El final de tu historia

Los mensajes de ayuda para encontrar a Karina del Pozo, desaparecida en Quito, mantuvieron mi atención de sobremanera. Desde el inicio, me inquietó mucho la forma en que se habrían dado los hechos de su desaparición: Una chica, supuestamente sola, en la madrugada… Era inconcebible pensar que saldría sin algún más. Día tras día, familiares, amigos y desconocidos preocupados se sumaron a esta campaña para encontrar a Karina; pero, no se tenía ningún resultado, hasta el miércoles 27 de febrero.

Caminaba en la noche justamente hacia una fiesta, cuando me llegó un mensaje cadena con la lamentable noticia de que Karina había aparecido muerta. Un frío helado me recorrió el cuerpo, quizás me apersoné en este caso o, con mayor certeza, recordé muchas ocasiones en las que yo me expuse a varios peligros como el de aquella chica. Al día siguiente, con toda la información circulando por la red, me enteré que la víctima habría sido asesinada por sus propios amigos tras haber salido de una fiesta. La indignación se apoderó de mí y no podía entenderme cómo la sociedad se denigra constantemente, al punto de hacer daño a la persona a quien llamamos nuestro amigo.

Al escribir sobre este espeluznante caso, no puedo sacar de mi cabeza las recomendaciones de mi madre cada vez que salía y que, en su momento, fueron restadas importancia. Claro, quién las necesita si en la adolescencia y juventud somos los dueños del mundo; a nosotros no nos pasará nada malo, igual, nuestros padres son unos exagerados. Cuando sentía que mi madre estaba invadiendo mi espacio al llamarme y preguntar dónde estaba o a qué hora regresaría, lo más fácil era apagar el teléfono. No puedo imaginar la angustia de mi madre pensando que algo malo pudo haberme ocurrido. Varias ocasiones tomé taxis sola y a la madrugada; tenía ciertas precauciones, pero que, al final, no son garantías de seguridad. Algunas veces asistía a fiestas del amigo del primo del otro amigo del conocido, sin saber a ciencia cierta qué clase de personas serían.

Nuestros padres tienen razón en preocuparse y desde pequeños nos han enseñado cómo enfrentarnos al mundo para que de adultos seamos nosotros mismos los dueños de nuestros impulsos. La inseguridad de la ciudad es terrible, en el día o en la noche, en el norte como en el sur; pero el evitar una desgracia, puede estar en nuestras manos. A veces nos exponemos a riesgos absurdos, tan solo por caprichos o momentos efímeros.

Seguramente Karina pensó en divertirse una noche más, pasar un buen rato con sus “amigos”, vivir al máximo su vida; total, lo bailado nadie se lo quitaba… perdón, alguien sí: La muerte.

Descansa en paz, Karina, que tu fatal desenlace sea un mensaje de reflexión para quienes vivimos el final de tu historia.

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