Entre amigas

De seguro cada una de ustedes, de vez en cuando, tiene su momento de “entre amigas” y agrego el ENTRE porque más allá de un encuentro, es una compenetración donde conversamos de una infinidad de cosas, algunas que ni vienen al caso; pero, de una u otra forma, ese es nuestro momento para olvidarnos de todo y sentirnos bien. ¿Qué haríamos sin nuestras mejores amigas? De seguro, el mundo ya no sería tan divertido.

amigas

No importa el día ni la hora del encuentro, pero una tiene que llegar a la cita impostergable. Es mucho más emocionante cuando es el reencuentro; porque ya con las nuevas obligaciones laborales o familiares, el poder salir con las amigas se vuelve más complicado.

Desde la odiosa de la oficina, el chico guapo que conocimos ayer hasta los retos profesionales que queremos lograr, son los temas que nunca faltan, en medio de risas y remembranzas de los mejores momentos del colegio, universidad, etc, que al recordarlos parece que nunca hubiese pasado el tiempo.

Cuento las horas para que llegue ese encuentro entre amigas. El tiempo pasa, las circunstancias son diferentes, pero nosotras en el fondo seguimos siendo las mismas.

Historias de mujeres: Viviendo una fantasía

Llega la noche y después de pensar en ti todo el día, lo único que queda por hacer es sentirte cerca, por lo menos imaginarlo, porque estás a miles de kilómetros: en otra ciudad, otro país, con otras costumbres, otras tradiciones, pero las mismas ganas de vivir. Espero con ansias a que en mi pantalla aparezca un “hola, cómo estás” para empezar una de las mejores conversaciones de mi vida, que va desde problemas sentimentales hasta ideales de cambio social.

Pueden pasarse horas de horas en las que nos contamos de a poco la historia de nuestra vida y la historia que, sin intención, vamos creando juntos: tú con tu sapiencia, tu seriedad y tus ideales; yo con mi experticia, mis consejos y mis bromas. Muchas veces me pregunto si está bien vivir esta locura, porque es eso… una locura el abrir tu corazón a ese alguien que no está aquí pero está en algún lugar; pero, sobre todo, el querer a ese alguien que no sólo está, sino que también es… REAL.

Y así han transcurrido nuestros días durante casi diez meses y aún existen ocasiones en las que me quedo sin teclear ni una letra, tan sólo para sentir que estoy frente a esos ojos cafés que nunca he visto; entonces quisiera tomar tu mano y la otra pasarla por tu cabello negro rizado hasta que te quedaras dormido.

No hay nada más qué decir, por hoy. Apago el computador, cierro los ojos y me veo levantándome sigilosamente de tu lado para no arruinar la escena en la que te ves como un niño dormido; casi llego a la puerta en la que se terminará mi sueño, pero sin antes escuchar tu voz adormecida que me desea una linda noche de luna llena.

“Yo te siento en mis sueños. Y me lamento por no estar allá y hoy te miento para estar solos tú y yo”


Deseos espontáneos

Para el momento de nuestro encuentro quiero que todo sea imperfecto, no sabes cuánto me gusta planificar cada acto de mi vida, pero debo confesar que amo más que todo salga como menos me lo esperaba.

Quiero verte y reconocerte, no solo porque te he visto en fotos, sino porque algo dentro de mí inmediatamente me va a decir “ahí está” y en ese instante la escena se va a congelar, giro de 90 grados y un zoom a nuestras miradas. Tú tendrás esa cara de enojado, que no me intimidará aunque te demuestre lo contrario y baje la mirada y finja que veo a otro lado. Daremos unos pocos pasos sin saber de qué empezaremos a hablar y mientras pienso tendré en mi cara una sonrisa por mi alegría incontenible. Entonces encederás un cigarrillo, luego otro y otro más, y yo voltearé mi rostro evitando el humo del cigarrillo que hasta ese momento estaré tratando de dejar. Te comentaré algo al respecto y tu lo complementarás, cambiaremos de tema, luego saldrá otro comentario y nos desviaremos del tema central.

Calles angostas, grandes avenidas o simplemente algo que nos invite a caminar serán testigos de esas pláticas digitales que ahora hasta se podrán palpar. Para no perder la costumbre saldré con un comentario gracioso o uno de mis malos chistes que dibujaran algo asi como una mueca en tu rostro, digamos una media sonrisa, que quieres ocultar pero que  tus ojos me confiesan que te sientes bien.

De repente nos rodeará el silencio, pero no un silencio incómodo, sino uno de aquellos que te permiten conversar sin palabras. Tú alzarás tus ojos al cielo o a cualquier lugar para sentir esa tranquilidad de saber que estás con alguien más y yo cerraré los míos pidiendo que ese momento no termine nunca; los abriré lentamente y seguiré tu mirada imaginando que estás pensando lo mismo que yo. Justo en ese instante caerá una gota de lluvia sobre mi nariz y en pocos segundos una lluvia torrencial cubrirá toda la ciudad. Empezaremos a correr, no para buscar refugio, solo para vivir intensamente el aguacero; las gotas serán cada vez más leves, querré seguir corriendo pero me detendrás del brazo y al vernos empapados no podremos hacer nada más que reír sin parar.

No habría contradicción más perfecta que ver como se alisan tus rizos y como se ondula mi cabello lacio.  Nos sacudiríamos un poco y caminaríamos empezando de nuevo una buena plática, como solo son las nuestras, mientras la gente nos quedaría viendo como dos dementes que no les importa estar mojados en el frío andino, sin saber que somos más que eso: dos seres que encontraron una complementariedad al compartir sus ideas, pensamientos, conocimientos o simplemente sus deseos de lograr  lo irreal.