Just say: Hey oh

Era el verano de 2000, el ciclo escolar terminó y, con él, se despedía mi época de primaria: Aquella etapa de pinturas escondidas, borradores en el suelo, aventuras en las azoteas e historias “terroríficas” sobre monjas sin cabeza, niños diabólicos o calabozos de un mundo paralelo, que a mi no me impresionaban.

Meses atrás rendí las pruebas de ingreso a la secundaria y, aunque tenía claro qué quería ser en la vida, no sabía qué camino debía tomar. Me consternaba los cambios que en mi vida se presentarían: La transición de niña a adolescente, nuevas amistades, más responsabilidades, al fin y al cabo, estaba empaquetando una etapa de mi vida para dar paso a otra. Pero lo que más me consternaba era que a esa edad, ningún otro niño se preocupaba por eso.

Recuerdo que cuando llegaron las vacaciones tuve una sensación de querer huir a la casa. No era un acto de insatisfacción con algo o rebeldía, simplemente, era una acción de distanciamiento emocional con un toque de aventura, a la vez.  En realidad nunca lo hice,  lo más lejos que mis agallas me llevaron fue a un cuarto abandonado en casa de mi madrina.

Con mi pijama en un bolso estampado con hello kitties, que delataban que aún era niña, cuando quería hacerme “la grande”; con una cobija tejida y una linterna en mano me dispuse a emprender la aventura más grande de mi vida, en ese momento.

Sin querer queriendo, enfrenté uno de mis más grandes miedos: la oscuridad. Cuando encontré un lugar seguro me senté, en medio de un sillón antiguo y un aparador. Me fijé que tenía un radio de pilas, lo encendí y vencí otro de mis temores: el silencio.

Pasaba de estación en estación, hasta que el ritmo y letra de una canción me desconectaron del mundo:

Psychic spies from China
Try to steal your mind's elation
Little girls from Sweden
Dream of silver screen quotations
And if you want these kind of dreams
It's Californication

No puedo definir la sensación que tuve al escuchar Californication, fue como estar en mi nirvana y al acabar de oírla me sentía totalmente relajada. No me importaba concentrarme en pensamientos futuros, que en esa época no dependían de mí. No sé si la canción tuvo alguna influencia o fue solo un pretexto para liberarme del negativismo o preocupaciones.

La aventura me duró poco,  porque después de la canción, regresé a casa, me miré en el espejo, sonreí y supe que todo iba a estar bien. Mi madre solo me miró seria y yo tarareaba mi nueva favorita canción.

Pasaron los años y, al terminar el colegio, volví a encontrarme confundida, preocupada, estresada. Tal vez la solución a este problema estaba en el mismo lugar y no me refiero al cuarto abandonado; tal vez sí, en la radio. Al encenderla, los Red Hot Chili Peppers me volvieron a elevar:

Desde entonces solo me relajo, no pienso en los problemas… Cuando encuentro la solución, me levanto, vuelvo a sonreír y me repito:

Hey oh listen what I say oh
I got your
Hey oh listen what I say oh
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