Siempre estarás aquí

Ha pasado más de un mes desde que te fuiste y aún no quería escribirte… Ya sabes, las despedidas siempre son difíciles; más aún cuando mi corazón empezó a envolverte en  dulces sentimientos y mi anhelo deseaba que ya estuvieras aquí… Ya ves, no siempre pasa lo que uno quiere.

Tu partida fue uno de los golpes más duros de mi vida; así como tu llegada me cogió desprevenida, mucho más fue cuando ya no estabas en mí. No sabía qué hacer ni qué decir; sin embargo, admito que fue un sufrimiento paulatino, que cuando llego el momento de la verdad, solo me quede apática, para no sentir más dolor, más sufrimiento y tratar de entender que si pasó, era porque debía ser así.

Aunque ya no estés, cada día me das fuerza y me recuerdas lo que soy capaz de sentir y dar. Tu presencia no fue en vano; tuvo la finalidad de revivir en mí, ese hermoso milagro de la vida.

Nunca te podré decir adiós, pero por lo menos hoy al evocarte ya no hay tristeza, tan solo alegría, mi pequeño angelito.

 

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Blues days, happy days

Estos días han sido de aquellos a los que puedes llamar “blues”, como esos acordes que nos evocan melancolía o tristeza, que nos hacen tener ganas de revivir el tiempo perdido y, poco a poco, ir borrando lo que ya no queremos vivir.

Pero así es la vida y lo entiendo. Hay días en los que reír es algo innato; otros en los que queremos hacerlo y no podemos por más que lo intentemos y, de plano, también hay las ocasiones en que reír se nos borra de nuestro cronograma. ¡Ups! smile-delete.

Y ahora me ha tocado a mí ser a quien le cuesta sonreír en medio de tantos obstáculos que se atraviesan en mi camino. Me sentí decaer una vez más, pero recordé que fueron más las ocasiones en que me llené de fuerzas y a medio debatirme, me volví a levantar con más ganas y con paso firme. Ahora el final de unos de mis trayectos se ve tan cerca. Quizás al inicio mi paso sea cauteloso, sereno, incluso desconfiado como algunas canciones de blues; sin embargo, así como su ritmo aumenta mi convicción también. “Unos pasos hacia adelante y unos pasos hacia atrás. Tal vez el propósito no sea tanto llegar a las estrellas sino aprender a bailar bien” mientras sigo este camino que yo he decidido.

Empecé a escribir  este post creyendo que estos días han sido de aquellos a los que puedes llamar “blues” y ahora estoy segura de que son así, pero no por melancólicos o tristes sino porque siempre me dejan una lección: “So you got to try a little tenderness” para volver a sonreír.

Eres tú

Un día un amigo me preguntó ¿quién es ese tú para el que a veces escribes? ¿ha sido el mismo tú desde el inicio? Mmmm, ¡buenas preguntas! Porque sin proponérmelo empecé unos escritos hacia una segunda persona, pero nunca me había fijado en su trascendencia y su transformación, no solo en el blog sino también en mi vida.

Al primer “tú” a quien escribí fue a mi ex novio de la época, en mi tercer post. Quizás fue una forma indirecta para que esa persona supiera lo que quería decirle, pero no me atrevía a hacerlo de frente y no por miedo, sino porque no tenía ya sentido. Simplemente el plasmar mi sentimiento por escrito era una forma de desahogarme o compartir con otra persona que pasara por lo mismo.

Luego los “tús”  fueron adoptando diversos rostros y acoplándose a las circunstancias; a veces, eran seres de amistad, amor o desengaño; pero era alguien el que recibía las letras. En la época del 2010, algunos “tú” sirvieron para deshacerme de las palabras que ya no quería tener. Por un momento, entre 2010 y 2011, el “tú” se volvió en alguien recurrente, evocable, pero no cercano; poco a poco, fue desapareciendo en la multitud de letras, en los plurales de los pronombres y las generalidades de la gente.

En eso se puede resumir la historia del “tú”, hasta que un momento involuntariamente llegaste a plasmarte en mis letras. Para aquella época no eras alguien a quien solía dirigirme, por lo menos no en mi mundo más íntimo, y no sé qué hiciste para colarte en medio de mis pensamientos y ganarte unas letras. El camino fue largo, pero a paso firme y sin pensarlo, te convertiste en ese tú que se fusiona con mi voz en primera persona y forma una en plural.

No puede existir otro tú que sea mi compañero, con quien podría pasar la vida entera conversando; el amigo que comparte historias, risas y tristezas; ese confidente de sueños, deseos e, incluso, temores más profundos; el cómplice que acolita fantasías, travesuras, planes; y el novio que nunca se cansa de luchar por el amor.

Sólo el roce de tu mano y el recuerdo de tu presencia producen en mí ese escalofrío de emoción, como si viviera en la eternidad de la primera vez que te vi. Por ello, me convenzo de que tú eres el único a quien quiero cuidar y mimar, así sea a la distancia, porque no hay otro, capaz de hacerme sentir latentemente ese cariño mudo y darme la seguridad de que nada malo sucederá.

Sólo tus labios pueden transportarme desde mi ventana a la vía láctea, porque eres ese ser dual que con un beso puede convertir nuestros cuerpos en una voraz llama de pasión o, simplemente, posarte en mi frente y rodear mi alma con tus brazos, sin necesidad de una manifestación carnal.

Definitivamente, tú eres distinto a todos los demás: No te conformas con lo establecido, no te pones límites, sueñas con lo imposible, trabajas por conseguirlo, eres capaz de lograrlo, tienes tus virtudes y un corazón que nunca se va a cansar de sentir.

Y por si no está claro, quiero acotar que solo hay un hombre a quien admiro y adoro, por el simple hecho de ser quien es…  Y ese sólo eres tú…

Todas las anteriores

Hoy me pregunté cómo me siento y no encontraba respuesta.

Necesitaba determinar, de forma analítica, las características de mi estado de ánimo:

A) Mira una película de acción, escucha una cancion de reggaetón o percibe la minima situacion y se pone sensible?
B) Un murmullo, un ligero roce, un leve viento le parecen cosas irritables?
C) Siente cansancio y/o debilitamiento fisico?
D) Tiene largos periodos de abstraccion y desconcentracion?
E) Todas las anteriores
F)…

Esa, la E, esa creo que es. En una sola palabra podría definirse como emotividad y si es negativa, como tristeza.

Pero el punto de saber como nos sentimos es vivirlo y en el caso de los sentimientos negativos, superarlos y evitarlos en lo posible.

Y si dejo atrás la tristeza, ahora quiero:

A) Abrir mis ojos, respirar profundamente y saber que cada día es una nueva oportunidad?
B) Sonreír por cada rayo de sol, por las gotas de lluvia, hasta por lo que mis ojos quieren ver pero no alcanzan en el horizonte?
C) Llorar de alegría o emoción, sin que las lágrimas se sientan?
D) Tener presente a las personas que me impulsan, luchar por los ideales y tener una nueva ilusion?
E) Lanzar las promesas al cielo y anclarlas con actos en la tierra?

Definitivamente quiero todas las anteriores, porque no hay nada como ser FELIZ y transmitirlo a los demás.

Publicado con WordPress para BlackBerry.

Lo necesario para ganar el juego de la vida

Solía sentarme entre las filas del último para no juntarme con las que aparentaban sapiencia, pero no tan atrás para evitar que se me pegue la superficialidad; me encontraba en el sitio exacto para ser real: cerca a tu lugar.

Pasamos tres años de la época colegial entre libros, proyectos, fugas, aventuras, bromas, música electrónica, la bebida alcohólica (switch) que muchos afirmaban que causaba ceguera, una que otra riña y un sentimiento que más que amistad se convirtió en hermandad. Pero en aquellos días aún no lo sabíamos; para ambas era JUST BE y pasar bien el momento, mientras planeábamos locuras para romper los dogmas y la educación tradicional que no se adaptaba a nuestra FREEDOM.

También a veces sólo divagábamos, nos desviábamos del eje central y solo nos dedicábamos a jugar: quizás para inventar algo que no tuvimos, que queríamos conseguir o que ya lo llevamos dentro. Me acuerdo el día en que amanecimos con ganas de ser hombres, por el simple gusto de dejarnos llevar por un juego; tal vez, por eso buscamos nombres de nuestras caricaturas infantiles como: Meteoro, Oliver o Benji. Luego fuimos más lejos y nos pusimos nombres “más reales”, aquellos con los que denominaríamos a nuestros hijos algún día.

Hasta ahora me causa gracia la influencia del extranjerismo en nuestras elecciones. Nuestra amiga, ahora hermana, escogió: Stephano Paolo, par de buenos nombres italianos que, con el paso del tiempo, ella asumió que la combinación sonaba algo gay y, en la actualidad, ya no están dentro de sus opciones. Yo no fui tan lejos y escogí también dos nombres de la misma procedencia, el primero: Tiziano, que es poco convencional y a algunos le parece muy serio, sin dejar de lado que, por declaraciones de un artista homónimo, el nombre genera polémicas connotaciones; el otro era Donato, que me gusta por su significado: “regalo de Dios”. Después de muchos años, debo admitir que aún no los borro de mi lista. Tus elecciones se inclinaron por los nombres ingleses y me atrevo a confesar que eran los más aceptables y acordes (en ese tiempo): David [Deivid] Alexander, que contenía la mezcla de tus gustos y de apegos familiares.

El tiempo siguió su curso normal y tú nunca más hablaste del tema. No sé si esos nombres fueron opciones momentáneas, si los considerabas de vez en cuando o si nunca pensaste en usarlos. Creímos que el juego terminó; pero no consideramos que toda nuestra vida es un juego (un conjunto de estrategias y acciones aplicadas en forma individual o grupal que persiguen un objetivo) y a veces nos limitamos a vivir la concepción vana de él (una actividad para la diversión o recreación), sin tomar en cuenta que tarde o temprano tendremos que retomar esa partida y muchas más, para ganar o perder.

Tú ya vas en camino para otra vuelta. Ahora no importa si jugarás usando los mismos nombres, otros que te sugeriremos, los que sean de gusto de tu familia o uno que aparezca por casualidad. Lo más importante es que cuentas con tu fortaleza, ánimo, esperanza y alegría; además que tienes de comodines la guía, apoyo y amor de quienes te queremos. Suma todo esto y verás que tienes lo necesario para ganar el juego… otra vez!!!

Risas enfrascadas

La extrema seriedad es algo que no va conmigo; es más, puedo asegurar que la mayor parte de mi día se va entre sonrisas, con cercanos y desconocidos. Sin embargo, algún tiempo tuve que contener mi alegría e, incluso, disfrazarla por indiferencia y rencor. Tal vez no la sentía o alguien se empeñó en transformarla. Quizás ya no teníamos motivos o, simplemente, ya no quería reír contigo porque la felicidad que me ofrecías ya no me sabía igual.

No puedo negar que extrañaba reír por tus comentarios fuera de lugar y muy detallados, que me gustaba verte reír a causa de la forma en que yo desviaba el tema y lanzaba ideas jocosas sin pensar que a veces no tenían sentido; pero, principalmente me hacía falta que me contagiaras con tu peculiar risa y que no existieran razones específicas para dibujar una sonrisa en nuestro rostro.

Pasé mucho tiempo teniendo todo ello como un hermoso recuerdo y la añoranza de que algún día se volviera a repetir. Mientras tanto, reuní todas las fotografías y las guardé en una caja que no me acuerdo donde la puse; encontré todas las cartas jamás entregadas y las guardé en un sobre para que te lleguen algún día, aunque sea anacrónico; saqué  de mi maleta una gorra, aquella que dabas por perdida, y la colgué junto con los gorros que me gustan, pero que nunca suelo usar; ¿y las risas?, de ellas fue más difícil deshacerme, lo único que se me ocurrió fue meterlas en un frasco, por si algún día querías volverlas a vivir.

Cuando menos lo esperaba llegó el día y me di cuenta que no aseguré con fuerza la tapa. De una conversación cualquiera, sin pensarlo, ya nos estábamos riendo. Pensé que sería como antes, pero fue mejor. Ahora ya no habían razones para quedar bien, poses para sorprender, ni intenciones ocultas de algo más. Al fin, me animé a verte y tratarte por lo que eres y no por lo que yo alguna vez esperé de ti.

Ahora podemos vaciar el frasco para que las risas sigan su curso normal. Ya tenemos un nuevo motivo: ser felices por la amistad, pues tu risa y la mía son las que hacen que el mundo no sea igual.