

De pronto  aparece Jesús. Aleja con su manto todo lo malo de mi vida. Me abraza y seca mis lágrimas. Le pido una y mil veces perdón. Él me sonríe y me toma de la mano. Salimos del mundo del pecado y me lleva a disfrutar del mundo que siempre tuvo para mí.

Desde ahora en adelante jamás me desviaré de tu camino. Si tú estas conmigo, nada ni nadie podrán contra mí.

jesus_abraco_ceu

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