Si me pegas, respondo

Hace tiempo sus palabras me reconfortaban y me daban alegría; hoy sus gritos e insultos me lastiman y me hacen pensar que él tiene la razón, porque me quiere.  Hace unos días su presencia era agradable e imprescindible; hoy me asusta y me vuelve vulnerable, quizás para que me acerque más a él y demuestre que me quiere. Hasta ayer sus caricias parecían una cálida brisa; pero esta mañana se asemejaron más al roce de un témpano de hielo, es más, fueron como una violenta ráfaga que acababa con mi fortaleza, mi dignidad y la ilusión… pero creo que aún me quiere.

¡Basta! Cualquier forma de manipulación, maltrato o agresión no es cariño y, mucho menos amor. Es verdad que en un momento de iras, las personas pueden reaccionar de una forma no esperada, pero nada justifica la violencia física. Para aclarar puntos de vista y llegar a acuerdos es necesario el diálogo, que debe procurarse en un ambiente de tranquilidad, cuando la euforia del momento haya pasado y se esté dispuesto a escuchar a la otra persona. Caso contrario, también se puede terminar agrediendo verbalmente a quienes queremos o, por lo menos, a quienes hicimos el compromiso de quererlos y respetarlos.

Lo alarmante de la violencia física son los datos estadísticos en Ecuador, entre los cuales se demuestra que este problema es la primera causa de muerte entre mujeres de 15 a 44 años, que de cada 10 mujeres 8 han sido maltratadas y que apenas un cuarto de millón lo han denunciado. El silencio sigue siendo la primera barrera que hay que combatir, principalmente el silencio con uno mismo, que nos impide ver la realidad tal cual es, nos crea juicios sin argumentos y nos doblega.

También se deben superar muchos prejuicios todavía. Los hijos no son una atadura para continuar en relaciones destructivas; por el contrario, les estamos dando un mal ejemplo y exponiéndolos también a la violencia. Tampoco ahora se puede hablar de conservar las apariencias, el qué dirán, ni mantener los parámetros sociales. Estamos en otra época, en la cual tenemos independencia y todo para hacer valer nuestros derechos; así pase el tiempo y cambien los parámetros de relación, siempre prevalecerá el amor propio, la dignidad y nuestro valor como seres humanos.

Y si algún día se te ocurre levantarme la mano, será el peor error de tu vida porque si me pegas, respondo… Respondo con inteligencia, con valores, con leyes, con lo que soy; porque reacciones primitivas, comportamientos salvajes y actuaciones irreflexivas ya no aplican en el entorno humano.

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