Chiquitita por siempre

Hace algunos días, la tristeza y melancolía volvieron a tocar mi puerta (como siempre muy inoportunas) y, como era evidente, me desestabilizaron y desorientaron un poco. También como es cierto, un problema siempre (o por lo general) llega acompañado de otro y así por un tiempo, hasta que todo se soluciona o lo ignoras; entonces pasan y quedan en el olvido. Pero, bueno, yo estoy todavía recibiendo una que otra inquietud y admito que ya no me afectan mucho.

Sin embargo, hace poco recordé muchas cosas que me enseñó mi madre y, aunque  algunas no me las decía directamente, ella procuraba que cada día aprendiera una lección de vida.

Entre ellas, con su mismo ejemplo de salir sola adelante, me enseñó a ser fuerte y valiente ante toda adversidad. Me demostró que hay problemas grandes, pero ninguno más que mi voluntad de superarlos. Me decía que es bueno estar sola, repensar las acciones, mirar los errores que hemos cometido, mas no quedarse estancada en lo negativo.

Desde pequeña me guió por un sendero de optimismo, trabajo y lealtad. Recuerdo que me recomendaba que buscara la solución desde una óptica de inocencia y transparencia, tal como lo haría un niño, que se pelea con alguien y luego se hace de a buenas, que se va y luego regresa, que llora pero vuelve a sonreír.

Quizás, mi madre me dio enseñanzas fáciles de entender para una niña, pero que ahora tienen mucha utilidad y sentido. Es por eso que cuando lo malo sucede me vuelvo a sentir como esa “chiquitita” de mamá, que esperaba que ella viniera con sus palabras a arreglarlo todo. Ahora, al estar lejos, no la veo y me siento triste; pero me levanto, porque sé que así me enseñó ella y esa es la mejor forma en la que siempre la puedo tener presente.

 

El karma de la niña bonita

Mi mamá siempre me decía: “Ahí vas de niña bonita” y no precisamente por destacar atributos físicos, sino más bien para referirse a que era una niña consentida a la que todo el mundo tenía que complacer. Quizás a veces tenía razón, principalmente cuando alguien tenía que cumplir con los quehaceres y yo buscaba mil excusas para zafarme de mis obligaciones o cuando con una sonrisita me salía con la mía. Pero el tiempo pasa y nos vamos dando cuenta que tenemos que ganarnos las cosas con nuestro propio esfuerzo y que no todo capricho que queremos, lo podemos conseguir.

Dos veces tuve que dejar mi casa. La primera por motivos académicos y la segunda, para seguir mi destino. Admito que la segunda fue, incluso más difícil que la primera, porque sabía que ya no estaría mi mamá pendiente de que no me olvide las cosas, no estaría mi tía para curar mis enfermedades, ya no habría nadie que me tratara como niñita, aunque en verdad ya no lo sea.

De “niña bonita” yo pase a ser una chica más o menos dedicada, ya no tan descuidada e, inexplicablemente, con capacidad para ejercer mil oficios. Ahora entiendo el esfuerzo que mi mamá y mi tía ponen día a día para sacar adelante un hogar, pese a las adversidades. Aunque no estemos cerca, siento que han inculcado cosas buenas en mí que, quizás en su momento me fastidiaron, pero ahora me han sido muy útiles para sobrevivir por mí misma.

Cuando uno deja su casa, sabe que ese instante es cuando se enfrenta al mundo real, a ese que nos exige que seamos responsables. Cuando uno deja su casa, entiende que no hay lugar más seguro que los brazos de su madre, ni sonido más cálido que sus consejos. Cuando uno deja su casa, no se va para siempre, porque siempre quedan las puertas abiertas para volver y sentir que aunque pase el tiempo, uno sigue siendo la “niña bonita” de su hogar.

 

Mi mamá me mima

No importa qué edad tenga, ni qué circunstancias me rodeen, mi mamá me mima y nunca me he avergonzado de ello. Pasan los años, crecemos y vamos descubriendo las cosas que el mundo nos ofrece. Lastimosamente, creemos que nuestro camino va más allá de las enseñanzas y compañía de nuestra madre.

El trato con una madre es muy diverso y rápidamente cambiante, en un momento puedes enfadarte con ella y en otro ya estar riéndote , claro, siempre y cuando ella haya demostrado que tuvo la razón. Recuerdo las veces en las que discutía con mi mamá, sobre todo en la adolescencia, y le decía palabras muy hirientes como “no quiero verte”, “no te metas en mi vida”, “no te necesito”, tú no entiendes”. Aún cuando pasaba la discusión, seguía manteniendo la convicción de que esas frases eran ciertas y que mi madre y yo tendríamos que seguir caminos distintos, no porque lo deseaba en momentos de euforia, sino porque creía que esa era la ley de la vida.

Ahora la ley se está cumpliendo; sin embargo, el cambio de vida y la distancia te hacen valorar la relación que mantienes con tus seres queridos, en este caso con mi madre. Extraño nuestros almuerzos juntas, las salidas de compras, el inevitable helado de la tarde, el juego con los peluches y el beso antes de dormir. Extraño sus palabras de aliento ante los problemas, también sus regaños que me hacía rectificar mi actitud, sus llamadas insistentes cuando quería darme buenas o malas noticias y sus abrazos sin algún motivo especial.

Sé que no puedo volver a ser niña, ni siquiera adolescente, para poder tener a mi mamá todo el tiempo conmigo. Pero también sé que es cierto que aunque crezcamos, nuestra madre siempre va a prestarnos sus atenciones y darnos cariño; de igual forma, los hijos vamos a necesitar de ella, una y mil veces. Ahora solo intentaré cerrar los ojos para recordarla, sentir su abrazo y tenerla junto a mí, viendo los muchos amaneceres que aún nos faltan por compartir.

Carta para una conocida

Ahora soy yo la que no sabe cómo empezar y se siente rara; la verdad me siento mal porque no soy de las personas que callan las cosas. Tal vez por ideas inventadas, consideraciones inocuas o, simplemente, un temor absurdo, me perdí en mi silencio y con ello afecté a quienes aprecio; porque aunque no me creas te llegué a apreciar montón y cada instante que traté contigo fue sincero.

Tú me contaste tu historia de desamor y para mí fue muy difícil asimilarla y vivirla a la par contigo, porque yo sentía algo muy fuerte por la persona involucrada, que no lo supe hasta el momento en que lo vi y compartimos muchas cosas; pero lo que tú me contaste y el estar en el medio del problema, puso una barrera en mi mente que no me permitía vivir plenamente lo que estaba sintiendo.

Esos pocos días que estuve con él, fue creciendo en mí un sentimiento, pero sabía que llegaría una inevitable despedida y, pese a que él demostrara que también sentía algo por mí, lo nuestro era complicado. Si contigo, que estabas relativamente cerca, las cosas marcharon mal, ¿cómo iba a ser conmigo?

Yo regresé a Ecuador, conversábamos como siempre y, a pesar de la distancia, estábamos más cercanos que no podía evitar ese sentir; hasta que nos dimos cuenta que nos enamoramos y decidimos intentarlo. Durante ese tiempo, las conversaciones que teníamos sobre él me ponían mal, porque por lo menos a mí, él no me había mentido, pero estaba viviendo una versión similar a la tuya y debo admitir que no me sentía cómoda con eso.

Sin embargo, así como tú, decidí confiar; primero porque es vital en una relación, segundo porque yo sentiré que por mi parte no fallé y tercero porque somos seres humanos y si cometimos errores en el pasado, no podemos llevar una etiqueta de por vida. Seguro dirás que soy una tonta por creerle y quererlo, pero lucharé hasta el final por lo que siento.

Capaz no lo entiendes, pero no es el punto. El objetivo de este escrito es hacerte saber que nunca te he mentido ni he actuado con malicia, porque tú me demostraste que eres una persona muy valiosa y compartiste conmigo cosas muy profundas, al igual que lo hice yo. Es una situación difícil, por eso callé; pero no lo iba a ser por mucho tiempo, principalmente, porque no quería perder tu amistad. No sé si ahora es tarde, pero nunca estamos a deshora para rectificar los errores y perseverar por lo que vale la pena.

Te envío muchas bendiciones, porque sé que siempre Dios te cuida y te ha indicado la senda a seguir. Así hará conmigo, por lo menos ahora me guió a dar otro paso bueno.

Con cariño,

Di

Pd: Y si el no hablar con desconocidos significa también no confiar en ellos, creo que confiaste porque ya no era una desconocida. 

Aunque esté enojada

Algunas veces me he enojado con mi novio, unas veces por tonterías y otras por situaciones que se nos fueron de control. En el último enojo me sentí ofendida y preferí cortar la conversación para no decir cosas que también pudieran ofenderlo a él. Otras veces me enojo con mi mamá porque no compartimos las mismas opiniones o a veces lo hago con mis compañeros. Son inevitables los desacuerdos.

Aunque termine la pelea, el enojo aún se queda dentro. Talvez siento ira o resentimiento, pero lo único que no cambia en mí es la atención que presto a quienes quiero,  pese a mi enojo. Al día siguiente de la pelea, mi novio me escribió y yo me alegré de que lo haya hecho, le pregunté cómo estaba y le dije lo mucho que lo quería. Quizás en estas cuestiones soy como los niños: un rato me puedo pelear a muerte con alguien y luego me estoy riendo con él; porque a los enojos leves no hay que darles la importancia que no se merecen.

Más que nada, al día siguiente de la discusión me puse a pensar ¿qué pasaría si fuera la última vez que vemos a nuestros seres queridos y estamos enojados con ellos? Quizás los veríamos con mala cara, no les diríamos ni hasta luego o soltaríamos una frase iracunda. Ya cuando sepamos que no estarán más,  seguro nos arrepentiríamos, pero ya sería demasiado tarde.

Así algunos me maten de iras o me saquen de quicio, nunca dejaré de quererlos y de mi parte siempre tendrán un saludo, una sonrisa, una frase de atención, un beso o un abrazo, aunque esté enojada.

Y si estoy enojada, déjame sola… pero no te vayas tan lejos, para cuando me levante, pueda abrazarte. 

¿Hermanos?, no gracias

Cada vez que podía, agobiaba a mi mamá con mi pedido: ¡Quiero un hermanito! A que niño no le hace ilusión tener alguien más o menos de su edad para jugar y hacer de las suyas la mayor parte del tiempo; a mí me pasaba eso hasta casi los 10 años, luego ya se me olvidó.

Mi madre nació en la época, en cambio, que pedir un hermano era poco… ¡Ella recibió 8!  Y al ver su relación con ellos, creo que también me desmotivé a seguir insistiendo porque para mí un hermano es apoyo, comprensión, de vez en cuando peleas, rivalidad, pero en el fondo cariño.  Mis tíos no han demostrado eso; quizás la misma época hizo que fueran hermanos porque tenían que serlo y no por sentirlo.

Quiero pensar que si tenía un hermano o hermana, las cosas hubieran sido distintas. Pero como no puedo vivir de suposiciones, me alegro de tener hermanos postizos. Están los mayores que te cuidan y te dan los consejos “acerca de la vida”; a los que les cuentas todo y sabes que te apoyaran así sea una locura; con los que compartes desde un pedazo de pan hasta la ropa favorita y no pueden faltar los menores, que tienes que celar un poco y cuidar de las borracheras.

¿Hermanos?, no gracias porque tengo mejores amigos.

La amistad la tiene, el golpe se lo debo

Cuando vi su nombre en la pantalla de mi celular, lo primero que vino a mi mente fue:  ¿Y ahora qué daño le hizo la babosa mental? ¿en qué nuevo lío me metió? Pero nunca esperé leer esas palabras; por lo menos no, en estos momentos de mi vida.

Me desconcertó con el ¡Si supieras cuánto te extraño! porque la verdad no lo sé; puede ser mucho, poco o algo parecido a cuando recuerdo que él se sentaba a lado o atrás mío en las clases y empezaba con sus bipolaridades: Me escribía algo bonito en la agenda y al minuto siguiente me miraba con reproche.

Hasta ahora no termino por comprender del todo su actitud. Tengo muchas preguntas sin respuestas, así como las de él, pero puedo contestarle que las cosas pasan PARA algo. Esa es la única y gran respuesta.

Sé que me necesita y ya no compartimos la cercanía, pero por lo menos a la distancia le queda mi amistad. De seguro me recordará cuando vaya a hacer algo incorrecto y verá mi cara de decepción próxima a agredirlo (algo en serio, algo en broma) y también guardará cada una de las travesuras que sólo pueden darse en la edad universitaria.

No sé porque me escribe un mensaje si sabe que sus propias decisiones le impiden recibir mi respuesta; pero sea como sea, de alguna forma sabrá lo que pienso y el golpe, en donde le llegue, aún se lo debo.

Yes, she is

La cigüeña trae un paquete con lazo color rosa, que también puede ser morado, fucsia, amarillo… Las niñas no se hacen lío.

Cuando salga del paquetito, verás que tiene sus manitas más pequeñas que las de un varón, al igual que sus pies. Te darás cuenta que tiene unos ojos grandotes, casi como los tuyos y tendrá en la mirada ese brillo de inocencia y delicadeza, de singularidad femenina.

Cuando la tengas en tus brazos sentirás que es tan suave y un poco más delicada. Su llanto será algo agudo e imaginarás el tono suave de su voz para denominarte mamá. Entonces apretará con sus pequeñas fuerzas, uno de tus dedos y tu mente volará a los momentos en que también aplaste tu corazón con sus risas, sus caricias, sus travesuras, sus coloridos crayones, sus vestidos sucios, sus juguetes dañados; que a veces te harán reír y otras, morir de iras.

Pero ni bien se duerma, ya extrañarás sus balbuceos y querrás su compañía; esa que siempre estará cuando vayan a comprar su disfraz de princesa (Fiona) para su escuela, cuando jueguen a maquillarse o, suponte, le guste el fútbol… Las niñas son adaptables y no sólo eso; son tiernas, detallistas, alegres, decididas, luchadoras, etc. Creo que no estoy describiendo a una niña; sino a una parte de ti, porque heredará tus virtudes y ocurrencias.

Y aunque no sepamos cómo exactamente será, para los dos ya es nuestra niña bonita.

Hoy me propuse

Hoy me propuse despertarme temprano, debo confesar que alguien me ayudó, pero logré ver cómo el cielo de a poco se aclaraba y, aunque tenía pereza, hice mi mayor esfuerzo para levantarme y no dejar que mi vida se vaya en horas que duermo, pero que no me acercan a mis verdaderos sueños.

Hoy me propuse descubrir un talento y restar una falencia. Me levanté y la primera sonrisa que recibí fue la reflejada en el espejo, me puse mis zapatos preferidos y caminé con paso firme. Hoy quise hacer lo que me gusta, por el simple hecho de hacerlo.

Hoy me propuse recordar el pasado, pero sólo lo bueno, lo que vale la pena revivir. En mis recuerdos aparecieron risas, travesuras, complicidades, regalos; todos ellos con un rostro dibujado. En FB creo que tengo como 500 “amigos”, de los cuales más de la mitad son sólo conocidos o entes de interés;  de los restantes, la mayoría son amigos que ya no veo y los que quedan reciben mis likes y, a veces, comentarios por alguna actualización. Hoy me propuse darle buen uso a la tecnología y con un comentario, por lo menos, hacerlos felices.

Hoy me propuse obrar lo que predico y llamar a las cosas por su nombre. También tener como armas: el diálogo, la confianza y el cariño para defender mis ideales, las personas que quiero, los sentimientos que valen la pena y las cosas que la fuerza ni el dinero jamás podrán alcanzar.

Hoy me propuse romper con mis esquemas. Miré muy dentro de mí y encontré esa locura que se unió a la tuya para llevarnos sin rumbo fijo por los caminos del amor. Hoy volví a llamarte novio, no por darte un título o encasillarte (no lo necesitas), sino para contarte que eres parte importante de mi vida, que provocas algo más intenso y darte la primicia de ser llamado así. Hoy tan sólo me propuse, tal cual soy, quererte tal y como eres.

Hoy me propuse recoger la toalla que alguna vez dejé caer para rendirme y la amarré bien fuerte en mis ganas de seguir, porque hoy es un buen momento para decir te perdono (aunque piensen que no me han herido), te acompaño (por si alguien se siente solo), te quiero (para ofrecer cariño) y te adoro (porque no puedo evitar sentirlo).

Hoy es un buen día para cambiar el mundo, empezando por mí.

Si me pegas, respondo

Hace tiempo sus palabras me reconfortaban y me daban alegría; hoy sus gritos e insultos me lastiman y me hacen pensar que él tiene la razón, porque me quiere.  Hace unos días su presencia era agradable e imprescindible; hoy me asusta y me vuelve vulnerable, quizás para que me acerque más a él y demuestre que me quiere. Hasta ayer sus caricias parecían una cálida brisa; pero esta mañana se asemejaron más al roce de un témpano de hielo, es más, fueron como una violenta ráfaga que acababa con mi fortaleza, mi dignidad y la ilusión… pero creo que aún me quiere.

¡Basta! Cualquier forma de manipulación, maltrato o agresión no es cariño y, mucho menos amor. Es verdad que en un momento de iras, las personas pueden reaccionar de una forma no esperada, pero nada justifica la violencia física. Para aclarar puntos de vista y llegar a acuerdos es necesario el diálogo, que debe procurarse en un ambiente de tranquilidad, cuando la euforia del momento haya pasado y se esté dispuesto a escuchar a la otra persona. Caso contrario, también se puede terminar agrediendo verbalmente a quienes queremos o, por lo menos, a quienes hicimos el compromiso de quererlos y respetarlos.

Lo alarmante de la violencia física son los datos estadísticos en Ecuador, entre los cuales se demuestra que este problema es la primera causa de muerte entre mujeres de 15 a 44 años, que de cada 10 mujeres 8 han sido maltratadas y que apenas un cuarto de millón lo han denunciado. El silencio sigue siendo la primera barrera que hay que combatir, principalmente el silencio con uno mismo, que nos impide ver la realidad tal cual es, nos crea juicios sin argumentos y nos doblega.

También se deben superar muchos prejuicios todavía. Los hijos no son una atadura para continuar en relaciones destructivas; por el contrario, les estamos dando un mal ejemplo y exponiéndolos también a la violencia. Tampoco ahora se puede hablar de conservar las apariencias, el qué dirán, ni mantener los parámetros sociales. Estamos en otra época, en la cual tenemos independencia y todo para hacer valer nuestros derechos; así pase el tiempo y cambien los parámetros de relación, siempre prevalecerá el amor propio, la dignidad y nuestro valor como seres humanos.

Y si algún día se te ocurre levantarme la mano, será el peor error de tu vida porque si me pegas, respondo… Respondo con inteligencia, con valores, con leyes, con lo que soy; porque reacciones primitivas, comportamientos salvajes y actuaciones irreflexivas ya no aplican en el entorno humano.