Martes de a ratas

Aunque la frase dice: Día de perros, no tengo nada contra ellos y si tenía que escoger a un animal para escribir en mi post, preferí la rata. Porque días como hoy son los que deberían quedarse como esos roedores: Lejos o nunca llegar. ¿Para qué marca el calendario días en el que todas las vicisitudes arman un complot en contra de nuestra tranquilidad?

Hoy la suerte me jugó una mala pasada y puso a prueba mi paciencia y control de mi mal humor. Debo admitir que últimamente estoy tratando de manejarlos bien, para poder analizar las situaciones, relajarme y tomar las decisiones correctas. También confieso que no es fácil hacerlo, sobre todo, cuando tienes el ímpetu a flor de piel y necesitas, por lo menos quedarte callada, para no dejarlo hacer su voluntad y terminar empeorando el problema.

Este martes también fue el día en que las acciones de terceros llegaron a invadir mi vida como una onda expansiva. Uno quiere ignorar, pero no es lo aconsejable; hay que lanzarse como Ulises a la odisea y superar los obstáculos, sin importar el tiempo que tardemos.

Al llegar la noche solo quiero retornar al lugar donde tengo paz, donde al verte puede verme a mi misma, con mi cara de ira, decepción y cansancio, pero siempre con la mueca que tan solo con una palabra tuya se puede borrar.  En medio de las malas rachas, me acurruco en esos pequeños rincones del mundo donde nada malo puede pasar, donde aun puedo gritarte libremente que te quiero como a un miércoles, jueves o viernes, pero ya no como un martes, un día que (te) QUISE siempre…

 

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