Chiquitita por siempre

Hace algunos días, la tristeza y melancolía volvieron a tocar mi puerta (como siempre muy inoportunas) y, como era evidente, me desestabilizaron y desorientaron un poco. También como es cierto, un problema siempre (o por lo general) llega acompañado de otro y así por un tiempo, hasta que todo se soluciona o lo ignoras; entonces pasan y quedan en el olvido. Pero, bueno, yo estoy todavía recibiendo una que otra inquietud y admito que ya no me afectan mucho.

Sin embargo, hace poco recordé muchas cosas que me enseñó mi madre y, aunque  algunas no me las decía directamente, ella procuraba que cada día aprendiera una lección de vida.

Entre ellas, con su mismo ejemplo de salir sola adelante, me enseñó a ser fuerte y valiente ante toda adversidad. Me demostró que hay problemas grandes, pero ninguno más que mi voluntad de superarlos. Me decía que es bueno estar sola, repensar las acciones, mirar los errores que hemos cometido, mas no quedarse estancada en lo negativo.

Desde pequeña me guió por un sendero de optimismo, trabajo y lealtad. Recuerdo que me recomendaba que buscara la solución desde una óptica de inocencia y transparencia, tal como lo haría un niño, que se pelea con alguien y luego se hace de a buenas, que se va y luego regresa, que llora pero vuelve a sonreír.

Quizás, mi madre me dio enseñanzas fáciles de entender para una niña, pero que ahora tienen mucha utilidad y sentido. Es por eso que cuando lo malo sucede me vuelvo a sentir como esa “chiquitita” de mamá, que esperaba que ella viniera con sus palabras a arreglarlo todo. Ahora, al estar lejos, no la veo y me siento triste; pero me levanto, porque sé que así me enseñó ella y esa es la mejor forma en la que siempre la puedo tener presente.

 

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Contando a mis ex

Si pienso en ellos cuantitativamente, habría una larga lista, además de una clasificación y jerarquización, ya que siempre hay quienes han sido más importantes que otros. Por ello, creo que sería mejor considerarlos cualitativamente, porque estoy segura que algo me enseñaron…

Casi 8 meses de espera, largas a las situaciones, palabras con rodeos; seguro a eso se debe mi paciencia cuando sé que viene algo que vale la pena e impaciencia por dejar lo que no me interesa.

Sin ver hacía que creyera, con hechos lo reafirmaba y luego solo tenía que seguir el sentimiento; esas son las causas de confianza en lo que no veo, pero siento y mi desconfianza en todo lo insensible.

Una acción vale más que mil palabras, algo hecho con las propias manos significa más que un regalo comprado, un pequeño detalle llega más que un gran obsequio; por eso soy una detallista que de la nada construye un pequeño universo o lo destruye ante la indiferencia.

Si hay alguna forma de herir de frente, esa es con la verdad; nunca hay que desistir de la lucha; las  historias que se hicieron para ser inmortalizadas no tienen final; pequeños aprendizajes que me hicieron fuerte, luchadora y, sobre todo, con más ganas de amar.

Seguro ellos también aprendieron algo de mí, así como yo llevo sus enseñanzas, pero ahora las aplico a mi manera y con alguien que simplemente me enseña a ser feliz.