No se dijeron nada

Sólo se vieron, no se dijeron nada. Ella lo abrazó como si lo volviera a ver desde hace años o sólo desde hace unos minutos, cómo que ya lo había visto en algún otro lado: en sus sueños, letras u otra vida. Él la vio atónito como todas las primeras veces que miraba sus ojos, la vio como siempre pero ahora sabía cómo eran sus pupilas.

Sólo se vieron, no se dijeron nada. Tal vez se congeló la escena o los segundos se alargaron; seguramente había un sountrack, repitiéndose en un concierto privado en sus cabezas. Parecía una tarde más, otra de tertulia, otra de risa, otra como cualquiera… ninguna como esa.

Sólo se vieron, se vieron y se vieron en un tiempo literario, donde puedes pasarte horas de horas describiendo gestos, miradas, detalles que en la vida real pasan en un minuto; pero para ellos ya no existía tiempo y no bastó con verse…

Sólo creyeron que era la irrealidad en versión justificable, lo imposible con caminos transitables, lo inexplicable con argumentos no comprobables. Sólo sintieron un viento recorriéndoles el cuerpo y un beso prolongándose en otros labios.

Sólo sintieron que eran ELLOS y no se dijeron nada.

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