Enamórate con la cabeza y no con el corazón

Cuando ves todo desde la perspectiva del amor, aunque lo neguemos, es fascinante y perfecto. Pensamos que todo lo podemos resolver con un beso, un abrazo o un te amo, aunque es verdad, esos pequeños detalles pueden cambiarnos el día; pero no son suficientes para construir una vida conjunta. Bien dicen las voces de la experiencia: Mijita/o, enamórate con la cabeza y no con el corazón.

Siempre he procurado hacerlo de esa forma; en un inicio no por coherencia, más bien por auto protección: Si pensaba y analizaba de quién me enamoraba, sería más fácil deducir qué rumbo tomaría al relación; si, pese a mis deducciones, las cosas iban mal no había problema, mi mente actuaba y me hacía comprender que era lo mejor. Sin embargo, no puedo decir que no hubo rupturas que le ganaron la batalla a mi cabeza y terminaron lastimando mi corazón.

Un día sin previo aviso, me enamoré de una manera loca; sí, literalmente loca, al punto que un “sensato” no podría entender las razones ilógicas del sentimiento. Subí y subí y subí hasta el cielo, perdí la cabeza y me acomodé en mi globo aerostático. Navegué por el cielo, hasta que un día una flecha me chocó y mi globo se precipitó.

Caí al suelo y mi cabeza se recuperó. Entonces, empecé a entender claramente el sentimiento y ese enamoramiento se transformó en amor. Ya no había lo fascinante ni perfecto, simplemente era la normalidad con un toque de magia, gracias a la comprensión de nuestras virtudes, la aceptación de nuestras falencias y la adaptación de nuestros ideales a un gran objetivo común.

El amar genera ese equilibrio necesario para reconocerse como maduro sentimentalmente, proyectarse en pareja, conocer las limitaciones del entorno y saber superarlas, dejar de lado el egoísmo y enfocar las acciones en favor de dos y muchas otras cosas que, en general, nos vuelven mejores para uno mismo y alguien más.

Me di cuenta que solo de esa forma quería y podía empezar una vida contigo, una vida en la que tengamos claro a dónde vamos y cómo lo hacemos. No importa cuáles sean los problemas o las circunstancias que no podremos controlar, porque si tenemos claro nuestros fines conjuntos, sea como sea tendremos que llegar. Toma mi mano y vamos, que en el camino puedo enamorarme de nuevo de ti de una y mil formas, pero amarte solo puedo hacerlo con la cabeza y el corazón.

Prometo buscar por cada rincón de esta habitación una vida contigo, que quiero seguir cuidando de ti, poder compartir una vida contigo.

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