No es no

Para muchas personas es muy difícil aprender a decir NO. Tras muchos problemas que ocasiona el ser siempre permisible,  aprenden la lección e incluso, como en mi caso, usan este término a menudo para salir bien librados de cualquier situación, pero qué más se puede decir si el receptor no entiende que no es no.

En estas últimas semanas me he enfrentado a personas que no les gusta escuchar razones y son intransigentes frente a un no, pero si yo tengo la razón, defiendo mi posición y me mantengo firme en ella. Muchas veces tengo que dar explicaciones, justificaciones, incluso, jugar la psicológica para que la otra parte me entienda; pero, algunas veces, ni así consigo que respete mi decisión.

Los no son rechazados sobre todo en el ámbito sentimental, donde los sentimientos no entienden de razones y la esperanza se aferra a ese sí que parece cada vez más lejano.  Millón de veces tuve que escuchar un no por respuesta de algún novio, vacile o prospecto; si era definitivo, no seguía intentando y no porque me resignara fácilmente, sino porque las respuestas del corazón siempre dicen la verdad. Y ahora lo comprendo porque es a mí a quien me toca rechazar, negar, ser la intransigente  y no porque yo lo quiera; hay algo dentro de mí que me empuja a decir esas dos letras, así que no hay lugar para insistencias ni para falsas ilusiones. Mi corazón dijo  no y es definitivamente no.

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