Cuando tardas y demoras

Llegar a casa se siente inútil si no existe la certeza de que pronto llegarás. En medio de tu ausencia solo puedo imaginarte cruzando cada uno de estos espacios como sutil aroma a cala que acaba de brotar. En las noches siento tu cuerpo ocupando el mismo lugar de la cama, ese que ahora me parece tan inmenso desde que no estás. Más tarde despierto intranquila, porque siento que murmuras que me necesitas, que me quieres, que me anhelas. Es inevitable que hasta en sueños no te deje de evocar.

En cada una de las calles recuerdo nuestros primeros pasos: tímidos, pero convencidos de que debían avanzar juntos. Cada rincón me recuerda tu rostro, tu inconfundible mueca al hablar y tu mirada perdida en medio de la inclemencia de sueños que se tienen que cumplir.

No puedo pedir que el tiempo vuele para acelerar nuestro encuentro porque sé que luego no querré que me quite momentos junto a ti. No puedo restar días al calendario porque nos faltarán segundos para no parar de sonreír. Solo quiero ser feliz porque estás dentro de mí, sin importar tiempos ni distancias. Solo quiero decirte que siempre te espero cuando tardas y demoras en volver.

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