Vive el hoy perpetuo

‎”Tu tiempo es limitado, no lo gastes viviendo la vida de alguien más”

Muchos acontecimientos que han sucedido últimamente,  me han llevado a valorar cada gota de agua que cae del cielo, la claridad del amanecer, ese tic-tac del reloj, los minutos a tu lado, hasta las nubes grises; en sí, todo instante de mi vida.

No puedo creer como tantas veces perdemos nuestro tiempo pensando en lo que pasará mañana y lo que tendremos que hacer; cuando ni siquiera empezamos con lo que nos corresponde en el presente. Yo ya me visualizaba en unos meses y años, pensando que van a llegar por arte de magia.

Pero hoy me desperté temprano (como lo planeé para el lunes), me puse la ropa de viernes (porque me queda hoy), alisé mi cabello (aunque no tenga el largo que tendrá en unos meses); reí, me morí de iras y volví a reír (lo acumulado de la próxima semana) y dejé que pasaras por mí (sin esperar hasta que estés aquí).

El mañana no se construye en un futuro lejano; está en cada acción que va formando los pilares de lo que anhelamos, para poder alcanzarlo. ¡Si no empezamos ahora no lo haremos nunca! y lo único que quiero es  saber que hago algo bueno, sonreír sin motivo, ver a mis amigos sin planificarlo, amarte porque lo siento, soñar porque lo merezco y, simplemente, vivir el hoy… el HOY PERPETUO.

“Ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición, ellos ya saben lo que realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario” (Steve Jobs)

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Al llegar la estación apropiada

Con el paso de los años uno cree que se las sabe todas o, por lo menos, que tenemos el suficiente conocimiento para no volver a cometer los mismos errores. El tiempo es un aliado, pero no la totalidad de nuestra formación personal. Aún recuerdo cada una de las veces en que dije: no lo volveré a hacer, para la próxima ya sé cómo actuar, en otra no me sorprenden; en fin, muchas palabras que podían aparentar madurez y experiencia, pero que en el momento dado se quedaron cortas.

Hace poco empecé un nuevo camino; omití ciertos defectos, cultivé unas virtudes y potencié mi entusiasmo. Entre tramo y tramo, se quedaron personas que cumplieron su etapa y conocí unas nuevas que no sé hasta dónde me acompañarán. Lo que tengo claro es que quiero a mi lado personas que jamás se den por vencidas, que luchen por lo que quieren con todas sus fuerzas, que no tengan miedo de decir lo que sienten y que siempre tengan ganas de aprender nuevas cosas, de llevar una sonrisa en el rostro, pese a los problemas y que no dejen de sorprenderse por las pequeñas cosas de la vida. Y entre ellas, una que pueda reflejar el alma en su mirada y sin palabras me diga que ha llegado el momento del año que he esperado.

Porque la vida a veces es como las cuatro estaciones: una lluvia veraniega, un rayo de invierno, un fuerte viento de otoño y un amanecer de primavera. Y cada persona es como un árbol que debe prepararse para cada una de ellas. En el proceso de crecimiento habrá quienes nos den amor, paz, apoyo para fortalecer nuestras raíces y otros que nos den alegría, diversión, jovialidad para engrandecer nuestra copa.  Tal vez, demos más importancia a las personas que fortalecen nuestras bases o, por el contrario, a aquellas que se ocupan de nuestras ramas. Sin embargo, hay que recordar que “raíces y copas han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo”. (Susana Tamaro)

Entonces, se abrirán muchos caminos; unos pocos nos llevarán a nuestras metas y sólo uno nos guiará a una persona que puede estar esperando por nosotros para cuidar de nuestras raíces y copa, por igual. Sin embargo, no hay que escoger un rumbo al azar; sólo siéntate y aguarda. Yo me sentí confundida porque algunas personas que me rodean son divertidas, agradables, buenas; pero si no le brindan esa paz y el toque de magia a mi corazón, sé que no es la correcta. Por eso, sólo me senté, respire, aguardé y aguardé más aún. Me quedé quieta en silencio para escuchar a mi corazón; aún no me da una respuesta concreta, pero cuando me hable, me levantaré e iré a donde él me lleve… no sé si sea una locura o una ilusión no consolidada, pero presiento que se cruzarán nuestros caminos para cubrir nuestros árboles de flores y frutos al llegar la estación apropiada.

Recordando promesas incumplidas

Como algunos sabrán (y para los que no sepan, les cuento) ya han pasado casi seis meses desde que egresé de la universidad y como es obvio tuve que reacomodar muchas cosas en mi vida, desde mi escritorio con agendas que ya no usaré, hasta mi rutina con aulas que ya no visitaré.

Aunque parezca de menor importancia, el arreglar mi rincón de estudio fue lo que me hizo caer en cuenta de que ya crucé la línea hacia una nueva etapa y que ya no había marcha atrás. Al revisar las hojas de tareas pude volver a leer mis primeros artículos llenos de correcciones, que con el pasar de los semestres se transformaron en casi ausentes errores. Encontré pequeñas notas escritas, que iban desde chismes amorosos hasta bromas de los profesores o compañeros; todo ello incitado por el deseo de sobrevivir al aburrimiento de ciertas materias. También, por ahí aparecieron las frases de cariño de algunos compañeros que con el pasar de los cuatro años se convirtieron en grandes amigos que, lastimosamente debo admitir, durante este tiempo no he vuelto a ver.

Tras todos estos retazos palpables de vida,  aún faltaba por descubrir el tesoro que celosamente por mucho tiempo guardé: la inolvidable hoja de promesas. Mi grupo de amigas la recordará perfectamente, pero para los demás lectores, explico que esta hoja contenía un listado de acciones que debíamos cumplir para evitar o corregir errores, que variaban en cada una de nosotras, podían ser estudiantiles (mejorar las notas), familiares (mejorar la relación con los padres), amorosos (no amarrarse, vacilar o regresar con tal persona) o simplemente personales (bajar de peso, no fumar, etc.); en caso de incumplirlas, debíamos pagar cierta cantidad de dinero como multa. Recuerdo que una de las mías fue la más costosa y terminé adeudando una cantidad de dinero que nunca pagué.

Tener mi hoja y algunas de mis amigas me dio mucha emoción pero, a la vez, me causó inquietud al descubrir que la mayoría las había incumplido pero, principalmente, me sorprendió darme cuenta que en muchas etapas de mi vida volvía a prometerme una y otra vez lo mismo, sin nunca llegar a ejecutarlo.

Es fácil prometer algo al igual que, romperlo luego. El secreto de cumplir promesas es plantearse acciones concretas y reales, y principalmente comprometerse con ellas. No porque algo se plasme por escrito significa que tendrá mayor importancia, lo que realmente se va a cumplir es lo que se promete con el corazón.

No es no

Para muchas personas es muy difícil aprender a decir NO. Tras muchos problemas que ocasiona el ser siempre permisible,  aprenden la lección e incluso, como en mi caso, usan este término a menudo para salir bien librados de cualquier situación, pero qué más se puede decir si el receptor no entiende que no es no.

En estas últimas semanas me he enfrentado a personas que no les gusta escuchar razones y son intransigentes frente a un no, pero si yo tengo la razón, defiendo mi posición y me mantengo firme en ella. Muchas veces tengo que dar explicaciones, justificaciones, incluso, jugar la psicológica para que la otra parte me entienda; pero, algunas veces, ni así consigo que respete mi decisión.

Los no son rechazados sobre todo en el ámbito sentimental, donde los sentimientos no entienden de razones y la esperanza se aferra a ese sí que parece cada vez más lejano.  Millón de veces tuve que escuchar un no por respuesta de algún novio, vacile o prospecto; si era definitivo, no seguía intentando y no porque me resignara fácilmente, sino porque las respuestas del corazón siempre dicen la verdad. Y ahora lo comprendo porque es a mí a quien me toca rechazar, negar, ser la intransigente  y no porque yo lo quiera; hay algo dentro de mí que me empuja a decir esas dos letras, así que no hay lugar para insistencias ni para falsas ilusiones. Mi corazón dijo  no y es definitivamente no.