Lo que sólo tú sabes dar

No sé desde cuando comenzó, no sé cómo sucedió y, mucho menos, con qué finalidad está pasando todo esto. Lo único que tengo claro son los recuerdos atesorados que se resumen en algunas conversaciones en trance, promesas improvisadas pero de esas que sí se deben cumplir, uno que otro chiste que nos ha dibujado una sonrisa y muchas canciones para expresar lo inexplicable en un lenguaje menos convencional.

Ahora estoy sentada, contemplando una ciudad partida en dos mundos irreales. La mitad de abajo no tiene nada de diferente: ver las calles cien veces transitadas y millares de personas cubiertas por las sombras de grandes edificios. Pero si alzo mi mirada, tal vez vea lo mismo que tú: unas nubes con formas similares a las que alguna vez imaginaste y que dejan pasar un poco de sol, ése que hoy mismo calentó tus ganas de vivir.

Y si puedo imaginar mil historias paralelas para acortar esta distancia y extrañarte un poco menos, no habría necesidad de palabras, ni manifestaciones físicas, ni siquiera el tenerte cerca; sería suficiente esa sensación de gestos irreales, simplemente esa extraña forma de cariño mudo que sólo tú sabes dar.

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