No nos sorprenderá solos

Si yo tenía un dolor en el cuerpo, tú tenías un dolor en el alma; pero, por lo menos, algo en común tuvimos. Si yo quería compañía, tú buscabas alguien que cuide de ti; qué bueno haber coincidido.

Tal vez las palabras sobraban, no más sermones; de seguro las razones también estaban de más. Solo había que vivir en la locura de un día cotidiano, que con tu presencia pudo transformarse en algo, que lo tradicional, común o anticuado, no podrían entender; ni siquiera yo con todas mis palabras lo puedo explicar.

Me sacas más de una sonrisa, me sumas minutos productivos, restas importancia a cosas que en otras circunstancias serían imperdonables; simplemente me enseñas a ser yo misma y me permites conocerte tal y como eres. No hay necesidad de artimañas, ni encantos para agradar y pasar por alguien aceptable. No hay que caer en formalismos, ni estereotipos para adaptarnos a nuestro mundo. No hay tiempos, ni distancias. Somos tú, yo y ese sentir que nos ha rodeado.

Aún hay un poco de dolor. El del cuerpo mañana ni será recordado, el del alma tardará más en pasar, pero pasará y hasta un día podremos reírnos de ello. Y si algún día como hoy, vuelve el dolor a nosotros, ya le llevaremos ventaja porque ya no nos sorprenderá solos… mi mano y la tuya estarán extendidas para unirse y ahí ya estaremos juntos.

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