Destino, casualidad y Dios ¿quién es más pilas?

Y no basta guiarme por mi sexto sentido, intuición femenina o cómo quiera llamársele; es necesario un empujoncito del destino, casualidad o Dios, aunque sea para darme cuenta de cosas que ni siquiera extrasensorialmente las había notado, pero con un ejemplo, veamos ¿quién es más pilas?

La situación es simple: un chico conoce recién a una chica; él la corteja; a ella le puede interesar pero no lo conoce a ciencia cierta, lo más lógico es que se tomen el tiempo necesario para saber más uno del otro, bueno, lo suficiente. Pero a esta situación se les puede adelantar uno de estos tres elementos…

  • El destino es un poder sobrenatural que guía el destino de las personas de una manera inevitable. En el caso del chico y la chica, supongamos que él ha pasado varias semanas tratando de conquistarla pero ella aún no está segura. Un día va a casa de su prima y cuando sale de ahí,¡ puf! sorpresa, ve al muchacho en cuestión con otra chica agarrado de la mano. De acuerdo al destino, si la chica hubiera ido donde su tío, donde su abuelita, donde su amiga o donde sea, de igual forma, hubiera descubierto al chico con su novia, ya sea a esa hora, en la mañana, en la madrugada… era lo de menos, lo importante era que así debía suceder.
  • La casualidad son los hechos que no tienen una causa aparente, suceden por una simple coincidencia. Ahora, la chica salió a tal hora porque esa era la hora que debía salir. De igual forma, él pasó por ahí porque esa era su camino, sin saber que justamente la chica también estaría. Si cada uno o solo uno iba por otro lado o a una hora distinta, pues nada de eso habría ocurrido, simplemente fue un acontecimiento fortuito.
  • De acuerdo a la Biblia (Jer. 1,5; Galatas 1.15; Salmo 139,15-16.), Dios ha trazado un plan de vida para cada uno. Él nos ha dado el libre albedrío para decidir entre el bien y el mal, por ende nosotros somos dueños de nuestras acciones; sin embargo, no podemos tener el control de todo lo que está a nuestro alrededor. La chica podía decidir quedarse en su casa, lo cual demostraría que el destino, pese a ser “inevitable”, no podía intervenir para que ella saliera y encontrara obligatoriamente al chico; tampoco la casualidad iba a hacer que el chico apareciera por coincidencia, si él ya tenía decido lo que iba a hacer.

Sea lo que sea que creamos, nunca tendremos una explicación lógica de por qué ocurren las cosas; muchas veces puede ser causa y efecto, mas hay ciertos hechos que se escapan de nuestras manos. El lugar y la hora del encuentro pueden ser cuestiones de destino o casualidad, pero creo que para  lograr que la chica viera en el momento y lugar exacto a quien tenía que ver,  hay que ser más pilas.

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