Al llegar la estación apropiada

Con el paso de los años uno cree que se las sabe todas o, por lo menos, que tenemos el suficiente conocimiento para no volver a cometer los mismos errores. El tiempo es un aliado, pero no la totalidad de nuestra formación personal. Aún recuerdo cada una de las veces en que dije: no lo volveré a hacer, para la próxima ya sé cómo actuar, en otra no me sorprenden; en fin, muchas palabras que podían aparentar madurez y experiencia, pero que en el momento dado se quedaron cortas.

Hace poco empecé un nuevo camino; omití ciertos defectos, cultivé unas virtudes y potencié mi entusiasmo. Entre tramo y tramo, se quedaron personas que cumplieron su etapa y conocí unas nuevas que no sé hasta dónde me acompañarán. Lo que tengo claro es que quiero a mi lado personas que jamás se den por vencidas, que luchen por lo que quieren con todas sus fuerzas, que no tengan miedo de decir lo que sienten y que siempre tengan ganas de aprender nuevas cosas, de llevar una sonrisa en el rostro, pese a los problemas y que no dejen de sorprenderse por las pequeñas cosas de la vida. Y entre ellas, una que pueda reflejar el alma en su mirada y sin palabras me diga que ha llegado el momento del año que he esperado.

Porque la vida a veces es como las cuatro estaciones: una lluvia veraniega, un rayo de invierno, un fuerte viento de otoño y un amanecer de primavera. Y cada persona es como un árbol que debe prepararse para cada una de ellas. En el proceso de crecimiento habrá quienes nos den amor, paz, apoyo para fortalecer nuestras raíces y otros que nos den alegría, diversión, jovialidad para engrandecer nuestra copa.  Tal vez, demos más importancia a las personas que fortalecen nuestras bases o, por el contrario, a aquellas que se ocupan de nuestras ramas. Sin embargo, hay que recordar que “raíces y copas han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo”. (Susana Tamaro)

Entonces, se abrirán muchos caminos; unos pocos nos llevarán a nuestras metas y sólo uno nos guiará a una persona que puede estar esperando por nosotros para cuidar de nuestras raíces y copa, por igual. Sin embargo, no hay que escoger un rumbo al azar; sólo siéntate y aguarda. Yo me sentí confundida porque algunas personas que me rodean son divertidas, agradables, buenas; pero si no le brindan esa paz y el toque de magia a mi corazón, sé que no es la correcta. Por eso, sólo me senté, respire, aguardé y aguardé más aún. Me quedé quieta en silencio para escuchar a mi corazón; aún no me da una respuesta concreta, pero cuando me hable, me levantaré e iré a donde él me lleve… no sé si sea una locura o una ilusión no consolidada, pero presiento que se cruzarán nuestros caminos para cubrir nuestros árboles de flores y frutos al llegar la estación apropiada.

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