Eres tú

Un día un amigo me preguntó ¿quién es ese tú para el que a veces escribes? ¿ha sido el mismo tú desde el inicio? Mmmm, ¡buenas preguntas! Porque sin proponérmelo empecé unos escritos hacia una segunda persona, pero nunca me había fijado en su trascendencia y su transformación, no solo en el blog sino también en mi vida.

Al primer “tú” a quien escribí fue a mi ex novio de la época, en mi tercer post. Quizás fue una forma indirecta para que esa persona supiera lo que quería decirle, pero no me atrevía a hacerlo de frente y no por miedo, sino porque no tenía ya sentido. Simplemente el plasmar mi sentimiento por escrito era una forma de desahogarme o compartir con otra persona que pasara por lo mismo.

Luego los “tús”  fueron adoptando diversos rostros y acoplándose a las circunstancias; a veces, eran seres de amistad, amor o desengaño; pero era alguien el que recibía las letras. En la época del 2010, algunos “tú” sirvieron para deshacerme de las palabras que ya no quería tener. Por un momento, entre 2010 y 2011, el “tú” se volvió en alguien recurrente, evocable, pero no cercano; poco a poco, fue desapareciendo en la multitud de letras, en los plurales de los pronombres y las generalidades de la gente.

En eso se puede resumir la historia del “tú”, hasta que un momento involuntariamente llegaste a plasmarte en mis letras. Para aquella época no eras alguien a quien solía dirigirme, por lo menos no en mi mundo más íntimo, y no sé qué hiciste para colarte en medio de mis pensamientos y ganarte unas letras. El camino fue largo, pero a paso firme y sin pensarlo, te convertiste en ese tú que se fusiona con mi voz en primera persona y forma una en plural.

No puede existir otro tú que sea mi compañero, con quien podría pasar la vida entera conversando; el amigo que comparte historias, risas y tristezas; ese confidente de sueños, deseos e, incluso, temores más profundos; el cómplice que acolita fantasías, travesuras, planes; y el novio que nunca se cansa de luchar por el amor.

Sólo el roce de tu mano y el recuerdo de tu presencia producen en mí ese escalofrío de emoción, como si viviera en la eternidad de la primera vez que te vi. Por ello, me convenzo de que tú eres el único a quien quiero cuidar y mimar, así sea a la distancia, porque no hay otro, capaz de hacerme sentir latentemente ese cariño mudo y darme la seguridad de que nada malo sucederá.

Sólo tus labios pueden transportarme desde mi ventana a la vía láctea, porque eres ese ser dual que con un beso puede convertir nuestros cuerpos en una voraz llama de pasión o, simplemente, posarte en mi frente y rodear mi alma con tus brazos, sin necesidad de una manifestación carnal.

Definitivamente, tú eres distinto a todos los demás: No te conformas con lo establecido, no te pones límites, sueñas con lo imposible, trabajas por conseguirlo, eres capaz de lograrlo, tienes tus virtudes y un corazón que nunca se va a cansar de sentir.

Y por si no está claro, quiero acotar que solo hay un hombre a quien admiro y adoro, por el simple hecho de ser quien es…  Y ese sólo eres tú…

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