Un regalo para mi esposo

Si pensaban que buscar regalos para sus novias o novios es complicado, se equivocan… Es aún más problemático cuando piensas en qué regalarle a tu esposo/a.

Hoy mi esposo cumple años y, así como años anteriores, quise sorprenderlo con algún detallito hecho por mí o algo sencillo, pero muy bonito de una tienda; a esto pensé sumarle un obsequio de algo que él necesitase como ropa, perfume, reloj, etc.

En menos de lo que pensé, los días pasaron y en medio de las tareas cotidianas, el momento llegó sin tener nada listo. Recorrí tiendas buscando y buscando algo que regalar. Habían obsequios hermosos, que después de tanto verlos, me pregunté: Y esto en verdad cómo le va a servir. Luego quise comprar cosas para hacer un presente yo misma, pero ya era muy tarde.

Me sentía como una esposa descuidada, que ahora no sabía como darle un hermoso cumpleaños a quien amaba y, lo peor de todo, es que no sabía qué hacer. El día antes del cumpleaños, mi esposo me fue a recoger, caminamos y le dije: Qué tal si vamos a tu restaurante favorito. Él se puso muy contento.

Esa noche comimos un delicioso sánduche, pero sabía mejor de lo habitual. Nos olvidamos de los problemas y recordamos cosas bonitas, como que ese lugar fue el primero a donde fuimos. Regresamos a casa muy tranquilos, me acurruqué a su lado y el cansancio me invadió.

Recuerdo que en medio de sueños le decía ya es tu cumpleaños y esperaba el amanecer. Sonó la alarma y despertamos, nos miramos con la misma sonrisa de todas las mañanas y le dije lo mucho que él significaba para mí. Preparé su desayuno (un poco más reforzado que el cotidiano) y con un gran beso se fue a trabajar.

Entendí que el mejor obsequio que le di, no lo pagué con dinero, sino con ese hermoso tiempo en la cena y la mejor manualidad que pude hacer, no necesitaba tijeras ni pegamento, fue ese rico desayuno. Aunque sólo hoy sea el cumpleaños de mi esposo, sé que cada día es el perfecto regalo.

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Cuando tienes que re-encontrarte

Desde hace poco mi cotidianidad se ha llenado de muchas pérdidas: desde mis aretes favoritos hasta mi gatito que me hacía sonreír; incluso, me he perdido yo misma y aún no sé en qué momento me dejé ir.

Ahora solo intento reencontrarme, pero no tengo idea por dónde empezar. Quizás puedo hallarme en la niña consentida a quien todos tenían que complacer, que de vez en cuando se hundía en sus caprichos, pero con amor verdadero podía resurgir. O quizás en la adolescente algo desorientada, que en medio de rebeldías buscaba su propia identidad. Mejor aún, puedo buscarme en medio de los retos que la vida nos pone en el camino, cuando nos damos cuenta de que en los momentos más difíciles, nuestra fortaleza crece y nos toca llegar hasta el fondo para tomar impulso y resurgir.

Puedo tomar parte de cada una de esas fases de mi vida para armarlas y saber lo que han hecho de mí. Pero sé que no puedo hacerlo sola; hay muchas personas que cada día me recuerdan por qué y para quién estoy aquí. Con sus palabras o tan solo con un gesto, hacen que todo vuelva a tener sentido. ¡Cómo rendirme! si la vida me da muchos motivos para seguir.

Sus manos se estiran hacia mí para devolverme al camino. Está bien, pero aún no debo, no quiero salir. Estoy buscándome todavía y al final se que me re-encontraré a alguien mucho mejor de lo que creí.

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Salirme con la tuya

A veces no es tan fácil salirme con la mía, bueno en realidad sí lo es, pero no es lo más conveniente. Cuando uno quiere hacer algo sin importar lo que opinan los demás, terminamos alejando a quienes se preocupan por nosotros y nos envolvemos solo en nuestras necesidades. En conclusión, es egoísmo.

Lo peor de todo de salirme con la mía es ese sentimiento de satisfacción efímero, que nos llena de emoción y orgullo por minutos, pero lentamente se va convirtiendo en una presión en el pecho… en eso que todos llaman remordimiento, Y más allá de eso está el darte cuenta que no todo siempre va a ir acorde a nuestros caprichos. La vida está  compuesta por millones de deseos más que los míos.

Tampoco sé que voy a dejar de lado mis anhelos y sueños porque valen mucho la pena. Sin embargo, ahora no soy yo ni eres tú… Somos los dos caminando hacia NUESTRO futuro.

No me salí con la mía, pero fue bueno salirme con la tuya… porque nada me encanta más que verte reír.

No eras amor, eras dependencia

Este post quiero dedicarlo a todas mis ex novios: Aquellos quienes aún se cruzan por algún recuerdo y esos, que si me preguntan, no me acuerdo ni cuándo estábamos; pero bueno, esto va para ustedes que construyeron parte de lo que ahora soy.

A aquellos que piensan que aún me muero por ellos… Ni lo sueñen, no me interesan y además ya no tienen chance. A lo que piensan que me lastimaron… Tranquilos, hay gente que sufre por cosas verdaderas y ustedes sólo me enseñaron a sonreír, sí, a ser feliz conmigo misma y de lo que puedo dar. Cada día me ayudaron a demostrarme a mí misma cuan fuerte, inteligente, amada y buena mujer puedo ser.

Después de haber jugado muchas veces el papel de víctima, de quedarme llorando en cama sin querer hacer nada, de sufrir y sufrir por algo que no tenía sentido; un día me levanté y me dije: “ya es hora de vivir”. Pues, sí, era hora de dejar todo atrás y empezar conmigo misma.

Entonces descubrí que no era amor lo que sentía por aquellas efímeras ilusiones. Me aferraba a ellos con tanta fuerza, creía que nadie me iba querer así, que solo por ellos podía sonreír, que sus errores eran pasables.  Es cierto, me dieron verdaderas alegrías, pero en realidad esa necesidad de aferrarme era una dependencia, un miedo a estar sola y un miedo a encontrarme.

No me gustaba la idea no tener nadie con quien compartir. Entonces me convertía en lo que ellos querían que sea. Si querían alguien sumisa, pues lo era. Si necesitaban apoyo, yo me podía ser como su mamá. En ninguna de mis relaciones era yo. En ninguna me enamoré. Y esta vez lo digo no porque ya apareció alguien en mi vida. Alguien más para depender, no.  Esta vez lo digo porque estoy sola, aprendiendo a quererme, a conocerme y aceptarme.

No maldigo los malos momentos, ahora sé que tenía que vivirlos para aprender. Nadie escarmienta en cabeza ajena. Y tampoco digo que no volveré a sufrir, a caer, a equivocarme. Ahora ya entendí que no es malo estar sola porque tengo la convicción de que no necesito aferrarme a nadie para ser feliz.

A veces no nos enamoramos, sino que nos acostumbramos y generamos dependencia.  Es hora de entender que la felicidad no viene de otros… Brota de nosotros mismos.

Adaptación de la publicación de una fiel lectora

Llegar al cuarto de siglo

Si los avances tecnológicos estiman que los seres humanos podemos llegar a vivir hasta en promedio 100 años, entonces voy bien por este cuarto de siglo. Esta semana cumplí 25 años, con la añoranza de los años viejos, pero con la enorme ilusión de la nueva etapa que estoy viviendo y de lo mejor que está por venir.

Para este año, descubrí que la calificación de “mejor cumpleaños” no se logra con gran cantidad de regalos, con cuánto más puedes beber o con quienes te escriben en Facebook. Se alcanza con la felicidad de contar con quienes en verdad te quieren: con ese ser que decidió compartir su vida contigo; con quien te dio la vida y, pese a la distancia, te trata como si nunca se hubieran alejado; con quien acabas de conocer pero con escucharte y acompañarte se ha ganado tu cariño y no podía faltar ese que dejó a su “levante” para venir y decirte estoy aquí.

El mejor cumpleaños es aquel que estando lejos de casa, tu nueva familia te hace sentir que tienes otro hogar donde también puedes acudir.

Cumplir estos 25 años no hubiera sido lo mismo sin todas esas personas que ayudaron a construir caminos. Algunas ya quedaron atrás, otras hacen el intento y las que son, siempre están ahí.

Gracias por cada palabra, cada sonrisa y cada velita que no conforma mi edad, sino cada una de mis vivencias multiplicadas por mil.

Confía en mí

Cierra los ojos y vamos, confía en mí. Sé que el camino que he trazado es sinuoso, pero junto a ti sé que lo puedo corregir. Mira mis ojos y encuentra ese brillo que te daba bienestar y tranquilidad. Está ahí, solo necesita que no lo dejes apagar. Toma mi mano, escucha que  te amo y confía en mí, solo hazlo.

Dame la oportunidad de  demostrarte que lo nuestro es verdadero, que no existe ningún obstáculo para poder avanzar, que tú eres mi inspiración y que si te tengo, todo lo puedo lograr. Confía en mí y en lo que construimos dia a día. No podemos cambiar las cosas de un rato para otro, pero podemos hacerlo poco a poco. Si estamos juntos, no existirá nada que nos pueda derrotar.

Dime que me amas y dame la certeza de que estoy haciendo lo correcto. No seas tan duro conmigo. A veces me pierdo en la frivolidad del mundo, pero no quiero estar ahí, quiero ir contigo. Así como puedes confiar en mí, yo confío y creo en ti. Decidí estar contigo y amarte para siempre, así que lo haré.

Confía en mí y seamos siempre felices.

No Happily Ever After

No dije un Sí, ni firmé un papel para amarte incondicionalmente y desear compartir el resto de mi vida a tu lado. Esas son puras formalidades. Te entregué parte de mi vida ya desde antes y sabía que quería estar contigo hace mucho tiempo. Nunca te lo dije y seguro nunca sospechaste el momento en que verdaderamente dije Sí.

Después de nuestro primer paseo y una serie de adversidades, logramos conseguir un bus en medio de la noche. El cansancio te abatió y caíste dormido a mis piernas. Te miré y sentí una mezcla de amor y ternura que jamás antes había sentido. Pusiste a prueba tu templanza, paciencia y comprensión. Entonces supe que sólo a tu lado encontraría ese amor, apoyo, cariño y positivismo que esperaba. No queria a nadie más a mi lado.

Así como ese día, sé que no todo será felicidad. Hay días en los que el mundo me sonríe y otros en los que yo tengo que hacerle cosquillas y, lo mejor, es que ahora estás tú para sacarle una sonrisa más grande. No quiero un “felices para siempre”, porque no creo en ese tipo de cuentos. Quiero un “felices hoy” para saber que nuestra alegría es fruto de nuestro constante esfuerzo. Contigo y nuestro amor, no hay para qué esperar más.

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Voto matrimonial

Que el amor lo puede todo… ¡Verdad! Dejé mi país, mi familia, mis amigos, hasta de ver el fútbol de esa noche (obviando que Ecuador perdía), para iniciar una nueva vida, acompañada de alguien más. Ese alguien que en medio de las tristezas y malos humores, siempre me saca una sonrisa. Ese alguien que tras una jornada agotadora, encuentra una palabra de aliento para no dejarme rendir. Ese alguien que es sólo él y nadie jamás lo igualará.

Entonces, ahí estaba yo… pensando qué palabras decirle, cómo transmitirlas y como impregnarlas en los más profundo de su corazón para que cada mañana, aunque no estemos juntos, las recordara. Cómo hablarle con mi mirada, esa que quería que la volviera a encontrar en el cielo cuando me buscara. Cómo tocar su mano, de forma que en cada brisa se estremeciera, como aquella primera vez.

Sabía que no podía decirle cuánto sentía, cuánto me inspiraba. No sería suficiente, no sería real; igual, lo nuestro ya era mágico e intangible. No bastaban las palabras, era algo más que lo corpóreo y mental. Era eso… eso que nadie puede explicar.

De seguro, le diré lo que ya le he dicho o, quizás, lo que él lo sospechaba, lo que cada uno de mis besos le dice al despertar. Me pondré nerviosa y le miraré como la niña traviesa que la acaban de descubrir, esa que de vez en cuando, aflora de mí. Le sonreiré un poco, para disimular la emoción que me invadirá. Y lo apretaré fuerte de la mano, para recordar que junto a él es donde yo quiero estar.

No necesito papel ni pluma. Lo necesario lo llevo dentro de mí y si lo tengo que resumir en una frase, solo puedo decir:

TE AMO

 

 

El mal humor no es endosable

Recuerdo cuando mi mamá tenía un mal día y llegaba a la casa con toda su euforia acumulada. Aunque no podía disimularlo, se contenía, hasta que estallaba con el primero que se le cruzaba por el camino; luego reflexionaba y me decía que nadie tenía por qué pagar por su mal humor.

No cabe duda que todos tenemos nuestros días en los que nos levantamos con el pie izquierdo y todas las supersticiones caen sobre nosotros. En algunas ocasiones no podemos expresar nuestro malestar y lo vamos acumulando, quizás por horas o días, pero llegará el momento en que algunos no podrán controlarlo y estallarán con la persona y en el momento menos indicado.

Considero que los problemas se quedan en el lugar donde sucedieron y es ahí donde los tenemos que solucionar. No podemos llevar los pesares familiares al trabajo, ni viceversa; porque de esta forma estaríamos generando un ambiente negativo todo el tiempo. Se supone que cada espacio debe provocarnos diversas sensaciones; si el hogar presenta problemas, el trabajo puede ser una distracción o si el empleo es fatigante, la familia se convierte en un punto de apoyo.

A veces, antes de cruzar la puerta solo basta respirar, pensar que no todo dura para siempre y mostrarle la mejor sonrisa al mundo, puesto que si él está de mal humor, nosotros trataremos de cambiarle el ánimo.

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Para no arruinar la amistad

Seguro muchas veces hemos callado un “me gustas”, no hemos pedido prestado dinero, no nos hemos fijado en el ex de un/a amigo/a y todo para no arruinar la amistad. Sin embargo, algunas veces tan solo no hay que ser amigos para no arruinarla.

A lo que me refiero es muy simple. En ciertas ocasiones retomamos una amistad que ya estaba perdida, quizás por compromiso o ingenuidad. ¿Cuántas veces no hemos terminado siendo los amigos sacrificados de nuestros/as ex? ¿Cuántas veces no hemos vuelto a ser las amiguis de quien nos traicionó o lastimó?  La conversación ya no es fluida, las risas nunca vuelven a ser espontáneas, los momentos de silencio ahora sí son incómodos. En este caso, el problema no eres tú, el problema es él o ella, quienes ya no vuelven a caber de la misma forma en tu mundo.

Tal vez exagero un poco, porque hay quienes han podido superar los problemas del pasado y viven su amistad de forma genuina. Seguro lo analizaron, dialogaron y dieron la vuelta a la hoja. Algunos problemas son fáciles de manejar, de acuerdo a la percepción de los involucrados y a lo que esperes de la retomada relación. Al fin y al cabo, la visión del mundo es cuestión de actitud.

Los seres humanos somos expertos en destruir lo que lleva tiempo consolidar. Hacemos y deshacemos cuanto queremos y cuando nos damos cuenta, ya ni siquiera tenemos el manual de instrucciones para volverlo a armar. Antes de iniciar  o retomar una amistad, piensa todo lo que entra en juego y si estas por caer en la tentación de arruinarlo, acuérdate lo que dijo Rajesh, de Big Bang Theory:

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¡Ahora entiendo porque no me gustan las chispas de chocolate!