Lo necesario para ganar el juego de la vida

Solía sentarme entre las filas del último para no juntarme con las que aparentaban sapiencia, pero no tan atrás para evitar que se me pegue la superficialidad; me encontraba en el sitio exacto para ser real: cerca a tu lugar.

Pasamos tres años de la época colegial entre libros, proyectos, fugas, aventuras, bromas, música electrónica, la bebida alcohólica (switch) que muchos afirmaban que causaba ceguera, una que otra riña y un sentimiento que más que amistad se convirtió en hermandad. Pero en aquellos días aún no lo sabíamos; para ambas era JUST BE y pasar bien el momento, mientras planeábamos locuras para romper los dogmas y la educación tradicional que no se adaptaba a nuestra FREEDOM.

También a veces sólo divagábamos, nos desviábamos del eje central y solo nos dedicábamos a jugar: quizás para inventar algo que no tuvimos, que queríamos conseguir o que ya lo llevamos dentro. Me acuerdo el día en que amanecimos con ganas de ser hombres, por el simple gusto de dejarnos llevar por un juego; tal vez, por eso buscamos nombres de nuestras caricaturas infantiles como: Meteoro, Oliver o Benji. Luego fuimos más lejos y nos pusimos nombres “más reales”, aquellos con los que denominaríamos a nuestros hijos algún día.

Hasta ahora me causa gracia la influencia del extranjerismo en nuestras elecciones. Nuestra amiga, ahora hermana, escogió: Stephano Paolo, par de buenos nombres italianos que, con el paso del tiempo, ella asumió que la combinación sonaba algo gay y, en la actualidad, ya no están dentro de sus opciones. Yo no fui tan lejos y escogí también dos nombres de la misma procedencia, el primero: Tiziano, que es poco convencional y a algunos le parece muy serio, sin dejar de lado que, por declaraciones de un artista homónimo, el nombre genera polémicas connotaciones; el otro era Donato, que me gusta por su significado: “regalo de Dios”. Después de muchos años, debo admitir que aún no los borro de mi lista. Tus elecciones se inclinaron por los nombres ingleses y me atrevo a confesar que eran los más aceptables y acordes (en ese tiempo): David [Deivid] Alexander, que contenía la mezcla de tus gustos y de apegos familiares.

El tiempo siguió su curso normal y tú nunca más hablaste del tema. No sé si esos nombres fueron opciones momentáneas, si los considerabas de vez en cuando o si nunca pensaste en usarlos. Creímos que el juego terminó; pero no consideramos que toda nuestra vida es un juego (un conjunto de estrategias y acciones aplicadas en forma individual o grupal que persiguen un objetivo) y a veces nos limitamos a vivir la concepción vana de él (una actividad para la diversión o recreación), sin tomar en cuenta que tarde o temprano tendremos que retomar esa partida y muchas más, para ganar o perder.

Tú ya vas en camino para otra vuelta. Ahora no importa si jugarás usando los mismos nombres, otros que te sugeriremos, los que sean de gusto de tu familia o uno que aparezca por casualidad. Lo más importante es que cuentas con tu fortaleza, ánimo, esperanza y alegría; además que tienes de comodines la guía, apoyo y amor de quienes te queremos. Suma todo esto y verás que tienes lo necesario para ganar el juego… otra vez!!!

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4 pensamientos en “Lo necesario para ganar el juego de la vida

    • la idea central de todo juego es divertirse, pero no por ello debes descartar que hay un objetivo por conseguir. En los deportes muchos afirman que la idea es competir, divertirse aunque no ganes, pero en la vida seguro que no desearíamos perder!!!

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