Cuando tú quieres, ya no

Me parece como si hubiera sido ayer la primera vez que vacilé, me lo rumbeé, tuve un free, la cascarita al aire, el chascarrillo mañanero, o como se quiera denominarlo; y no puedo creer que gran parte de ese tiempo se me haya pasado en relaciones pasajeras. No por el hecho de que no aportaron en mi vida (por el contrario, me permitieron entender más sobre el comportamiento masculino, las relaciones de pareja y, en sí, de mí y el amor); sino porque no me tomé en serio esa etapa o, cuando quise hacerlo, los demás no creyeron que fuera verdad.

En la época en que empecé a “ampliar mis horizontes”, es decir, cuando inicié la universidad y conocí muchas personas, no me parecía importante amarrarme sólo con un chico (decisión tomada después de un broke up); tampoco es que me amarré con algunos al mismo tiempo, pero sí opté por salir con varios, lo malo fue que tenían un patrón común y sabía que no llegaría a nada, digámoslo, formal. Al inicio me gustaba esa emoción de lo incierto, esa sensación de estar con alguien pero sin tener que darle explicaciones, de saber que es pero no a la vez y tantas cosas que te produce este tipo de relación. En ocasiones anteriores he compartido mi punto de vista sobre este tema, pero hay un momento en que lo inseguro, lo inestable, lo inexistente pierde su chiste; como todo, esto también tiene su fin.

Muchas veces no me arriesgué a lo serio por temor a salir lastimada, veía como muchas personas que quería, terminaban sufriendo porque no valoraron sus sentimientos. Pero ¿eso era culpa del amor? No, de ninguna manera, cuando llegas a sentir algo tan fuerte y sincero no quieres dañarlo; lastima que yo no me di cuenta a tiempo y no vencí mis miedos para luchar por lo que sentía y no perderlo.

De todos modos, aprendí una gran lección: Vale la pena jugárselas todas por lo verdadero. Y eso es a lo que estoy dispuesta ahora.  Ya me cansé de compartir tiempos que me sobran, decir frases programadas, dar besos y caricias que ya tocan. No quiero dar ni esperar sentimientos a medias, controlarme por no tomar a alguien de la mano, cambiar el tema cuando solo deseo decir: “te quiero”, hacerme ilusiones de lo que no será. Me gustaría decir apelativos cariñosos a alguien más que mis amigos, preparar sorpresas que a mi misma me sorprendan, compartir fechas especiales, saber que estoy por y  para alguien no por un momento, sentir legítimo interés por las cosas que, aunque no comparta, al otro le interesa, preocuparme para siempre por alguien; como una vez pensé, soñar a lado de alguien aunque no tengamos los mismos sueños. Simplemente quiero darme cuenta de que puedo sentir algo puro y verdadero y tomarlo en serio, pero ahora no hay quien quiera lo mismo que yo.

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