Historias de mujeres: Amor no correspondido

Después de admirar el atardecer en algún lugar del mundo (tal vez París, Venecia o en una calle angosta de mi ciudad) miraba como el viento peinaba tu cabello que parece nunca quedarse en su lugar.  Entonces no me importaba si notabas que el sol descendía frente a nuestra inconfundible manera de hacernos los locos o que mis ojos no se querían apartar de tu rostro.  Me ofreciste escuchar música contigo, disfrutaba estar ahí parada a tu lado, más que oír tus canciones anticuadas me concentraba en el sonido de lo que queríamos callar.  El sol se fundía más rápido con las nubes y sabía que ese momento no duraría para siempre; pero no importó si por unos segundos me diste la oportunidad de amarte. Sin querer cruzamos las miradas y fingí ver de nuevo el atardecer;  sentí tu mano a unos pocos metros de la mía, por “casualidad” buscaba rosar tu piel desesperadamente, pero no quise arruinar tu paz ni mis ilusiones.

Te escuchaba tararear un par de versos de una canción desconocida y aunque no sabía de qué se trataba la letra, esperaba que esos acordes fueran en mi nombre. Me gustaba soñar, soñar que eso podía ser posible;  que detrás de ese alejamiento que siempre lo había tenido presente en mi mente, se hallara escondido el amor, un amor profundo y sincero. En verdad, tan solo esperaba que rompieras tu quietud para admirarme, para besarme, para quererme y dejarte querer.

Todas mis  esperanzas y sueños se desvanecieron cuando, de repente, me atreví a contarte lo que siento. La indiferencia de tu rostro no me ayudaba para articular una oración y dejar de tartamudear;  parecías sorprendido y  hasta un poco indignado. No me imaginé ver para mí esos gestos que conocía perfectamente, que me gustaba estudiarlos y disfrutarlos, pero que en ese instante me hicieron vivir la situación más incómoda. De pronto nos invadió el silencio y  no sabía si estaba claro el mensaje. No podía cambiar nuestra historia ni retractar mis palabras. Ya lo dije y te juro que no me arrepiento de habértelo dicho; es más, me siento bien de ser libre pero me da pena que tú no lo seas porque todo se quedó en el aire.

Ya casi no había rayos de sol en el cielo ni esperanza en mi corazón. Lo único que podía hacer era abrazarte para tratar de buscar un consuelo, pero solo sentí que te produje incomodidad.  Me alejé rápidamente, con el corazón destrozado. Quería encontrar respuestas y  pedirte explicaciones; te regresé a ver para decirte unas últimas palabras pero tras de ti ya no había ningún atardecer y entonces comprendí  que simplemente debía marcharme.


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Un pensamiento en “Historias de mujeres: Amor no correspondido

  1. Ayy Diani, que te puedo decir, este post te quedo super bien, espero leer la parte 2, aunque dudo mucho que exista !!!!

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