No me esperabas, no te busqué

Era una tarde (no sé si decir de verano o invierno), en la que el sol brillaba tan fuerte y el viento corría algo apacible, haciéndome olvidar que estaba en medio de las montañas andinas. Al fin había llegado a uno de los lugares que soñaba visitar.

No sentía gran cansancio después de 16 horas de viaje. Seguramente mi emoción era más grande, que impulsaba mis pies para avanzar y acrecentaba mis fuerzas para cargar el equipaje.  No sé cuántas veces vi ese lugar en fotos, en vídeos, en Google Maps; pero todo era poco para la belleza que emanaba y ese toque hogareño que me inspiró. No lo conocía del todo pero la intuición me hacía creer que “volvía”, como si en otra vida hubiese partido de ahí.

Vi la ciudad mientras la cruzaba en un taxi. Moría de ganas de conocer la plaza cosmopolita, caminar por sus calles angostas y sentir ese escalofrío al caer la tarde. Pero antes tenía un destino que cumplir, quizás mi mente no lo entendía, pero mi espíritu ya sabía hacia donde tenía que ir.

Una y otra vez visualicé el plan del encuentro; todo estaba claro. Desde lejos te divisé y sin haberte visto en persona,  sabía que eras tú. Las piernas me temblaron, mi cuerpo se estremeció y la emoción del momento cambió el rumbo de la sorpresa. Sin embargo, el desliz creó un ambiente de abstracción entre los dos. No existía el mundo: Eramos solo tú y yo.

En instantes se empezó a escribir una historia, que nos escogió como protagonistas, en un escenario mágico y con un tiempo que empezaba su cuenta regresiva; mas tus pies y los míos decidieron seguir un mismo rumbo.

Hay miles de aventuras y sueños que podría contar desde aquel 27 de junio de 2011. Pero hoy me basta abrir nuestros corazones y leer entre líneas, que un día o un año tienen la misma intensidad, cuando se dejan sorprender por el amor espontáneo.

No me esperabas, no te busqué… pero nos encontramos 

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Salir con el ex (11vo efecto desenamoramiento)

Hace poco descubrí el onceavo y más importante efecto del desenamoramiento y, aunque parezca incomprensible, son situaciones que a veces suceden “por casualidad”.

Una conversación inesperada, terminó en un plan de salida entre mi ex, aquel de la historia sin fin, su enamorada, mi novio y yo. Al principio me pareció una mala idea porque no quería incomodar a mi pareja, se lo comenté y no pareció molestarle, de todas formas entre mi ex y yo solo quedaba una amistad lejana; por eso terminamos acordando el encuentro.

El día llegó y mi ex me llamó a confirmar la hora y el lugar. Colgó. Volvío a llamar para agregar su comentario desatinado: “Mi enamorada no sabe que saldremos, cuando nos encontremos tendremos que aparentar que es por casualidad“. Al inicio me desconcerté (pensé que era el mismo inmaduro de siempre), luego le resté importancia, me reí y accedí, aclarando que no soy buena para mentir.

A las pocas horas nos encontramos y fue el peor intento de fingir “casualidad”: Los diálogos eran obvios, las miradas penetrantes y el ambiente, de por sí, se sentía pesado. El trayecto era largo, pero por suerte tomamos direcciones contrarias en el bus y en el punto de llegada habrían miles de personas más. Llegamos y avanzamos hacia el centro de la ciudad, de rato en rato todos cruzábamos palabras, sueltas, pero al fin palabras.

Poco a poco, el ambiente aligeraba sus cargas pasadas o presentes, que felizmente ya no pertenecían a mí. Seguíamos recorriendo la ciudad, llegamos a un parque tradicional del centro y nos sentamos. El mundo entero giraba, incluyendo a mi ex y su enamorada, pero al verme reflejada en los ojos de mi novio y sentir que mis ojos brillaban también, no me importó nada: esperas, promesas incumplidas, inseguridades… Todo eso no existía más.

Volví a la realidad y parecía la misma, pero algo había cambiado. No sé exactamente qué fue, pero mi corazón latía de la misma forma que la primera vez que te vi: Tan real e inexplicable, tú o la forma, los dos.

Luego terminamos la salida en plan cervecero como buenos amigos, compartiendo experiencias culturales y riéndonos de la singularidad de nuestras costumbres.  Y al fin y al cabo, me convencí de que la mentira de mi ex terminó teniendo algo de verdad, porque él y yo:

Mientras que tú y yo:

Aparecerás un día de muerte y lluvia

Cuando me imaginaba encontrarte, pensaba en un momento, en un espacio, en un lugar que me transmitiera vida y alegría, y paradójicamente te encontré en un cementerio. En medio del sentimiento de pesar y dolor que te produce un sitio así, ahí estaba yo con las mariposas a medio resucitar, con mis ojos brillando entre las lágrimas y mi corazón que latía, se paraba, seguía parado y volvía a latir. Cualquiera hubiera pensado que estaba en el lugar preciso para fallecer, pero si me iba a morir solo sería de la ilusión.

¿Y qué podía hacer en ese rato? Si la situación no era la apropiada.  Éramos tu y yo los adecuados que habíamos caído en un día, hora, espacio y tiempo que no nos correspondían para encontrarnos. Habíamos sido objeto de la ironía de algo que estaba más allá de nuestra explicación.

No es que no hubiera podido encontrarte en otro lugar, porque de hecho antes ya te había visto, pero no de la forma como en ese instante sucedió. No puedo decir que fue por la emotividad que sentía, porque ahora me fijaba que existías o porque era una manera de evadir lo que estaba pasando; simplemente, sin cruzar nuestras miradas, algo surgió y pasó, acaso, ¿cosas como estás se pueden entender?

Te confieso que sabía que cuando llegarías no te anunciarías, no habría indicios de que estabas cerca, no habría luces, ni música, ni cámaras que te harían un zoom y congelaría el momento; tampoco estaría preparada como cuando sales con la intención de hacerte un levante y te arreglas lo más que puedes, como si el exterior pudiera suplir las carencias del alma; solo estaba ahí sentada, mostrándome tal cual soy: más frágil de lo normal, con una gran empatía y sin la mínima intención de ocultar mis sentimientos.

Ahora me pregunto ¿te volveré a ver? lo seguro es que algún momento sí; pero, me refiero, si será de la misma forma que ese día de muerte y lluvia, que al contrario de las escenas copiadas por mi cerebro de las películas románticas, despertó en mí las ganas de vivir.

 

500 (menos 420) días con Summer (él) 2da parte

(303= 50 días)

Nada estaba bien, no podía olvidarlo y ahora sus actitudes me sugerían que lo empezara en ver sólo como amigo.

(45= 20 días)

Uoo ooh ooh oooh oh  my gosh, nos pasábamos hablando tonterías y riéndonos de ellas.

(87= 25 días)

No había conversación más interesante de aquellas al terminar el día.

(95= 28 días)

Cualquier lugar se convertía en el sitio para soñar despierta.

(109= 30 días)

Voz en off: Para Didis esa fue la noche en que todo cambió. La pared tras la que él se escondía; la pared de la distancia, el espacio, lo casual; esa pared se caía lentamente. Ahí estaba Didis, en su mundo. Un lugar que pocos estaban invitados a ver. Y ahí estaba él queriéndole a ella y a nadie más.

Las palabras se complementaban con ese cariño desbordante.

Voz en off: Mientras escuchaba, Didis se dio cuenta que momentos así, él no los había vivido antes. Ella pudo sentir la pared cayéndose. Se preguntaba si alguien más había llegado tan lejos. Es por eso que las siguientes seis palabras lo cambiaron todo: “Nunca había vivido esto con cualquiera” Entonces creí que yo no era cualquier persona.

Y ahora ¿qué éramos exactamente? ¿Éramos novios? No era tan simple, ¿acaso estábamos en el colegio? Éramos adultos, sabíamos lo que sentíamos  y no precisábamos de títulos: “novio” “novia”, todo eso era muy infantil. Aunque mis amigas me sugerían que definiera la relación, no eran el mejor modelo a seguir en relaciones modernas.

(118= 32 días)

Entonces, ¿qué debía hacer? Mi mejor amiga respondió: “pregúntale”. “Mmmm… por qué apresurar las cosas, vamos bien hasta el momento; las etiquetas arruinan todo, es como decir… te amo”. Ella me insistió: “sólo pregúntale; es obvio que tienes miedo de la respuesta y que pueda romper la ilusión creada en estas semanas. Si fuera yo, lo descubriría ahora antes que encuentre un lugar mejor y termine en la cama con Lane, la gringa”. “¿Quién es Lane, la gringa?” “Sólo una mujer que conoció en la playa… me tengo que ir” “Espera, no hemos terminado” “No seas cobarde”

Unas horas más tarde estaba frente a él y me lancé a preguntarle: “¿Qué estamos haciendo?” a lo que el graciosamente respondió: “yendo a un bar”. “No, quiero decir ¿qué pasa entre nosotros?” “No lo sé. ¿a quién le importa? Estoy contento, ¿tú no?” “Sí” “Bien” (en el fondo se escucha Quelqu’un m’a dit de Carla Bruni).

(259= 41 días)

Era una noche más y mi mejor amigo se quedó a dormir en el departamento. Ante esta situación, él no podía ocultar sus celos y buscó excusas para estar cerca a nosotros. Esa velada fue maravillosa, nos reímos hasta más no poder, pero ya era hora de descansar: “buenas noches” y él en vez de irse, se quedó en la habitación. Al ver mi cara de enojo , él me preguntó: “¿cuál es el problema?” “yo, sólo… no puedo creer lo que estás haciendo” “pero esto es por ti” “¿es por mi bien?” “sí” “la próxima vez no lo hagas, porque no necesito que me cuides” Y me viré a mi lado de la cama. No podía dormir. Un par de horas después volteé hacia él y le susurré “lo siento por haberme enojado contigo” porque sabía que lo que en verdad me molestaba era esa sensación de inestabilidad y yo solo quería consistencia; tal vez en sus sueños me decía que no podía darme eso. Nadie podía. De todas formas mis anteriores relaciones no habían funcionado, por lo que siempre sucede… la vida.

(191= 38 días)

Era fantástico cómo cada detalle nos alegraba el corazón.

(314= 52 días)

No podía creer que las mismas cosas que antes me provocaban alegría, ahora me deprimían.

(321= 55 días)

Todo el mundo notaba la tristeza que me rodeaba, incluso él, que pensaba que de un día para el otro todo cambió para mal.

(167= 36 días)

No podía ocultar mi felicidad, los ojos me brillaban y en mi rostro siempre había una sonrisa.

(322= 56 días)

Lo odiaba. Odiaba sus dientes torcidos, su corte de cabello; odiaba sus rodillas; odiaba su pequeña mancha cerca del labio: odiaba como forzaba su vista; me fastidiaba el sonido de su risa escandalosa. Odiabaaaaaa escuchar canciones de amor.

(345= 58 días)

Me arriesgué a salir con otro chico, pensé que funcionaría hasta que terminé contándole mi historia y cantando a viva voz canciones que me recordaban a él.

(402= 61 días)

Quería que todo volviera a la normalidad. Él en su mundo y yo en el mío. Y de repente, aparece de la nada, tal como lo vi la primera vez, y me invita a compartir algo con él.  Para variar, estábamos los dos riéndonos. La luz de la noche estrellada era la única que nos iluminaba y aunque no había música, en mi mente sonaba alguna canción de Tiziano Ferro, porque me cansé de las canciones en inglés, y empezamos a bailar al son de nuestros cuerpos. La luz, casi apagada, de la ilusión otra vez se encendió.

Mientras tanto en el algún lugar del mundo, una de mis mejores amiga afirmaba: “supongo que tuve suerte. Nos conocimos por un amigo, solo conectamos, tú entiendes”; en cambio mi otra amiga decía: “¿amor?, qué sé yo. Mientras sea guapo, soy flexible en la belleza, así que…”  Y si me preguntaban a mí, pues sólo escucharían un profundo silencio.

(408= 62 días)

Era la primera noche que compartiríamos juntos después del reencuentro.

Voz en off: Didis caminó hacia la fiesta, entusiasmada por la promesa de la noche. Ella creía que esta vez, sus expectativas se alinearían con la realidad.

Expectativas                                                                

Llegaríamos tomados de la mano.

Él me sonreiría al hablar.

Bailaríamos toda la noche juntos.

Saldríamos a contemplar la noche.

Me abrazaría para agradecerme por la salida.

Me daría un beso inolvidable.

Regresaríamos abrazados.

Realidad

Llegamos cada uno por su lado.

Casi ni me dirigió la palabra.

Bailó con otra chica y la intentó besar.

Salimos a discutir.

Lo sostuve para evitar que se cayera por la borrachera.

Lo empujé  por intentar besarme.

Regresamos más enojados que nunca.


Todo lo que dibujé se borró en un segundo.

(440= 65 días)

Esa relación no tuvo sentido.

(441= 66 días)

Insisto, esa relación no tiene sentido.

(441 1/2= 66 1/2 días)

¡Ashh! enamorados… mejor busquen un motel.

(442= 67 días)

Estoy segura, esa relación no tendrá nunca sentido. Pero ahora era cuando debía encontrarle uno a mi vida, no a partir de lo que dicen las canciones o nos muestran las películas, sino de lo que mi corazón quería.

(450= 70 días)

Hay muchos peces en el mar, estaba de acuerdo, pero mi corazón aún lo quería. Mi  amiga me dijo: “sé que piensas que él era el adecuado, pero yo no. Pienso que sólo recuerdas las cosas buenas; la próxima vez que mires hacia atrás, yo creo que deberías revisarlo bien” Como cuando crees que se te aproxima la muerte, vi escenas de esa relación cruzar frente a mí: los momentos en los que nunca empezó y los que me recalcaron que así era; también momentos desapercibidos, pero que eran la muestra de que, aunque él nunca lo dijera, creía en el amor.

(456-476= 72-78 días)

Esa semana se pasó muy rápido. Aproveché para salir con amigos que había descuidado, para conocer unos nuevos y para desempolvar mis sueños. Mientras, él buscó una nueva persona para fingir felicidad por el rato.

(488= 79 días)

Y ahí estábamos parados el uno frente al otro, sin decir nada, solo procurando hablar con nuestras miradas cuando ya ni un gesto tenía razón de ser. Era la última vez que estábamos así, pero no podía contener mis reproches acerca de su verdadera relación, su engaño y un sinnúmero de cosas que no me dejaron ser feliz.  Así como mi sentimiento no tenía explicación, los suyos tampoco; como una vez le dije, simplemente sabes cuando lo sientes y él ahora sabía… lo que nunca supo conmigo.

Le dije que  lo peor era darse cuenta que todo lo que yo creía era una mentira: el destino, el alma gemela, amor verdadero y esos cuentos de hadas; que él tenía razón: todo eso era una fantasía. Él me dio un abrazo y agregó que el amor sí existía, que yo estaba en lo correcto, sólo que no acerté al sentir eso hacia él.

Ese día se marchó y, aunque lo mas probable era que algún momento nos volveríamos a ver, nuestras vidas nunca serían igual que a la de estos días. Al cruzar la puerta sólo pensé “realmente quiero que seas feliz”.

(500= 80 días)

Voz en off: La mayoría de los días del año son comunes, comienzan y terminan sin permanecer en la memoria del tiempo. La mayoría de los días no afectan el transcurso de la vida. 13 de agosto fue un viernes.

Salí a empezar mi nueva vida y en el trayecto me encontré con un chico. Aseguró haberme visto antes, pero  le dije que yo a él no y  me respondió que tal vez no estaba mirando.

Voz en off: Si Didis aprendió algo, es que no puede asignar un significado cósmico a un simple evento.  Lo que es, debía simplemente suceder. Al fin comprendió que no existe tal cosa llamada DESTINO. Nada está destinado a ser. Ella lo sabía, estaba segura ahora. Didi estaba…

Yo estaba muy segura de cada uno traza su propio camino. Volví mi mirada al chico y le dije que me gustaría seguir viéndolo: “Yo soy Didis” “Un gusto, dime Autumn”

Por qué no empezar una historia de “500 days with Autumn”, si al fin y al cabo algún día alguien vivirá 500 (más o menos tantos) días conmigo, o mejor dicho, sin mí.

500 (menos 420) días con Summer (él) 1ra parte

Esta historia está basada en la película “500 days with Summer” y los días han sido acoplados a los 80 de la situación real.

(488= 79 días)

Y ahí estábamos parados el uno frente al otro, sin decir nada, solo procurando hablar con nuestras miradas cuando ya ni un gesto tenía razón de ser.

Fundido en negro

Voz en off: Ésta es la historia de un chico que conoce a una chica.

(1 día)

Voz en off: La chica creció creyendo que nunca sería verdaderamente feliz hasta encontrar al “indicado”. Esta tonta creencia se origina por la letra fantasiosa y, a la vez, desahuciante de la música romántica en español y las escenas de amantes perfectos de las películas románticas estadounidenses.

El chico no compartía esta creencia. Desde la separación de sus padres, él simplemente sentía amor por dos cosas; la primera: su negro y rizado cabello; y la segunda: lo fácil que era cortarlo sin sentir nada.

La chica conoció al chico un 23 de mayo, casi de inmediato se dio cuenta que él era quien había estado buscando.

Voz en off: Ésta es la historia de un chico que conoce a una chica o de una chica que conoce a un chico, como sea,  pero deben de saber que ésta no es una historia de amor.

(290= 45 días)

Todo iba tan bien, hasta que me enteré de que tenía una relación con alguien más, no le dije que debíamos dejar de vernos (porque vivíamos bajo el mismo techo), pero se debía terminar lo “nuestro”, ¿qué estábamos haciendo?, ¿era eso normal? ¿era feliz? si lo único que hacíamos era discutir. Habíamos estado como Sid y Nancy durante semanas; imagínate a Sid apuñalando a Nancy siete veces con el cuchillo de cocina y él hacía el papel de Sid.

Habíamos terminado, pero quería que vuelva.

(1 día)

Estaba sentada y él apareció; estaba conversando con unos amigos y de repente su mirada se percató que al otro lado estaba yo, se acercó con una sonrisa, se presentó y me quedé abstraída en sus ojos…

Voz en off: Sólo hay dos tipos de personas en el mundo, están las mujeres y los hombres. Él era un tipo promedio, altura media, peso medio, los pies por encima de la media, para toda intención o propósito era solo otro chico, pero encontrarlo ahora en un aeropuerto con 500 viajeros en una ciudad de 1 millón y medio de habitantes, sólo podía explicarse por una razón: Destino.

(2 días)

Lo empecé a conocer, me gustaba su buen humor, sus bromas, los infortunios que lo rodeaban; pero, sobre todo, la tranquilidad que me provocaba al estar junto a él

(3 días)

La primera vez solos, dónde descubrimos que teníamos gustos en común; como que nos gustara Los Smiths y al decirle que somos el uno para el otro, yo le cantara “morir a tu lado es una manera celestial de morir”.

(4 días)

Bebida, música, juegos y un sentimiento que no podía ocultarse más. Mis ojos no podían evitar su mirada y en medio de la noche rodeados del agua llegó el primer beso.

(154= 33 días)

Era oficial. Estaba enamorada de él, me encantaba su sonrisa, su cabello rizado , sus rodillas, su lunar cerca del labio, la manera en que trataba de ver sin sus lentes, el sonido de su risa escandalosa, como era cuando estaba dormido. Escuchaba una canción de amor cada vez que pensaba en él, me encantaba como me hacía sentir, como si todo fuera posible, como si… no sé, como si la vida valiera la pena. Eso no era bueno, pero era lo que sentía.

(11= 6 días)

Pasaba todo el tiempo pensando en él, contándole a mi mejor amiga todas las virtudes que le veía y ella me decía que no porque él sea así y tengamos afinidad, era “el adecuado”.

(22= 9 días)

Se acabó… ¿qué?… mi príncipe… ¿y alguna vez comenzó?… no, pero podría ser en un mundo donde las cosas buenas me pasan. Le di muchas señales para que se diera cuenta que me interesaba, pero si se besó con otra, demostró que él no lo estaba en mí. Bueno, al fin y al cabo, estaba bien sin compromisos. La gente no se da cuenta, pero la soledad está subestimada.

(27= 11 días)

Mañana sería noche de fiesta en el departamento, pero ya no quería otra más y mi mejor amiga me dijo: “estaremos todos”, pero aún no quería ir y me volvió a recalcar que estarían TODOS y pensé que sería la ocasión para arreglar las cosas.

(28= 12 días)

Bebimos, nos reímos, conversamos hasta que llegó la pregunta del millón: “¿tienes novia?”,  “mmm, no, dejamos las cosas ahí y ¿tú tienes novio?”, “no”, “¿por qué no?”, “porque no quiero uno (risas) ¿no puedes creer que una mujer sea libre e independiente?, no me siento cómoda siendo la novia de alguien, en realidad, no me siento cómoda siendo nada de nadie, me gusta tener mi propia vida, las relaciones son confusas, las personas terminan heridas ¿quién necesita de eso?”.

Pensé que iba a poner una cara de sorpresa, pero asentó su cabeza y dijo que éramos jóvenes, libres, que estábamos en otro país y que era el momento para divertirnos, porque para él el amor no existía, era una fantasía. Aunque en ese momento no quería una relación, estaba en desacuerdo con él, porque creía en el amor; uno sabe cuando lo siente, pero  fui ingenua al creer que esto no terminaría en ese sentimiento, por lo menos, de mi parte.

(31= 16 días)

Un beso impulsivo nos llevó otra vez al camino del idilio y ahora todo parecería que iba a marchar bien, sin contar que los demás pensaban que él se convirtió en una obsesión para mí.

(282= 43 días)

“Rompiste la tapa de la olla; casi todas las cosas del departamento están rotas”. Lo miré sin intención de discutir y mejor evité tenerlo cara a cara.

(34= 18 días)

“¡Qué lindo es nuestro departamento!” “Vamos a cocinar juntos”. “Ups, rompí la tapa de la olla”. “No importa, querida, igual está deliciosa la cena” Todo era divertido, él era divertido y aunque estaba presente que no queríamos nada en serio, todo estaba bien.


Destino, casualidad y Dios ¿quién es más pilas?

Y no basta guiarme por mi sexto sentido, intuición femenina o cómo quiera llamársele; es necesario un empujoncito del destino, casualidad o Dios, aunque sea para darme cuenta de cosas que ni siquiera extrasensorialmente las había notado, pero con un ejemplo, veamos ¿quién es más pilas?

La situación es simple: un chico conoce recién a una chica; él la corteja; a ella le puede interesar pero no lo conoce a ciencia cierta, lo más lógico es que se tomen el tiempo necesario para saber más uno del otro, bueno, lo suficiente. Pero a esta situación se les puede adelantar uno de estos tres elementos…

  • El destino es un poder sobrenatural que guía el destino de las personas de una manera inevitable. En el caso del chico y la chica, supongamos que él ha pasado varias semanas tratando de conquistarla pero ella aún no está segura. Un día va a casa de su prima y cuando sale de ahí,¡ puf! sorpresa, ve al muchacho en cuestión con otra chica agarrado de la mano. De acuerdo al destino, si la chica hubiera ido donde su tío, donde su abuelita, donde su amiga o donde sea, de igual forma, hubiera descubierto al chico con su novia, ya sea a esa hora, en la mañana, en la madrugada… era lo de menos, lo importante era que así debía suceder.
  • La casualidad son los hechos que no tienen una causa aparente, suceden por una simple coincidencia. Ahora, la chica salió a tal hora porque esa era la hora que debía salir. De igual forma, él pasó por ahí porque esa era su camino, sin saber que justamente la chica también estaría. Si cada uno o solo uno iba por otro lado o a una hora distinta, pues nada de eso habría ocurrido, simplemente fue un acontecimiento fortuito.
  • De acuerdo a la Biblia (Jer. 1,5; Galatas 1.15; Salmo 139,15-16.), Dios ha trazado un plan de vida para cada uno. Él nos ha dado el libre albedrío para decidir entre el bien y el mal, por ende nosotros somos dueños de nuestras acciones; sin embargo, no podemos tener el control de todo lo que está a nuestro alrededor. La chica podía decidir quedarse en su casa, lo cual demostraría que el destino, pese a ser “inevitable”, no podía intervenir para que ella saliera y encontrara obligatoriamente al chico; tampoco la casualidad iba a hacer que el chico apareciera por coincidencia, si él ya tenía decido lo que iba a hacer.

Sea lo que sea que creamos, nunca tendremos una explicación lógica de por qué ocurren las cosas; muchas veces puede ser causa y efecto, mas hay ciertos hechos que se escapan de nuestras manos. El lugar y la hora del encuentro pueden ser cuestiones de destino o casualidad, pero creo que para  lograr que la chica viera en el momento y lugar exacto a quien tenía que ver,  hay que ser más pilas.

Los ex: Corre, Didis, corre

¿Qué tan importante es tomar una decisión? ¿Acaso el hacer o no hacer una cosa, o ir o no por un camino, puede cambiar para siempre nuestra vida? Aunque parezca intrascendente cada acción conlleva consigo consecuencias que van formando nuestra vida y que de haber existido un pequeño cambio en el mínimo detalle, nuestra historia sería distinta.

Y ahí iba yo corriendo con mi cabello castaño en busca de 100.000 marcos, (que en realidad eran los caprichos de mi novio de turno) para que él sea feliz. El mínimo  detalle que cambiara en la relación, transformaba el desenlace de ella.

En muchas ocasiones mis historias amorosas terminaban como la primera parte  (no les cuento cómo, para no arruinarles la película si no la han visto) pero aparentemente la situación resultaba bien para ambos, hasta que la única afectada resultaba yo.

Unas pocas veces terminé con el segundo final. Lamentablemente tenía que suceder y perdía para siempre a quien quería, obviamente, porque hice las cosas peor y me dejé llevar por la impulsividad.

Pero aún tengo una oportunidad más, mi tercer acto está todavía disponible. La decisión correcta me llevará al final feliz y sin necesidad de que lo planee,  porque será el destino quien fije el lugar (nuestra calle), un tiempo (nuestra tarde), un clima (nuestra lluvia), una situación (nuestras miradas cruzándose) y al ver tus ojos sabré que los dos tomamos la decisión correcta.

Pero mientras decidamos, o por lo menos yo, solo puedo decir: Corre, Didis, corre.