Chiquitita por siempre

Hace algunos días, la tristeza y melancolía volvieron a tocar mi puerta (como siempre muy inoportunas) y, como era evidente, me desestabilizaron y desorientaron un poco. También como es cierto, un problema siempre (o por lo general) llega acompañado de otro y así por un tiempo, hasta que todo se soluciona o lo ignoras; entonces pasan y quedan en el olvido. Pero, bueno, yo estoy todavía recibiendo una que otra inquietud y admito que ya no me afectan mucho.

Sin embargo, hace poco recordé muchas cosas que me enseñó mi madre y, aunque  algunas no me las decía directamente, ella procuraba que cada día aprendiera una lección de vida.

Entre ellas, con su mismo ejemplo de salir sola adelante, me enseñó a ser fuerte y valiente ante toda adversidad. Me demostró que hay problemas grandes, pero ninguno más que mi voluntad de superarlos. Me decía que es bueno estar sola, repensar las acciones, mirar los errores que hemos cometido, mas no quedarse estancada en lo negativo.

Desde pequeña me guió por un sendero de optimismo, trabajo y lealtad. Recuerdo que me recomendaba que buscara la solución desde una óptica de inocencia y transparencia, tal como lo haría un niño, que se pelea con alguien y luego se hace de a buenas, que se va y luego regresa, que llora pero vuelve a sonreír.

Quizás, mi madre me dio enseñanzas fáciles de entender para una niña, pero que ahora tienen mucha utilidad y sentido. Es por eso que cuando lo malo sucede me vuelvo a sentir como esa “chiquitita” de mamá, que esperaba que ella viniera con sus palabras a arreglarlo todo. Ahora, al estar lejos, no la veo y me siento triste; pero me levanto, porque sé que así me enseñó ella y esa es la mejor forma en la que siempre la puedo tener presente.

 

Nos hablamos pero…

Mi blog se ha conformado de notas de mi cotidianidad, de inconformidades y de sueños por realizar. Como buena escritora mi propósito ha sido expresarme y obviamente llegar a algún lector. Sé que algunos de mis compañeros lo leían ya que había discusión sobre algún tema “coyuntural”; también había un par de comentarios que me animaron a seguir escribiendo y un día como hoy hace 2 años, mi blogósfera tenía algo más de 7 meses y un comentario con un toque distinto.

Un ser sin rostro pero con un pensamiento coherente se conectó conmigo: Alguien que escribió y ya, alguien que nunca conoceré, alguien más en este mundo, pensé yo. Quizás lo que hizo la diferencia fue su frase final: Espero tu respuesta. Aunque él tampoco me conocía, esperaba algo de mí, quizás algo que yo le podía dar.

Unas breves palabras que aclararan mi punto de vista más su nueva respuesta iniciaron un tipo de discusión, que me dio la impresión de que podía profundizarse o extenderse ¿Hasta dónde, hasta cuándo? Ninguno de los dos lo sabíamos. Del blog pasamos a las conversaciones instantáneas, que suscitaron diálogos de todo tipo, desde conflictos amorosos hasta problemas sociales, con nuestros lados críticos, a veces opuestos, pero siempre con una conexión inexplicable.

La extraña relación crecía entre celos injustificados, percepciones erróneas, incredulidades, que se empequeñecían cuando nuestra imaginación podía hacer que él tomara un vuelo en minutos a Quito y yo disfrutara de reuniones en casa de amigos, cuando unas horas se hacían muy poco para lo mucho que había por decir, cuando una canción era el eco de su voz desconocida y cuando el cariño mudo nos estremecía.

Llegó el momento en que al fin nos conoceríamos; la expectativa e ilusión de ese día eran grandes.  A lo lejos lo vi y nunca lo sentí como un extraño o desconocido, sabía que era él, y al momento de abrazarlo, algo que fuimos construyendo se manifestó. Ya ni nosotros mismos pudimos negar que nos unía un sentimiento más fuerte que toda explicación lógica, distancias y tradicionalismos.

De eso también ya ha pasado algún tiempo y las cosas no son iguales; nos hablamos pero…

Ahora sabemos que sí será, volcados en la ilusión, me quedó por siempre….

Y la distancia no le ganó al amor, ya no te veré solo en el monitor.

Amor de lejos, felices los…

En un inicio era amor de pendejos, luego eran felices los cuatro y ¿ahora?

Este tipo de relaciones tienen un gran factor para sobrellevar: la distancia. Sin embargo, los que se ausentaban, los que se quedaban como “novios de pueblo” o simplemente quienes no se lo tomaban en serio, encontraron en esta situación la excusa perfecta para engañar a sus parejas.

Algunas personas que han mantenido una relación a distancia por varias semanas, meses o años afirman que no supieron cómo manejarla, puesto que no le dedicaban el mismo tiempo que antes y les incomodaba la falta de contacto físico; es por ello, que engañaron a sus parejas o descubrieron que éstas les fueron infieles. Cuando en una relación a distancia disminuye la constancia, atención y principalmente el amor, se puede generar una atmósfera de celos e inseguridad, que lentamente van desgastando la relación y da apertura a que una de las partes, o ambas, se interesen por salir con otras personas.

Quienes terminaron con sus parejas creen que si una relación no es sólida puede debilitarse aún más con la distancia y el tiempo. Lo que destacan como aspectos primordiales para un rompimiento son la mentira y el engaño: “Si mi novio me decía que estaba con alguien más en USA, lo hubiera entendido e, incluso, hubiera regresado con él cuando estuviera aquí (Ecuador); sin embargo, me molestó que hubiera estado con las dos al mismo tiempo y fingiera que no pasó nada cuando volvió”, cuenta Sandra. De igual manera, Sebastían se sintió decepcionado porque lo engañaron y luego lo dejaron “Me hubiera dicho directamente… no hubiera perdido tiempo esperándola. Días antes que regrese vi en su FB fotos con su nuevo novio y cuando vino me dijo que porqué la buscaba si ya no éramos nada”.

Es por eso, que si a mí me hablaban de amor de lejos les respondía con alguna de las frases de la primera línea, hasta que descubrí que la vida no siempre te lleva por los caminos establecidos. Los límites y las distancias en una relación amorosa los ponemos nosotros y no sólo implican lo físico: puedes verte con alguien todos los días, pero puedes sentirte incompleto. Es sorprendente cómo miles de kilómetros se vuelven nada cuando esa persona te escribe por MSN, cuando escuchas su voz por teléfono, cuando paseas con la imaginación, cuando improvisas actividades en conjunto y sientes que está cerquita, a tu lado. Mi amiga que tiene su novio en Colombia me comentó que lo mejor son los reencuentros, porque vives cada día con mayor intensidad y no quisieras que el tiempo se termine.

A menudo es como vivir en un sueño que no es tan sencillo, porque hay que  lidiar constantemente con ese sentimiento de extrañar y querer ver, compartir y estar con esa persona; sin embargo, los esfuerzos valen la pena cuando llega el día en que lo vuelves a encontrar. Para que este tipo de relaciones tengan éxito deben basarse en la confianza, el respeto, no caer en la rutina, luchar por mantener viva la llama del amor, en sí, llevarse dentro el uno al otro.  Alguien me dijo: “Las grandes pruebas se presentan para quienes puedan superarlas y son pocos los que aceptan el reto”; es por ello, que en estas relaciones habrán más momentos de nostalgia, confusión, de “dejarse llevar” por lo efímero, etc., pero si el sentimiento es verdadero y uno se esfuerza por conservarlo, no desaparecerá fácilmente.

Para algunos, la lejanía y el tiempo son una oportunidad para caer en la tentación; para otros, pruebas para engrandecer el amor y demostrar que pueden superar cualquier obstáculo y para mí es trazar un camino distinto hacia la felicidad porque, de lejos o de cerca: amor,  felices los dos. 

Lo que al amor nunca se le olvidará

Algunos dicen que se cansaron de lo mismo, que no pudieron con el sentimiento, que simplemente se les acabó el amor….  Y tal vez tengan razón, porque el amor no se queda en una primera vista, necesita muchas más y acompañadas de sonrisas; porque puede ser ciego pero no indolente y porque implica locura que se plasma en hechos.

El amor no se explica, sólo se siente y cuando lo sientes te esfuerzas por demostrarlo a diario, caminar a su lado para que no se pierda y sembrarle sueños para que perdure. A veces es tan fácil decir que al amor no se lo lleva el tiempo, no conoce distancias y no espera olvido; pero es algo difícil luchar contra esos elementos.

Por suerte yo sé que a al amor (al verdadero) nunca se le olvidará sonreír cada mañana de formas distintas al ver a la misma persona; decir lo que siente de maneras peculiares y causar la misma reacción de alegría en el otro; repetir cariños que agradan, pero con la posibilidad de hacerlo distinto cada vez.

Nunca se le olvidará el beso de la mañana, el de buenas noches, de saludo, de despedida, el robado y el espontáneo; la forma de entrelazar las manos aunque ya no tengan la tersura de la primera vez; dar abrazos que siempre tengan la fuerza del oso; ese cariño mudo que no llegue a incomodar con el paso de los años. Nunca se le olvidará ser detallista y romántico, a su forma, porque siempre será chapado a la antigua.

Al amor (al verdadero) nunca se le olvidará el primer día en que empezó a serlo (aunque no sepa el momento exacto), las miradas que lo convencieron de que era cierto (con unas pupilas dilatadas bajo una noche de luna) y  las acciones que demostraron que era real (aquellas que no escatiman esfuerzos y se hacen cada día). A este amor  (que sí es verdadero) nunca se le olvidará que es para toda la vida.

Historias de mujeres: Viviendo una fantasía

Llega la noche y después de pensar en ti todo el día, lo único que queda por hacer es sentirte cerca, por lo menos imaginarlo, porque estás a miles de kilómetros: en otra ciudad, otro país, con otras costumbres, otras tradiciones, pero las mismas ganas de vivir. Espero con ansias a que en mi pantalla aparezca un “hola, cómo estás” para empezar una de las mejores conversaciones de mi vida, que va desde problemas sentimentales hasta ideales de cambio social.

Pueden pasarse horas de horas en las que nos contamos de a poco la historia de nuestra vida y la historia que, sin intención, vamos creando juntos: tú con tu sapiencia, tu seriedad y tus ideales; yo con mi experticia, mis consejos y mis bromas. Muchas veces me pregunto si está bien vivir esta locura, porque es eso… una locura el abrir tu corazón a ese alguien que no está aquí pero está en algún lugar; pero, sobre todo, el querer a ese alguien que no sólo está, sino que también es… REAL.

Y así han transcurrido nuestros días durante casi diez meses y aún existen ocasiones en las que me quedo sin teclear ni una letra, tan sólo para sentir que estoy frente a esos ojos cafés que nunca he visto; entonces quisiera tomar tu mano y la otra pasarla por tu cabello negro rizado hasta que te quedaras dormido.

No hay nada más qué decir, por hoy. Apago el computador, cierro los ojos y me veo levantándome sigilosamente de tu lado para no arruinar la escena en la que te ves como un niño dormido; casi llego a la puerta en la que se terminará mi sueño, pero sin antes escuchar tu voz adormecida que me desea una linda noche de luna llena.

“Yo te siento en mis sueños. Y me lamento por no estar allá y hoy te miento para estar solos tú y yo”