Deseos espontáneos

Para el momento de nuestro encuentro quiero que todo sea imperfecto, no sabes cuánto me gusta planificar cada acto de mi vida, pero debo confesar que amo más que todo salga como menos me lo esperaba.

Quiero verte y reconocerte, no solo porque te he visto en fotos, sino porque algo dentro de mí inmediatamente me va a decir “ahí está” y en ese instante la escena se va a congelar, giro de 90 grados y un zoom a nuestras miradas. Tú tendrás esa cara de enojado, que no me intimidará aunque te demuestre lo contrario y baje la mirada y finja que veo a otro lado. Daremos unos pocos pasos sin saber de qué empezaremos a hablar y mientras pienso tendré en mi cara una sonrisa por mi alegría incontenible. Entonces encederás un cigarrillo, luego otro y otro más, y yo voltearé mi rostro evitando el humo del cigarrillo que hasta ese momento estaré tratando de dejar. Te comentaré algo al respecto y tu lo complementarás, cambiaremos de tema, luego saldrá otro comentario y nos desviaremos del tema central.

Calles angostas, grandes avenidas o simplemente algo que nos invite a caminar serán testigos de esas pláticas digitales que ahora hasta se podrán palpar. Para no perder la costumbre saldré con un comentario gracioso o uno de mis malos chistes que dibujaran algo asi como una mueca en tu rostro, digamos una media sonrisa, que quieres ocultar pero que  tus ojos me confiesan que te sientes bien.

De repente nos rodeará el silencio, pero no un silencio incómodo, sino uno de aquellos que te permiten conversar sin palabras. Tú alzarás tus ojos al cielo o a cualquier lugar para sentir esa tranquilidad de saber que estás con alguien más y yo cerraré los míos pidiendo que ese momento no termine nunca; los abriré lentamente y seguiré tu mirada imaginando que estás pensando lo mismo que yo. Justo en ese instante caerá una gota de lluvia sobre mi nariz y en pocos segundos una lluvia torrencial cubrirá toda la ciudad. Empezaremos a correr, no para buscar refugio, solo para vivir intensamente el aguacero; las gotas serán cada vez más leves, querré seguir corriendo pero me detendrás del brazo y al vernos empapados no podremos hacer nada más que reír sin parar.

No habría contradicción más perfecta que ver como se alisan tus rizos y como se ondula mi cabello lacio.  Nos sacudiríamos un poco y caminaríamos empezando de nuevo una buena plática, como solo son las nuestras, mientras la gente nos quedaría viendo como dos dementes que no les importa estar mojados en el frío andino, sin saber que somos más que eso: dos seres que encontraron una complementariedad al compartir sus ideas, pensamientos, conocimientos o simplemente sus deseos de lograr  lo irreal.

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