Hola, soledad

Hoy a uno de mis mejores amigos le dio por cantar: “Hola, soledad, no me extraña tu presencia…” porque empezó a descubrir el mundo del “si hay alguien siempre conmigo, ese soy yo”, pero le daba miedo afrontar esa realidad y reencontrarse consigo mismo.

Antes de estar con su novia, mi mejor amigo pasaba tiempo conmigo o con su familia, pero nunca estaba solo. Cuando conoció a la susodicha, la que empezó a saludar a la soledad fui yo porque perdí al compañero de salidas, al cómplice de travesuras, al apoyo logístico de fiestas o simplemente a la presencia que sólo escuchaba cuando yo tenía que hablar. No me alegro para nada de lo sucedido, solo que ahora entiendo mejor el dicho de que el mundo da la vuelta.

Seguro mi amigo pasará gran tiempo en el mundo del silencio, en las divagaciones y en las añoranzas. Ya no habrá con quien compartir las alegrías y tristezas. Podrá sentir la presencia de alguien, pero no será lo mismo que tenerlo cerca. Será muy difícil para él preguntarse qué quiere hacer que haya dejado de hacerlo, qué le gusta, quién es ahora y tardará mucho en encontrar esas respuestas, tal y como tardé yo. Lo bueno es que tendrá una ventaja: No estará completamente solo, mientras haya alguien que se limite solo a respirar cuando él tenga que hablar. Y si yo me quedo sola…

“Hola, soledad, no me extraña tu presencia” porque cuando los demás me abandonan, por lo menos te quedas conmigo a tomar un helado.

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