Gracias, 2011

“Hay 364 más oportunidades para arrebatarle la primicia a tu abrazo” fue una de las frases que escribí el primer día del año y la verdad es que ese abrazo quedó relegado en medio de tantos buenos momentos que construí y otros que aparecieron espontáneamente en mi vida.

Hace un año escribí lo que quería que no volviera a ocurrir y lo que quería que se quedara. Lo primero sucedió y lo segundo en parte, porque vinieron acontecimientos aún más buenos: La amistad que vale la pena llamarse hermandad, el amor verdadero que engrandece el cuerpo y el alma y el cariño inocente de un pequeño ser que llega a alegrar vidas. También hubieron momentos difíciles en los que mis días fueron grises y me aquejaban grandes penas; pero no por ello, puedo dejar de decirte gracias, 2011.

Gracias simplemente por transcurrir, no has sido bueno ni malo porque mi vida la construyo yo y determino lo que quiero hacer de ti. Me presentaste momentos inesperados, lo admito, pero no hubieran sido trascendentes si yo no tomaba la decisión de hacerlos geniales para mí.

Gracias por tus días y noches en Quito o en otras hermosas ciudades, gracias por los días de sol intenso que iluminaron mi alma y por los días de lluvia que refrescaron mi fortaleza. Gracias por las horas de risa y por aquellas de abstracción. Gracias por los seres efímeros y los de recuerdos perennes. Y, principalmente, gracias por tus 365 días en los que me propuse amar, confiar, madurar, soñar (aunque a veces no tenía claro de qué formas llegarían esos sueños)….

¡pero de que llegan llegan! Y me recuerdan que los días se miden por calidad y no cantidad, por eso les deseo 366 buenos motivos para vivir.

Feliz 2012

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Deseos a la Luna

No hace falta que sea noche de luna llena, nueva, cuarto menguante o creciente. Basta con saber que es la misma luna que me cubre en la línea equinoccial y la que tú miras un poco más al sur.

Esa misma luna que a diario inspira poemas, canciones, deseos o simplemente se deja contemplar y nos envuelve con su belleza, como en las noches que es suficiente apoyarse en tu hombro, alzar los ojos al cielo y anhelar algo con todas nuestra fuerzas para que algún día se haga realidad.

El cielo se despeja, el viento sopla un poco más fuerte y se escucha los versos de alguna de nuestras canciones. -¿Lo diré fuerte? -Sí, no hay nadie más.

Estamos sentados al pie de la Virgen, miras las luces de la ciudad y luego me quedas viendo: Deseo encontrar tus ojos en frente mío cada amanecer.

Si quieres compartir tus amaneceres conmigo, lo justo es compartir mis anocheceres: Deseo abrazarte cada noche antes de dormir.

El silencio nos rodea, seguro estás pensando en el siguiente: Deseo… (redoble de tambores) caminar a tu lado hasta que se gasten las suelas de los zapatos. El frío aumenta y me acerco más a ti. De repente quisiera que llueva y, si así pasara, deseo dar vueltas bajo la lluvia.

Te emociona la idea de la lluvia y me dices que deseas descubrir un reto nuevo cada día a mi lado y yo te respondo que deseo siempre escuchar las cosas geniales que dices y con nuestras ideas seguir alcanzando nuestros sueños.

Tal vez lo único que queremos es quedarnos para siempre prendados de la luna y vivir cada día soñando, sintiendo como todo lo nuestro es tan real, tan verdad… ¡Tan lunático!

Francel Gallardo, fotógrafo

Puede ser

En un segundo puede haber una sonrisa y en otro el llanto que la borró. En un minuto puedo estar caminando en un sentido y en otro cambio de dirección. En una hora puedo recordar y no hace falta otros sesenta minutos para dejar de hacerlo, porque hay cosas que pasan desapercibidas, otras que simplemente se cruzan y unas que no se perennizan en la mente.

Un día puedo creer que no existe nada imposible para mi esfuerzo; al siguiente día puedo seguirlo creyendo, hasta que un momento la utopía sea real. Tal vez, en medio del transcurso de los días, llegue un instante en el que desfallezca, porque hay días grises, negros, rojos o del color que menos te guste; pero también hay pinceles para completar el arco iris de la vida. No sabemos cuando nos tocará determinada tonalidad.

Hoy sí, mañana no y pasado mañana puede ser. Porque todo lo que nos rodea es incierto, incluso nuestros propios sentimientos o  ideas, que a veces  pueden estar condicionados a eventualidades.  Por ello, dicen que nada es seguro en la vida. Sin embargo, lo que queremos siempre está claro aunque en nuestra mente aún no lo descifremos y, pese a que, el mundo entero nos demuestre lo contrario.

Obstáculos, problemas, inseguridades seguirán surgiendo, mientras tanto yo seguiré caminado con paso firme hacia lo que quiero; no sé si será fácil, no sé si no estará en mis manos conseguirlos, no sé si tardará. Solo tengo en mi alma la certeza de que todo lo que deseo PUEDE ser.

Te soñé y no dormía

Hoy tuve un gran sueño y no estaba dormida. Cerré los ojos y lo primero que vi, fue esa silueta tan familiar; poco a poco, divisé tu ceño fruncido, la mueca de tu boca y la singularidad de tu cabello alborotado. Soñé con ese encuentro, que a veces de tanto imaginarlo, me parece que ya es real.

No dormía y tampoco estaba junto a ti, pero sentía tu respiración en mi oreja y hasta ya imaginaba tu voz, tus gestos y la forma en que tendrías un cigarrillo entre tus dedos. Visualicé la forma en que estarías esperando, un poco con nervios, otro tanto con expectativa, de todas formas con emoción.

Lo que me costó trabajo fue pensar en tu mirada, porque en mi sueño, tus ojos ya no tenían el mismo brillo, ya no veían más allá de lo exterior y tenía la impresión de que no me verían de igual forma o, mejor dicho, tal y como siempre he querido.

Te aseguro que no es sólo mi impresión; yo lo llamaría presentimiento, así tal cual, sentir algo antes de que suceda. Y a la distancia y a destiempo,  yo ya siento tu cercanía, tu amistad y también, aunque no quiera, siento miedo por lo que está más allá de nuestras manos.

Quizás tengo que cerrar los ojos para presentir que no hay obstáculos que no podamos vencer, que no hay problemas sin solución y que simplemente la magia que existe siempre se conservará. Tal vez, sólo tengo que cerrar los ojos para poder verte siempre que quiera, para escucharte, congelar el momento y que tú presientas que no hay necesidad de transformar este sueño en realidad y que me susurres: soñemos juntos.

Deseos espontáneos

Para el momento de nuestro encuentro quiero que todo sea imperfecto, no sabes cuánto me gusta planificar cada acto de mi vida, pero debo confesar que amo más que todo salga como menos me lo esperaba.

Quiero verte y reconocerte, no solo porque te he visto en fotos, sino porque algo dentro de mí inmediatamente me va a decir “ahí está” y en ese instante la escena se va a congelar, giro de 90 grados y un zoom a nuestras miradas. Tú tendrás esa cara de enojado, que no me intimidará aunque te demuestre lo contrario y baje la mirada y finja que veo a otro lado. Daremos unos pocos pasos sin saber de qué empezaremos a hablar y mientras pienso tendré en mi cara una sonrisa por mi alegría incontenible. Entonces encederás un cigarrillo, luego otro y otro más, y yo voltearé mi rostro evitando el humo del cigarrillo que hasta ese momento estaré tratando de dejar. Te comentaré algo al respecto y tu lo complementarás, cambiaremos de tema, luego saldrá otro comentario y nos desviaremos del tema central.

Calles angostas, grandes avenidas o simplemente algo que nos invite a caminar serán testigos de esas pláticas digitales que ahora hasta se podrán palpar. Para no perder la costumbre saldré con un comentario gracioso o uno de mis malos chistes que dibujaran algo asi como una mueca en tu rostro, digamos una media sonrisa, que quieres ocultar pero que  tus ojos me confiesan que te sientes bien.

De repente nos rodeará el silencio, pero no un silencio incómodo, sino uno de aquellos que te permiten conversar sin palabras. Tú alzarás tus ojos al cielo o a cualquier lugar para sentir esa tranquilidad de saber que estás con alguien más y yo cerraré los míos pidiendo que ese momento no termine nunca; los abriré lentamente y seguiré tu mirada imaginando que estás pensando lo mismo que yo. Justo en ese instante caerá una gota de lluvia sobre mi nariz y en pocos segundos una lluvia torrencial cubrirá toda la ciudad. Empezaremos a correr, no para buscar refugio, solo para vivir intensamente el aguacero; las gotas serán cada vez más leves, querré seguir corriendo pero me detendrás del brazo y al vernos empapados no podremos hacer nada más que reír sin parar.

No habría contradicción más perfecta que ver como se alisan tus rizos y como se ondula mi cabello lacio.  Nos sacudiríamos un poco y caminaríamos empezando de nuevo una buena plática, como solo son las nuestras, mientras la gente nos quedaría viendo como dos dementes que no les importa estar mojados en el frío andino, sin saber que somos más que eso: dos seres que encontraron una complementariedad al compartir sus ideas, pensamientos, conocimientos o simplemente sus deseos de lograr  lo irreal.