De amor y de casualidad

Hoy hace tres semanas descubrí que venías en camino. La verdad te esperaba, no sabes cuánto te esperaba, pero no creí que ese anhelo llegaría tan pronto. Me cogiste un poco desprevenida y asustada. Así es el milagro de la vida.

Cuando recibí “la carta” de tu llegada estaba escéptica y cuando vi la respuesta positiva, algo se estremeció en mí. Lloré de emoción, temor y nostalgia, tenía una confusión de sentimientos, pero al final siempre me hiciste muy feliz.

No sabía como decirle a tu papá de tu llegada, siempre se me ocurría algo y ese día no tenía alguna idea. Tan solo pude mostrarle tu carta, la leyó y no lo podía creer. De un minuto a otro, nos cambiaste la vida para bien.

Todavía no nos acostumbramos a la idea de que estás aquí junto a nosotros, aunque no te veamos. Tenemos muchas dudas y muchos asuntos por resolver, pero tú día a día nos impulsas a salir adelante.

No importa si nosotros te llamamos, si tu viniste porque tenías que venir, lo único certero es que eres la mezcla perfecta de AMOR Y CASUALIDAD.

Salir con el ex (11vo efecto desenamoramiento)

Hace poco descubrí el onceavo y más importante efecto del desenamoramiento y, aunque parezca incomprensible, son situaciones que a veces suceden “por casualidad”.

Una conversación inesperada, terminó en un plan de salida entre mi ex, aquel de la historia sin fin, su enamorada, mi novio y yo. Al principio me pareció una mala idea porque no quería incomodar a mi pareja, se lo comenté y no pareció molestarle, de todas formas entre mi ex y yo solo quedaba una amistad lejana; por eso terminamos acordando el encuentro.

El día llegó y mi ex me llamó a confirmar la hora y el lugar. Colgó. Volvío a llamar para agregar su comentario desatinado: “Mi enamorada no sabe que saldremos, cuando nos encontremos tendremos que aparentar que es por casualidad“. Al inicio me desconcerté (pensé que era el mismo inmaduro de siempre), luego le resté importancia, me reí y accedí, aclarando que no soy buena para mentir.

A las pocas horas nos encontramos y fue el peor intento de fingir “casualidad”: Los diálogos eran obvios, las miradas penetrantes y el ambiente, de por sí, se sentía pesado. El trayecto era largo, pero por suerte tomamos direcciones contrarias en el bus y en el punto de llegada habrían miles de personas más. Llegamos y avanzamos hacia el centro de la ciudad, de rato en rato todos cruzábamos palabras, sueltas, pero al fin palabras.

Poco a poco, el ambiente aligeraba sus cargas pasadas o presentes, que felizmente ya no pertenecían a mí. Seguíamos recorriendo la ciudad, llegamos a un parque tradicional del centro y nos sentamos. El mundo entero giraba, incluyendo a mi ex y su enamorada, pero al verme reflejada en los ojos de mi novio y sentir que mis ojos brillaban también, no me importó nada: esperas, promesas incumplidas, inseguridades… Todo eso no existía más.

Volví a la realidad y parecía la misma, pero algo había cambiado. No sé exactamente qué fue, pero mi corazón latía de la misma forma que la primera vez que te vi: Tan real e inexplicable, tú o la forma, los dos.

Luego terminamos la salida en plan cervecero como buenos amigos, compartiendo experiencias culturales y riéndonos de la singularidad de nuestras costumbres.  Y al fin y al cabo, me convencí de que la mentira de mi ex terminó teniendo algo de verdad, porque él y yo:

Mientras que tú y yo:

Destino, casualidad y Dios ¿quién es más pilas?

Y no basta guiarme por mi sexto sentido, intuición femenina o cómo quiera llamársele; es necesario un empujoncito del destino, casualidad o Dios, aunque sea para darme cuenta de cosas que ni siquiera extrasensorialmente las había notado, pero con un ejemplo, veamos ¿quién es más pilas?

La situación es simple: un chico conoce recién a una chica; él la corteja; a ella le puede interesar pero no lo conoce a ciencia cierta, lo más lógico es que se tomen el tiempo necesario para saber más uno del otro, bueno, lo suficiente. Pero a esta situación se les puede adelantar uno de estos tres elementos…

  • El destino es un poder sobrenatural que guía el destino de las personas de una manera inevitable. En el caso del chico y la chica, supongamos que él ha pasado varias semanas tratando de conquistarla pero ella aún no está segura. Un día va a casa de su prima y cuando sale de ahí,¡ puf! sorpresa, ve al muchacho en cuestión con otra chica agarrado de la mano. De acuerdo al destino, si la chica hubiera ido donde su tío, donde su abuelita, donde su amiga o donde sea, de igual forma, hubiera descubierto al chico con su novia, ya sea a esa hora, en la mañana, en la madrugada… era lo de menos, lo importante era que así debía suceder.
  • La casualidad son los hechos que no tienen una causa aparente, suceden por una simple coincidencia. Ahora, la chica salió a tal hora porque esa era la hora que debía salir. De igual forma, él pasó por ahí porque esa era su camino, sin saber que justamente la chica también estaría. Si cada uno o solo uno iba por otro lado o a una hora distinta, pues nada de eso habría ocurrido, simplemente fue un acontecimiento fortuito.
  • De acuerdo a la Biblia (Jer. 1,5; Galatas 1.15; Salmo 139,15-16.), Dios ha trazado un plan de vida para cada uno. Él nos ha dado el libre albedrío para decidir entre el bien y el mal, por ende nosotros somos dueños de nuestras acciones; sin embargo, no podemos tener el control de todo lo que está a nuestro alrededor. La chica podía decidir quedarse en su casa, lo cual demostraría que el destino, pese a ser “inevitable”, no podía intervenir para que ella saliera y encontrara obligatoriamente al chico; tampoco la casualidad iba a hacer que el chico apareciera por coincidencia, si él ya tenía decido lo que iba a hacer.

Sea lo que sea que creamos, nunca tendremos una explicación lógica de por qué ocurren las cosas; muchas veces puede ser causa y efecto, mas hay ciertos hechos que se escapan de nuestras manos. El lugar y la hora del encuentro pueden ser cuestiones de destino o casualidad, pero creo que para  lograr que la chica viera en el momento y lugar exacto a quien tenía que ver,  hay que ser más pilas.