Definitivamente lo nuestro es alcanzar el infinito

Hoy hace un año no me desperté siendo la misma. No recuerdo bien cómo fue, qué sentí, si perdí o gané, sólo sé que cambié (físicamente, por un convencionalismo). Me di cuenta que no era como me lo habían dicho, como lo habían callado, ni como lo esperaba; simplemente fue como tenía que ser. Me sentía extraña, pero cuando alguien me preguntaba “cómo estás”, respondía “bien” con una sonrisa en el rostro, porque aún estaba en las nubes y ahí me mantuve algún tiempo, sin percatarme que mi destino final era el cielo.

Hace una semana emprendí el camino y debo admitir que no fue fácil. En el trayecto tuve que luchar con milenios de prejuicios femeninos y masculinos, un siglo de un descubrimiento científico, 20 años de ausencia de fenómenos naturales en la época, semanas de preparativos y horas de viaje; que se vieron mínimos frente a mi espontaneidad y tu anonadación.

Aquella noche, la cruz del sur nos señalaba el camino y las demás estrellas se perdían con tu mirada y con el acercamiento inocente e imprevisto. Mis labios cedían y retrocedían ante un beso anunciado, que de tanto plasmarse en escrito y en nuestras fantasías, se quedó corto cuando lo alcanzamos. Y un beso trajo otro, otro y algo más. Tu piel ya no era una barrera, fue el punto inicial que indicaba el camino a nuestros sueños. Mi piel se convirtió en tu lienzo para graficar lo que ya no se podía hablar.

En tus brazos sólo existe sosiego. Tus caricias son como brisas que a la mínima sensación me agitan y  me hacen perder la razón. Aún siento tu respiración, pero no como un simplemente aire, es una parte de ti que se funde conmigo. Hay dos corazones pero se escucha un solo latido, dos cuerpos que se complementan y unas risas distintas pero simultáneas. Esta vez no cambié físicamente; pero admito que ya no era yo… soy YO CONTIGO.

Hoy y en adelante no me despertaré siendo la misma porque el sueño no termina; es más, nunca me despertaré sola y con frío (esta mañana si que hacía calor). La primera imagen que quiero ver todas las mañanas es tu expresión ambigua de candor y frenesí, con tu mirada apacible y tu media sonrisa traviesa. Sólo quiero “girar” y sentirte a mi lado, volver a acariciar tu pelo y tu barbilla, transformar la normalidad y la rutina, decirte: dame el tiempo que no te haga falta y prometo invertirlo en caricias en tu espalda.

Mírame como todos los días y tómame de la mano para irnos volando más allá de las nubes, más allá de lo que pensamos.  Es verdad que antes sentí tocar el cielo, pero definitivamente lo nuestro es alcanzar el infinito.

 

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2 pensamientos en “Definitivamente lo nuestro es alcanzar el infinito

  1. A veces las cosas solo llegan a un punto en el que ya no puedes imaginar que ocurren, sino que no puedes dejar de imaginarlas; en muchas casos esos sueños al volverse realidad invaden tu vida y se quedan gravados en cada mirada o cada sonrisa, en cada mañana que sin darte cuenta giras a la derecha o a la izquierda para encontrar a quien sueñas que te acompaña.

  2. Es que soñar es parte de la vida. A veces es muy fácil cruzar la línea que separa la fantasía de la realidad; pero un sueño vale la pena materializarlo cuando cada vez que cierras los ojos te hace sonreír, cuando sabes que vale la pena luchar por él y que los esfuerzos hechos no son nada comparados con lo que puedes conseguir. Aún hay un espacio a lado de mi cama (derecha o izquierda, depende del gusto y la imaginación) 🙂

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