Besé a otro

Sí, lo confieso: Besé a otro y no una, sino DOS veces. También admito que estuvo mal, pero no me lamento porque sé que el pasado ya no se puede cambiar; sin embargo, cada una de esas acciones trazaron un camino diferente en mi vida amorosa.

El primero de esos besos fue el que tiene ese toque de lo prohibido, del que tienes la conciencia plena de que es indebido, pero, pese a ello, sigues. Esa primera muestra de debilidad y engaño fue el indicio de que algo estaba marchando mal con mi enamorado de la época y fue el principio de un final inevitable. Sin embargo, no fue solo una manifestación de gusto o deseo; el beso tenía escrito entrelíneas algo más fuerte que, quizás por este episodio, tampoco terminó bien.

Pero no todos estos besos son vestigios de desastre, ni amor karmático. El segundo fue como la evidencia de nuestra ineluctable condición instintiva, que tras un detonante (en mi caso fue el alcohol), terminan arrastrándonos a una situación de engaño a nosotros mismos. Este beso no escondía ningún sentimiento genuino, pero fue importante porque me hizo dar cuenta que por un error, no podía arriesgarme a perder a alguien y algo que en verdad valían la pena.

En todo caso, el amor y la fidelidad no es solo cuestión de no salir con alguien más o de no besarlo. Pueden existir personas que jamás hayan traicionado a sus parejas, pero que su corazón ya no está conectado con ellas.

Amar verdaderamente y ser fiel es estar ahí (en tu pensamiento, en  tu corazón, en tu vida…), incluso cuando se puede estar en otro lugar .

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