Cuando tienes que re-encontrarte

Desde hace poco mi cotidianidad se ha llenado de muchas pérdidas: desde mis aretes favoritos hasta mi gatito que me hacía sonreír; incluso, me he perdido yo misma y aún no sé en qué momento me dejé ir.

Ahora solo intento reencontrarme, pero no tengo idea por dónde empezar. Quizás puedo hallarme en la niña consentida a quien todos tenían que complacer, que de vez en cuando se hundía en sus caprichos, pero con amor verdadero podía resurgir. O quizás en la adolescente algo desorientada, que en medio de rebeldías buscaba su propia identidad. Mejor aún, puedo buscarme en medio de los retos que la vida nos pone en el camino, cuando nos damos cuenta de que en los momentos más difíciles, nuestra fortaleza crece y nos toca llegar hasta el fondo para tomar impulso y resurgir.

Puedo tomar parte de cada una de esas fases de mi vida para armarlas y saber lo que han hecho de mí. Pero sé que no puedo hacerlo sola; hay muchas personas que cada día me recuerdan por qué y para quién estoy aquí. Con sus palabras o tan solo con un gesto, hacen que todo vuelva a tener sentido. ¡Cómo rendirme! si la vida me da muchos motivos para seguir.

Sus manos se estiran hacia mí para devolverme al camino. Está bien, pero aún no debo, no quiero salir. Estoy buscándome todavía y al final se que me re-encontraré a alguien mucho mejor de lo que creí.

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