Los ex: Adiós, Miguel Ángel

“La perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas”, quien mejor para decirlo que el gran artista renacentista Miguel Ángel; pero también hay pequeñas cosas que nunca llegan a sumar algo perfecto o grande, como aquellos amores que, por diversas circunstancias, son inalcanzables y los conocemos como platónicos.

Tenía 16 años en la época que conocí a Miguel Ángel, no el artista, sino un hombre común y corriente que lo denominaré de la misma forma, pero que, a diferencia del artista, él nunca buscó la perfección. Este Miguel Ángel era alto, delgado, de ojos vivaces, con algo que impresionaba a primera vista

Admito que en en mi adolescencia me gustaron muchos chicos al mismo tiempo, pero Miguel Ángel tenía algo diferente que, a la vez, me alejaba de él y lo transformó en platónico. Pasaron los años y dejé de verlo, mas su recuerdo siempre me evocaba alegría y lo tenía guardado en mi mente, tal y cómo yo lo creé: divertido, bondadoso, cariñoso y con otras cualidades que le di, porque nunca pude conocerlo, hasta que llegó el día…

Era una mañana más, el estrés de la ciudad era latente y, de repente, Miguel Ángel estaba ahí, frente a mí, en el mismo lugar y lo peor (en esa época lo mejor) era que me estaba viendo. Esa pequeña mirada despertó mi espíritu de Sherlock Holmes y, con varias odiseas y uno que otro infortunio, pude localizarlo en una ciudad de más de un millón y medio de habitantes.

El encuentro se tradujo en un primer acercamiento telefónico “por casualidad”, que desafió mis nervios, pero posteriormente Miguel Ángel me brindó confianza y me hizo pensar que todo lo que imaginé de él, no estaba tan alejado de la realidad. Sin embargo, el tiempo transcurrió y “el perfecto” Miguel Ángel se convirtió en alguien que tenía defectos, pero eso no era el problema, sino que ni él mismo podía controlarlos y yo no podía luchar contra eso.

El amor platónico se considera como una idealización, pero de acuerdo con los conceptos de Platón, el amor no se lo puede considerar en un plano emocional positivo porque no es ni bello ni bueno. A veces cuando miro atrás, quisiera no haber materializado ese ideal; pero si lo pienso bien, me doy cuenta que simplemente me enfrenté a la realidad. Cuando menos lo imaginé, caí al suelo y  la caída fue de golpe.

Por eso, ahora para amar no busco los extremos ni la perfección.  Sólo quiero sentir esa sed de belleza y de bondad de las pequeñas cosas, que puede traer días buenos o malos; pero que me da la certeza de que cuando quiera lanzarme del cielo, por lo menos, tendré un paracaídas.

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