El violinista en mi tejado

Ha pasado una semana desde que dejó su forma tangible para transformarse en un soplo de recuerdos agradables, pero que al evocarlos también traen dolor de ausencia e impotencia de no poder retroceder el tiempo y evitar el fatalismo.

Hace poco él se sentaba a mi lado y me picaba con sus dedos regordetes como gesto de su picardía. Achinaba sus ojos, impartía vida con su gran sonrisa y nos sacaba más de una carcajada con sus expresiones verbales tan propias de él. Con mi mejor amiga nos gustaba abrazarle para recibir “su calor interno” como él decía, que en realidad era producto de su saco abrigado.

Sin embargo, nuestra capacidad humana de errar termina alejándonos de quienes alguna vez llamamos amigos. La inclemencia del tiempo me alejó aún más de él y, lo peor, es que hizo que aplazara palabras que no podían esperar como un te quiero, te extraño, estoy aquí. Fue un error presumir que él sabía que lo apreciaba como un buen amigo y que lo tenía presente. No tenía sentido mantenerlas en silencio; ni siquiera tienen sentido ahora que él jamás las podrá oír.

Lo único que me queda es contarle al mundo que Carlos Picerno fue un gran hombre, un luchador de verdad. Jamás se rindió ante la adversidad, siempre enfrentó los problemas con una sonrisa y brindó su apoyo a quien lo necesitaba sin juzgar ni recriminar.

Sé que no lo volveré a ver ni siquiera por casualidad en la calle, pero cada vez que quiera podré buscarlo en ese rincón de las memorias más alegres de mi vida. De seguro una noche alzaré la vista al cielo, escucharé una de las canciones que tanto le gustaban y, sin explicación ni lógica, lo veré sentado con su hermosa sonrisa siendo el violinista en mi tejado.

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10 pensamientos en “El violinista en mi tejado

  1. Gracias por esto….al cumplirse un mes de la partida de mi primo…me alegro leer esta partecita de su vida…gracias por el cariño…noc quien eres pero se que lo conociste bien…y que desde alla arriba a ti tb te esta cuidando

  2. Demasiado emotivo y muy claro que cada cosa que pasa en este mundo tiene su razón de ser y siempre nos deja enseñanzas, siempre son tristes las despedidas sobre todo si son repentinas por eso lo mejor es vivir al máximo, dar amor, sonreir, ser uno mismo y que todo lo que se haga hacerlo con mucho amor y regalando una sonrisa como lo hizo Carlitos que ha sido su mayor mensaje de vida. Un abrazo y miles de bendiciones.

  3. Ya lo dijo el propio ñaño “….ese chinito risueño que cocinaba rico….” Carlitos, aguantanos primate….pa alla vamos todiiiitos¡¡¡ muy lindas las palabras que acabo de leer

  4. Gracias por compartir los lindos recuerdos que guardas de mi primo, me das más pistas de cómo era y me alegra conocer algo más de él.

  5. Bonito mensaje, realmente es lo que nos pasa con los amigos, los reconocemos muy tarde, pero siempre será reconfortante y aleccionador hacerlo.

  6. Siete meses más tarde encontré el valor para decir que ese pequeño saltarín, chinito y risueño fue el motivo de mis mayores alegrías… así nos conocimos, así nos despedimos, nunca dejó de estar en mi vida, queda un gracias por todo lo que él en su infinita dulzura me enseñó y un hasta pronto mi niño de pan tu nunca te irás!

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