¿Hermanos?, no gracias

Cada vez que podía, agobiaba a mi mamá con mi pedido: ¡Quiero un hermanito! A que niño no le hace ilusión tener alguien más o menos de su edad para jugar y hacer de las suyas la mayor parte del tiempo; a mí me pasaba eso hasta casi los 10 años, luego ya se me olvidó.

Mi madre nació en la época, en cambio, que pedir un hermano era poco… ¡Ella recibió 8!  Y al ver su relación con ellos, creo que también me desmotivé a seguir insistiendo porque para mí un hermano es apoyo, comprensión, de vez en cuando peleas, rivalidad, pero en el fondo cariño.  Mis tíos no han demostrado eso; quizás la misma época hizo que fueran hermanos porque tenían que serlo y no por sentirlo.

Quiero pensar que si tenía un hermano o hermana, las cosas hubieran sido distintas. Pero como no puedo vivir de suposiciones, me alegro de tener hermanos postizos. Están los mayores que te cuidan y te dan los consejos “acerca de la vida”; a los que les cuentas todo y sabes que te apoyaran así sea una locura; con los que compartes desde un pedazo de pan hasta la ropa favorita y no pueden faltar los menores, que tienes que celar un poco y cuidar de las borracheras.

¿Hermanos?, no gracias porque tengo mejores amigos.

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