No importa, sonríe

Me he vuelto a reír incontrolablemente en una sala de cine; no porque la película haya sido demasiado chistosa ni porque mi acompañante tenga una de las personalidades más graciosas que he conocido. La razón es: Hoy me río de las cosas más simples de la vida.

Quiero reírme por levantarme tarde e imaginar que en algún lugar de mi trayecto tendré que acelerar mi paso e, incluso, correr. Quiero reírme por un error involuntario, que quizás con un mejor ánimo pueda corregir. Quiero disfrutar de los imprevistos de la vida, que tal vez no los entienda ahora, pero me llevan al lugar al que debo llegar.

Me he vuelto a reír incontrolablemente por las travesuras que hacía de niña, por las rebeldías de la adolescencia, por las ocurrencias de mi juventud y por los anhelos que se plasman en mi futuro. Quiero sonreír, reír y creerme que es felicidad cada segundo, sea bueno o malo, que conforma mi inexistencia, porque ya lo decía Thomas Chalmer:

La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.

 

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