Ni subyugaciones, ni ventajas

Cuando nací mi madre lloró, no solo por la emoción de un primer hijo, sino también por el “pesar” de tener una “mujercita” que llegaba al mundo a enfrentar la adversidad de una sociedad “hecha para hombres”.  Mi madre creció en una época en que las mujeres empezaron a exigir sus derechos y a defenderlos. Sin embargo, mis abuelos aún la educaron en un mundo en el que los hombres tenían más oportunidades y las mujeres eran las que debían agachar la cabeza ante sus padres, hermanos y maridos.

La sociedad evoluciona y nos impulsa a dejar ese teatrito construido en base a desigualdades. Lastimosamente, hay muchas personas, hombres y mujeres, que no han dejado que su raciocinio evolucione; por lo que, aún mantienen complejos de sumisión y discriminación. Ya no estamos en una época de feudalismo ni autoritarismo en la cual los menores, las mujeres, los indios, los negros, los homosexuales, o los que son considerados “minorías” deban callarse y aguantar todo tipo de humillaciones por no atentar contra el statuo quo, impuesto por quienes quisieron quitarnos libertades.

Los Declaración Universal de Derechos Humanos garantiza nuestra libertad de opinión y de expresión y nos da la certeza de que no seremos juzgados por ello. Ninguno de los derechos internacionales que comparten esta libertad establece limitaciones sociales, ideológicas o jerárquicas. Todos podemos ejercer nuestros derechos en un marco de respeto y sin afectar las libertades de los otros. Ya lo dijo Abraham Lincoln “Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son”, en referencia a que somos cada uno de nosotros quienes nos negamos esa igualdad. No podemos pretender crear un mundo sin la oportunidad de que todos emitan sus criterios, sin que se contrapongan ideas y se pueda llegar a acuerdos conjuntos.

Con el ejercicio de libertades, tampoco se pretende crear ventajas de un determinado grupo frente a otro. No quiero que por ser mujer exaltan mis cualidades físicas o me traten como una damicela en peligro. Detrás de la ropa y de lo que llevan entre las piernas, tengo el mismo cerebro y espíritu.

Quizás es algo absurdo que, después de siglos de la abolición de la esclavitud, de la emancipación femenina, de las declaraciones de derechos, tenga que reiterar preceptos que se repiten una y otra vez en nuestro entorno. Ya no hay cabida  para parámetros sociales de antaño encubiertos por un falso moralismo, ni tampoco hay que llenarnos la boca hablando de libertades. Lo que yo soy y pienso lo manifiesto como quisiera lo hagan conmigo, para que los demás no tengan ni subyugaciones ni ventajas. Vivimos en un entorno competitivo, es cierto, pero primero sal de tu envase y mira que hay otras personas aparte de ti.

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2 pensamientos en “Ni subyugaciones, ni ventajas

  1. “No quiero que por ser mujer me traten como indefensa, menos inteligente o la próxima ama de casa. Detrás de la ropa y de lo que llevan entre las piernas, tengo el mismo cerebro y espíritu.”

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