Siempre estarás aquí

Ha pasado más de un mes desde que te fuiste y aún no quería escribirte… Ya sabes, las despedidas siempre son difíciles; más aún cuando mi corazón empezó a envolverte en  dulces sentimientos y mi anhelo deseaba que ya estuvieras aquí… Ya ves, no siempre pasa lo que uno quiere.

Tu partida fue uno de los golpes más duros de mi vida; así como tu llegada me cogió desprevenida, mucho más fue cuando ya no estabas en mí. No sabía qué hacer ni qué decir; sin embargo, admito que fue un sufrimiento paulatino, que cuando llego el momento de la verdad, solo me quede apática, para no sentir más dolor, más sufrimiento y tratar de entender que si pasó, era porque debía ser así.

Aunque ya no estés, cada día me das fuerza y me recuerdas lo que soy capaz de sentir y dar. Tu presencia no fue en vano; tuvo la finalidad de revivir en mí, ese hermoso milagro de la vida.

Nunca te podré decir adiós, pero por lo menos hoy al evocarte ya no hay tristeza, tan solo alegría, mi pequeño angelito.

 

Empacando recuerdos

Me mudaré de la casa donde he vivido durante casi 24 años, pero al guardar las cosas materiales, estoy empacando los recuerdos de una niña que botaba las revistas de los estantes y que hacía de su pequeño cuarto un escenario para millones de juegos; las aventuras de una adolescente a quien el mismo cuarto le parecía una prisión; las vivencias de una mujer que aprendió a reír , llorar, discutir, soñar… vivir bajo ese techo.

¿A qué jardin iré a esconderme cuando tenga miedo y necesite escuchar esa voz interna que me dice que soy fuerte? ¿Qué ciudad iluminada veré en las noches por mi ventana, cuando quiera entender que hay un mundo más allá del mío? ¿Cómo dejar de llamar hogar a ese lugar donde no necesité nada más que cariño para ser feliz?

Quizás mis preguntas no tengan respuesta, pero es inevitable: Me voy y emprendo una de las tantas partidas que me esperan. Tengo las maletas listas y en mi garganta está latente ese nudo que me corta la respiración y ese sinsabor que dejan las despedidas. No es fácil dejar toda una vida de un momento a otro, quizás nunca me vaya del todo de aquí ni de ningún lugar, porque sé que algo llevo en mí y algo de mí se queda.

Me pueden faltar maletas para todas las manifestaciones físicas de mi niñez, adolescencia y juventud; pero, por suerte, cada una de las vivencias y sentimientos caben en los espacios de mi corazón… ¡Let´s go!

A-DIOS te encomiendo

Hoy abrí mis ojos y cerré un capítulo de mi vida. Muchos sueños escritos en el cielo, muchos besos flotando en el aire, muchas risas en los ecos del espacio y muchos recuerdos que se atesorarán en un momento que fue único; pero, como todo en la vida, llegó a su final. Por eso, hoy me desperté con ganas de decirte ADIÓS.

No quiero que pienses que me voy y tampoco creas que pido que te vayas. Esto no es una despedida, ni tampoco un anuncio de partida sin retorno; simplemente, es la mejor manera de  empezarte a ver de otra forma, de acuerdo al verdadero significado de esta expresión: A Dios te encomiendo.

Por el siglo XVII, la frase que se usaba para despedir a alguien que se marchaba a otro lugar era “A Dios te encomiendo” porque ya no estarían cercanos y la única manera de desearle buenos augurios era ponerlo en manos de Dios. Con el paso del tiempo la frase se acortó y se usó tal y como la conocemos ahora. Es por ello, que muchos pensamos que sólo nos estamos despidiendo cuando en verdad estamos amparando a quien se lo decimos.

Hoy abrí mis ojos y cerré un capítulo de mi vida. No hubo canciones tristes, ni nostalgia por el pasado; es más, ni siquiera hay nubes en el cielo que acompañen nuestros pasos, que ahora irán en distintas direcciones; ya no seremos “nosotros”, sólo quedará el “tú y yo”. Hoy me desperté y el día me pareció perfecto para decirte A-Dios te encomiendo, porque yo ya no estaré tangiblemente contigo;  pero eso no significa que desde el lugar en donde me encuentre, no vaya a pedirle a Dios que te cuide y te llene de bendiciones; ya que, de ahora en adelante, sólo él sabrá lo que será de tu vida, de la mía y de unas posibles “nuestras”.

Cuando toca mudarse

¿Y si ya no cabes en el lugar que vives? ¿Y si ya en tu casa te sientes solo/a? ¿Y si ya al corazón le quedó grande el amor?

Lo único que toca hacer es mudarse; tal vez a otro corazón o lo más seguro a la amorosa soledad (como una película). Y al igual que la protagonista pues diré: He decidido estar unos 2 o 3 años sola.

Así que hoy empieza mi MUDANZA

Crepúsculo de la Historia Sin Fin

Cuán importante es saber tomar decisiones en la vida. A veces nos tardamos mucho en pensar qué es lo que debemos hacer o no. Sin embargo, no es tiempo perdido, el que compartes sueños, temores y alegrías con la persona amada, aunque al final no resulte como esperabas.

Lo nuestro fue como una hoja en pleno otoño, que se tambaleaba y tambaleaba, pero hasta el último momento se aferró del tronco para no caer.  Un día el viento de las dudas, la rutina y desamor sopló fuerte y la dejó caer a la tierra. Pero eso no es lo peor, cuando estuvo en el suelo, la hoja seca fue pisoteada por los pies de la realidad que le decía: “Lo vivido nunca fue AMOR”.

Yo sé que el AMOR es un sentir único, pero ahora no me preocupo en escuchar lo que me repite y repite la realidad. Sé que él pocas veces demostró lo que sentía e, incluso, nunca luchó como lo hice yo. Pero, pese a ello, me dio una gran felicidad y me enseñó que nunca se llega a amar plenamente sino te arriesgas.

Una de mis mejores amigas me decía: “Lo de ustedes es la historia sin fin”. Pero todo tiene un principio y un final, y este era el nuestro. En realidad, no existe un fin de sentimientos simplemente una mentalización de ellos. El proceso es simple: Al amor que siente mi corazón, mi cabeza le dice ya no lo sientas más, no es conveniente;  entonces se empieza a racionalizar. A mi me está funcionando.

En la vida nada es cuestión de destino o de tiempos; simplemente es cuestión de decisiones. Yo decidí no luchar más por un amor no correspondido y, no por cobarde ,sino porque la primera persona que me debe amar debo ser yo misma y, por ende, no podía permitir hacerme daño.

Ahora, los dos seguiremos un camino distinto; mientras el sol que ayer nos alumbraba el alma, ahora se apaga y no nos deja ver ni siquiera nuestros rostros. Pero en ese trayecto solo espero que él encuentre lo que busca, que alcance sus sueños y que algún día, para ambos se acabe el crepúsculo y nos llegue un grandioso amanecer.

El amor es un sustantivo abstracto
eso no quiere decir
que debas convertirte en un ser intangible,
al que solo puedo ver con los ojos cerrados
y a quien siento
como cuando cojo el humo con mis manos.