¿Quién es mi amigo?

Últimamente me he hecho esta pregunta, una y otra vez. Hace poco creía tener un montón de amigos:  Esos con los que no te hablas mucho, pero sabes que están siempre ahí; esos otros que siempre ves y todo fluye con la cotidianidad; o de aquellos a quienes solo dices hola y el rato menos pensado te dan una mano. Todos pueden ser tus amigos o ninguno puede serlo.

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Cuando eres niño o adolescente piensas que tienes un amigo porque pasas la mayoría del tiempo con él, porque es divertido o porque tienen muchas cosas en común. Poco a poco, dependiendo del lugar donde te encuentras, te das cuenta que amistad no es sólo eso, es también tener un objetivo común, una predisposición por entregarle tiempo a alguien más y saber que puedes hacer más de lo que crees por esa persona.

Con el paso del tiempo también aprendes que amistad es superar tiempos y distancias, porque hasta los mejores amigos toman rumbos distintos, pero sus mentes y corazones permanecen juntos. Aprendes que confiar en alguien es más indispensable que gustar o pensar lo mismo. Entiendes que una llamada, mensaje o visita es el mejor antídoto contra la depresión cuando tú tomas la iniciativa de hacerlo.

En este último tiempo, creí conocer a muchos amigos y, lamentablemente, me di cuenta que algunos creen que sacar ventaja para un interés propio también puede llamarse amistad o compañerismo. Sin embargo, no importa, yo estoy bien, mi vida sigue y lo más importante sé que, de las pocas amistades que tengo ( algunas hace mucho que no veo), las más valiosas no tienen nada que demostrar porque siempre están en mí.

 

 

Llegar al cuarto de siglo

Si los avances tecnológicos estiman que los seres humanos podemos llegar a vivir hasta en promedio 100 años, entonces voy bien por este cuarto de siglo. Esta semana cumplí 25 años, con la añoranza de los años viejos, pero con la enorme ilusión de la nueva etapa que estoy viviendo y de lo mejor que está por venir.

Para este año, descubrí que la calificación de “mejor cumpleaños” no se logra con gran cantidad de regalos, con cuánto más puedes beber o con quienes te escriben en Facebook. Se alcanza con la felicidad de contar con quienes en verdad te quieren: con ese ser que decidió compartir su vida contigo; con quien te dio la vida y, pese a la distancia, te trata como si nunca se hubieran alejado; con quien acabas de conocer pero con escucharte y acompañarte se ha ganado tu cariño y no podía faltar ese que dejó a su “levante” para venir y decirte estoy aquí.

El mejor cumpleaños es aquel que estando lejos de casa, tu nueva familia te hace sentir que tienes otro hogar donde también puedes acudir.

Cumplir estos 25 años no hubiera sido lo mismo sin todas esas personas que ayudaron a construir caminos. Algunas ya quedaron atrás, otras hacen el intento y las que son, siempre están ahí.

Gracias por cada palabra, cada sonrisa y cada velita que no conforma mi edad, sino cada una de mis vivencias multiplicadas por mil.

Cosas de varones

Pensaba que la amistad femenina era la más sincera; pero, la mayoría de veces me equivoqué. De un grupo grande de amigas (más aún al estudiar en un colegio de muheres), fueron pocas a las que hoy en día puedo denominar así.

¿Pero cómo no tener mejores amigas? A quién se le podría contar del chico de la tiendita, ese que siempre nos regala chocolates (aunque por celos nos digan que él no nos hace caso). A quién le pediríamos asesoría de cómo nos queda tal o cual atuendo (aunque por envidia nos digan que nos queda mal). A quién llamaríamos hermana, sister, mejor amigui (aunque a veces nos digamos perra).

También está esa amistad con pantalones incluídos; a veces con complicidad menos evidente, pero con sinceridad completa. La amistad masculina (siempre y cuando no hayan intenciones amorosas) es más leal; ya que no tienes que competir, ni tratar de quedar bien. Sin duda alguna, las lecciones más grandes de vida como fortaleza, valentía, honestidad, entrega, las he aprendido de mis amigos.

¿Y cómo no tener mejores amigos?  Si ellos son quienes nos traducen lo que el chico que nos gusta en verdad quiso decir. Ellos nos tratan como princesitas y, al final, nos terminan descolando por irse con la tipa que les gusta. Ellos son los que nos enseñan a no dejarnos de otros hombres y a saber cómo ponerles el alto. Ellos son los que no ponen excusas para salir a cualquier hora y lugar.

Pero ¿saben qué es lo mejor de todo? Juntar a tus mejores amigas con tus mejores amigos, hablar de una y mil anécdotas, no parar de reír por las mismas cosas siempre y, sobre todo, saber que ante cualquier situación, ellos siempre van a estar ahí y no abrazándote, sino levantándote a empujones…. (cosas de amigos, cosas de varones).

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Carta a mis mejores amigos

Queridos mejores amigos:

Ahora que la distancia física nos separa, solo les puedo decir que están aquí, en los lugares más profundos de mi corazón, en medio de risas acompañadas de tormentas y en los momentos difíciles de color tornasol. No importa quién vino primero, ni quién vino después, lo único que me interesa es quién se mantiene desde el primer instante en las buenas y malas, la salud y la enfermedad,  las chupas y leyes secas, los desvelos por estudio y noches de fiesta, etc.

Quisiera retroceder el tiempo y quedarme con cada uno de ustedes en ese mejor instante que compartimos juntos. Quizás si cierro los ojos, pueda evocarlos tan vivamente y detener al inclemente olvido. O mejor aún, quisiera acelerar el tiempo y llegar a nuestro próximo encuentro para concluir todo lo que un día prometimos hacer.

No puedo cambiar las circunstancias, sólo puedo decirles que no existe tiempo ni distancia que destruya lo verdadero y que más allá de lo tangible, existen sentimientos de cariño, apoyo y empatía para ustedes. Me alegra que después de tantos años, aún pueda llamarlos amigos, pero amigos de esos de “a de veras”, a los que puedes cansar con la misma cantaleta todos los días, con los que puedes hacer las focas una y otra vez, con los que no te cansas de los mismos chistes, con los que no puedes “regresar a ver disimuladamente”, a las que prestas tu ropa, a los que los jodes hasta hacerlos llorar de la risa, a quienes les puedes llamar o escribir a cualquier hora, simplemente, a ustedes que siempre me dicen que están aquí… Así como yo, para ustedes