Risas enfrascadas

La extrema seriedad es algo que no va conmigo; es más, puedo asegurar que la mayor parte de mi día se va entre sonrisas, con cercanos y desconocidos. Sin embargo, algún tiempo tuve que contener mi alegría e, incluso, disfrazarla por indiferencia y rencor. Tal vez no la sentía o alguien se empeñó en transformarla. Quizás ya no teníamos motivos o, simplemente, ya no quería reír contigo porque la felicidad que me ofrecías ya no me sabía igual.

No puedo negar que extrañaba reír por tus comentarios fuera de lugar y muy detallados, que me gustaba verte reír a causa de la forma en que yo desviaba el tema y lanzaba ideas jocosas sin pensar que a veces no tenían sentido; pero, principalmente me hacía falta que me contagiaras con tu peculiar risa y que no existieran razones específicas para dibujar una sonrisa en nuestro rostro.

Pasé mucho tiempo teniendo todo ello como un hermoso recuerdo y la añoranza de que algún día se volviera a repetir. Mientras tanto, reuní todas las fotografías y las guardé en una caja que no me acuerdo donde la puse; encontré todas las cartas jamás entregadas y las guardé en un sobre para que te lleguen algún día, aunque sea anacrónico; saqué  de mi maleta una gorra, aquella que dabas por perdida, y la colgué junto con los gorros que me gustan, pero que nunca suelo usar; ¿y las risas?, de ellas fue más difícil deshacerme, lo único que se me ocurrió fue meterlas en un frasco, por si algún día querías volverlas a vivir.

Cuando menos lo esperaba llegó el día y me di cuenta que no aseguré con fuerza la tapa. De una conversación cualquiera, sin pensarlo, ya nos estábamos riendo. Pensé que sería como antes, pero fue mejor. Ahora ya no habían razones para quedar bien, poses para sorprender, ni intenciones ocultas de algo más. Al fin, me animé a verte y tratarte por lo que eres y no por lo que yo alguna vez esperé de ti.

Ahora podemos vaciar el frasco para que las risas sigan su curso normal. Ya tenemos un nuevo motivo: ser felices por la amistad, pues tu risa y la mía son las que hacen que el mundo no sea igual.

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2 pensamientos en “Risas enfrascadas

  1. Quien te dibujaba sonrisas puede facilmente convertirse en quien te las destruya, es tan fácil y tan rápido que no te das cuenta, y de la misma forma puede un día sin querer volverte a regalar con una frase o mirada algún buen motivo para volver a sonreir, entonces todo es fresco y como volver a nacer, es una transformación.

    • Exactamente, las actitudes de las personas pueden cambiar y hacer cambiar tu percepción de ellas. En este caso, lo importante es tratar de recuperar lo bueno o lo positivo de las situaciones.

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