Celos que matan

Bastó una falda corta, una sonrisita coqueta y un “te acompaño a tu departamento” para que los celos de novia que había tenido guardados toda mi vida, se me subieran al rostro, estrujaran mis manos y me hicieran convertir en una inquisidora.

Nunca antes me había importado que mi pareja saliera con sus amigos o amigas, que conversara con ellos pese a estar yo ahí; nunca había escuchado conversaciones que no me correspondían, mirado de reojo donde no debía ver y, mucho menos, nunca había armado un show patético, el típico de: quién es ella, por qué la llamas, no me digas nada, no me toques, no quiero saber nada de ti; cuando después de pocos minutos ahí estaba yo fingiendo ser la mujer menos celosa del mundo, simplemente para asegurarme de que él no me iba a ser infiel.

Pero ¿qué son exactamente los celos? ¿está bien o está mal sentirlos? Antes de vivirlo en carne propia, los celos para mí eran un comportamiento absurdo de una persona que no está segura de sí misma y que proyecta esa inseguridad a su pareja para no asumir por sí sola esa limitación. Pero cuando los empecé a sentir y estaba sumergida ciegamente en ellos, se convirtieron en una muestra de mi amor. Ante esta actitud creí que solo tenía dos justificaciones: el problema era yo o el problema era el amor.

En muchos casos, para las personas celosas no es necesario ver nada, con lo que se imaginan (que es como toda una telenovela) basta. Pero mi caso era distinto, yo tenía motivos para dudar, para vivir en el desasosiego, para no estar feliz. Entonces entendí qué era verdaderamente lo que estaba sintiendo:

Celos es un conjunto de emociones y sentimientos (inseguridad, envidia, vanidad) que surgen a partir de la desconfianza que se tiene hacia la pareja, porque ésta entrega a otro lo que uno quiere para sí; en este caso, yo no confiaba en mi novio porque estaba entregando a alguien más, el amor y la atención que me correspondían a mí.  El problema no era yo porque estaba segura de lo que sentía, ni el amor porque el tener celos no demostraba que yo lo amaba más ni mejor.

Al tener claros mis sentimientos también entendí que esa relación sin confianza ya no debía seguir porque “ni yo mato por celos ni tú mueres por mí” Joaquín Sabina

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