Un regalo para mi esposo

Si pensaban que buscar regalos para sus novias o novios es complicado, se equivocan… Es aún más problemático cuando piensas en qué regalarle a tu esposo/a.

Hoy mi esposo cumple años y, así como años anteriores, quise sorprenderlo con algún detallito hecho por mí o algo sencillo, pero muy bonito de una tienda; a esto pensé sumarle un obsequio de algo que él necesitase como ropa, perfume, reloj, etc.

En menos de lo que pensé, los días pasaron y en medio de las tareas cotidianas, el momento llegó sin tener nada listo. Recorrí tiendas buscando y buscando algo que regalar. Habían obsequios hermosos, que después de tanto verlos, me pregunté: Y esto en verdad cómo le va a servir. Luego quise comprar cosas para hacer un presente yo misma, pero ya era muy tarde.

Me sentía como una esposa descuidada, que ahora no sabía como darle un hermoso cumpleaños a quien amaba y, lo peor de todo, es que no sabía qué hacer. El día antes del cumpleaños, mi esposo me fue a recoger, caminamos y le dije: Qué tal si vamos a tu restaurante favorito. Él se puso muy contento.

Esa noche comimos un delicioso sánduche, pero sabía mejor de lo habitual. Nos olvidamos de los problemas y recordamos cosas bonitas, como que ese lugar fue el primero a donde fuimos. Regresamos a casa muy tranquilos, me acurruqué a su lado y el cansancio me invadió.

Recuerdo que en medio de sueños le decía ya es tu cumpleaños y esperaba el amanecer. Sonó la alarma y despertamos, nos miramos con la misma sonrisa de todas las mañanas y le dije lo mucho que él significaba para mí. Preparé su desayuno (un poco más reforzado que el cotidiano) y con un gran beso se fue a trabajar.

Entendí que el mejor obsequio que le di, no lo pagué con dinero, sino con ese hermoso tiempo en la cena y la mejor manualidad que pude hacer, no necesitaba tijeras ni pegamento, fue ese rico desayuno. Aunque sólo hoy sea el cumpleaños de mi esposo, sé que cada día es el perfecto regalo.

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Llegar al cuarto de siglo

Si los avances tecnológicos estiman que los seres humanos podemos llegar a vivir hasta en promedio 100 años, entonces voy bien por este cuarto de siglo. Esta semana cumplí 25 años, con la añoranza de los años viejos, pero con la enorme ilusión de la nueva etapa que estoy viviendo y de lo mejor que está por venir.

Para este año, descubrí que la calificación de “mejor cumpleaños” no se logra con gran cantidad de regalos, con cuánto más puedes beber o con quienes te escriben en Facebook. Se alcanza con la felicidad de contar con quienes en verdad te quieren: con ese ser que decidió compartir su vida contigo; con quien te dio la vida y, pese a la distancia, te trata como si nunca se hubieran alejado; con quien acabas de conocer pero con escucharte y acompañarte se ha ganado tu cariño y no podía faltar ese que dejó a su “levante” para venir y decirte estoy aquí.

El mejor cumpleaños es aquel que estando lejos de casa, tu nueva familia te hace sentir que tienes otro hogar donde también puedes acudir.

Cumplir estos 25 años no hubiera sido lo mismo sin todas esas personas que ayudaron a construir caminos. Algunas ya quedaron atrás, otras hacen el intento y las que son, siempre están ahí.

Gracias por cada palabra, cada sonrisa y cada velita que no conforma mi edad, sino cada una de mis vivencias multiplicadas por mil.

Cumpleaños: Un año más para sonreír

Si me quejé cuando cumplí 20 años, podrían suponer que me puse más quejumbrosa con unos años más en mi vida… Pero no. Ni me he resignado al paso del tiempo, ni me alié con él; simplemente, igualamos el paso. Si él va lento, voy disfrutando el trayecto; si va rápido, voy echando ojo a lo importante, pero nunca me olvido hacia donde voy y no dejo de lado a nada ni nadie.

Es curioso como de pequeños anhelamos tener más edad (cada uno con sus razones) y cuando somos adultos pretendemos detener el tiempo (ocultando la edad o restándonos años). No en todos los casos es igual, algunos viven intensamente cada día transcurrido a su historia y a esa lista de afortunados y dúctiles seres, me he sumado hoy.

Que inevitablemente pasan los años, es verdad. Que importan si son bien vividos, es verdad. Que vamos aprendiendo en el camino, es verdad. Que me estoy poniendo viejita, es…. no es verdad. ¡Vamos, Di! es solo un año más; un año que será mejor, nadie lo puede negar.

Mañana es mi cumpleaños. Tendré muchos mensajes de los amigos de siempre, de los que lo recordaron por casualidad y de aquellos que en vivo y en directo ni me hablan, pero les notificó Facebook. Mañana algunos se olvidaran de mis errores y exaltarán mis virtudes, incluso esas que no tengo. Mañana nada será perfecto, pero nada borrará mi sonrisa, esa que se quedará perennizada en este trayecto.

Y en vez de agradecerle a la vida por estar conmigo todo este tiempo, aún tengo algo que pedirle: Quiero mi combo de 365 días para sonreír, mis 365 noches para soñar, mis 12 meses para fechas importantes, mis 52 semanas para ver a los amigos, unos cuantos fines de semana para escapar, unos domingos en la mañana para regresar, minutos para tenerte presente y un segundo para trascender.