Soy mujer, soy periodista ¿y qué?

Decir que las mujeres periodistas tenemos ciertas ventajas para ejercer la profesión, tan solo por nuestro género, es también una forma de discriminación. La búsqueda de la verdad debería ser un valor inherente a quien aspira llevar información a la ciudadanía. Así como hay hombres y mujeres dignos de realizar una labor transparente, veraz y llena de dedicación; están también los del otro lado, para quienes lo más importante es qué beneficio reciben por hacerlo.

En los últimos años, las mujeres han cobrado protagonismo en el mundo profesional y, en el caso del periodismo, la situación no ha sido diferente. Recuerdo haber trabajado en medios de comunicación en donde la labor era hombro a hombro; claro, cuando había coberturas de temas de riesgo o peligro, los indicados para ir eran los hombres, con lo cual también algunas periodistas hemos sido dejadas de lado.

Ahora, en una nueva etapa profesional me he topado con una realidad, anteriormente, muy lejana para mí, pero quizás muy frecuente para miles de mujeres: la envidia entre compañeras.

Hace un par de días, entrevisté a una colega, previo al día del periodista peruano este 1 de octubre, la cual indicó que las mujeres tenemos mucho potencial, al ejercer un periodismo versátil que se adapta al ritmo de vida actual de las jóvenes, madres o solteras.

No del todo concuerdo en lo de algunas ventajas sobre los hombres,  como ya lo dije al inicio de este texto, pero sí convengo en que poseemos virtudes especiales, que en algunos casos por nuestro género son más fáciles de potenciar como la intuición o empatía y con las cuales podemos ofrecer otros ángulos en el tratamiento de información.

Sin embargo, la colega refirió que hay que vencer la envidia en la profesión. “Las mujeres somos las peores enemigas de nosotras mismas”, me dijo y yo lo sabía perfectamente, las veces en que me juzgaron, hostigaron y hasta quisieron poner en duda mis capacidades.

Para ser sincera, atravesar esa situación es complicado puesto que te desmoraliza, deprime e, incluso, te pone a pensar si estás haciendo lo correcto; seguramente ese es el objetivo de las personas que actúan con mala intención. Pero hay muchas formas de enfrentarlo, como reconocer lo que uno es y vale, demostrar el potencial con el trabajo, ignorar lo que no nos aporta y, principalmente, rebatir esa actitud con una sonrisa.

Las mujeres periodistas marcamos diferencia como símbolo de trabajo, esfuerzo y tenacidad. Esas son virtudes que no necesitan reconocimiento, pero sí respeto de todos.

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Trabajen y no envidien

No sé si es cuestión de género, algún gen biológico o, simplemente, otra tara más de la sociedad; sin embargo, la mayoría de mujeres (y me incluyo porque a veces me fluye) padecemos un mal llamado ENVIDIA. Durante toda mi vida he conocido muchísimas mujeres envidiosas de distintas especies.

  • Están aquellas a quienes les corroe la envidia, pero siempre están junto a una, fingiendo ser amigas. Sin embargo, tarde o temprano se les cae la máscara y no hay nada que lo pueda remediar.

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  • No faltan las envidiosas algo “sinceras”, que al igual que las anteriores aparentan ser tus amigas, pero siempre están cuestionando y todo les parece mal. Tienen un aire amargado y “quemeimportista”. Sus comentarios nunca serán alentadores, ni sus consejos acertados; lo único que quieren es hacerte sentir mal.

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  • Están las que de entrada demuestran su envidia  y, tras ver tu indiferencia, se dedican a hablar mal de ti. Esparcen chismes por todo lado y con todo el mundo. Lo bueno con este tipo de envidiosas es que la gente conoce su forma de ser y sus palabras no tienen mucho efecto.

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  • Y cómo olvidar a las que no tienen ni un poco de vergüenza  y se declaran abiertamente tus enemigas, con el fiel propósito de hacerte la vida imposible. Confieso que éstas son las que más me encantan porque sus ridiculeces me hacen reír.

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No juzgo a las personas envidiosas, porque más allá de una mala actitud, este anti valor refleja la carencia de algo que va mucho más allá de lo material, quizás cariño, autoestima, sabiduría, etc. Puedo comprender que existan circunstancias que nos pongan en desventaja con otras personas y eso nos frustre; pero eso, de ninguna forma es culpa de alguien más, es algo que depende de nosotros mismos.

Recuerdo la ocasión en que un grupo de mujeres profesionales se acercaron a mí como una “pandilla de barrio” comandas por la jefa de su banda. Después de indagar sobre mi vida personal, me lanzaron una burda amenaza, que me dejó sorprendida, luego me causó risa y, al final, indignación. Me puse a pensar en cómo hay personas que no se ponen en el lugar de otras, que no se dan cuenta que algún día pueden atravesar por la misma situación y alguien, más tirano que ellas, les puede hacer pasar por lo mismo. O peor aún, no consideran que tienen hijos, hijas, familiares u amigos que pueden ser tratados de la misma forma. Lastimosamente, la envidia es un mal cegador que no nos permite ver más allá de nuestros propios intereses.

De eso ya ha pasado algún tiempo y quiero decirles a las envidiosas (y  quién sabe) envidiosos, que ahora me encuentro muy bien; es más, les agradezco por darme la pauta para demostrar lo que soy y lo que puedo hacer. Y sin más que decirles, me despido para seguir trabajando y, ustedes, por favor, también trabajen y no envidien. El mundo (el verdadero) espera de nuestros hechos.

 

Los ex: Lo que no es de tu año

No sé quien inventó esto de los códigos femeninos, si un grupo de mujeres que creían verdaderamente en la amistad o un grupo de desocupadas que sólo quisieron buscar una nueva forma de represión humana.

Yo recuerdo que el colegio empezaron a surgir los primeros códigos de amistad que debíamos cumplir; por ejemplo, nunca pelearse con tus amigas por un hombre y era evidente que si te peleabas, no era una verdadera amistad. Pero uno de los que siempre ha estado vigente y, gran mayoría de mujeres lo cumplen, es el de NUNCA entrar, vacilar, tirar o cualquier tipo de relación comprometedora,  con el ex novio de una de tus mejores amigas o relativamente cercanas; o en su defecto, ser amiga de una de las ex de tu novio, que a larga se convierte en lo mismo.

Considero que en los sentimientos no se puede mandar, pero este precepto tiene mucha lógica.  Primero porque si se incumple, iría en contra del código de no pelearse con una amiga por un hombre; ya que, algún momento será inevitable topar el tema y sacar a la luz reclamos e indiferencias. Por otro lado, así no exista una evidente pelea, la situación alejará a las amigas porque no se podría hablar abiertamente sobre las vivencia o sentimientos, por temor a incomodar a la otra persona . Finalmente, la forma en que hayan terminado la pareja también influye; puesto que en caso de que hayan quedado en buenos términos, será complicado tolerar que nuestra amiga pase hablando maravillas de nuestro actual novio o, por el contrario, será molesto escuchar que todo el tiempo saque los aspectos negativos de nuestra pareja.

No digo que haya un código impuesto u obligado para cumplir,  porque pueden existir muchos casos en que las personas sobrelleven de buena manera el que sus parejas anden con sus amigas/os; es sólo cuestión de actitud. No obstante, hay que tener claro el papel que cumple cada persona en nuestra vida, que ante todo está el respeto, que cada ser humano es un mundo diferente, que cada relación es distinta y que el pasado ya no está…

Como dicen por ahí: lo que no es de tu año no te hace daño, pero (entre nos) ¡cómo encabrona enterarse!

Don’t need to be saved

Hoy leí un intento de queja femenina en contra de los hombres que no entienden a las mujeres y, aunque digan que a nosotras no hay que entendernos sino querernos, ya no somos un universo lejano e incomprensible. Ahora expresamos lo que sentimos, decimos lo que nos parece y hacemos lo que nos gusta. No hay enigma en ello.

En los cuentos infantiles e, incluso, en la propia historia humana,  las mujeres éramos  consideradas las damiselas en peligro, que debíamos esperar al “príncipe guapo” para que estuviera acorde con la belleza del reino (porque en las imágenes de cuentos no se ven feos) y, en la actualidad, seamos la envidia de “nuestras amigas”. O, por otro lado, también no nos venía mal el “príncipe fortachón”, quien vencía al dragón o la bruja o, en la vida real, pague cada uno de los caprichos, que nos enseñaban, los hombres debían cumplir.

Hemos vivido la revolución femenina, la igualdad de género y aún, hoy en día, algunas mujeres siguen viviendo en el peligro constante, esperando que los hombres sean los primeros en decir o hacer algo por nosotras.  Claro, ahí están algunos, como héroes, listos para rescatarnos y, en el momento menos pensado, dejarnos peor que en la anterior desgracia, porque las historias de fantasía hacen elipsis de los enojos, peleas, rupturas, etc…

Pero no todas somos así; la actitud y el pensamiento de muchas mujeres ya no están estereotipados y, principalmente, ya no necesitamos ser salvadas, sólo ser tratadas con amor y respeto. Lástima que son pocos los hombres que nos siguen la corriente y quieren caminar con nosotras: no adelante para no relegarnos, ni atrás para no darnos ventaja. El paso es a la par porque no hay mejor sensación de ver a quien va a tu lado y, si creemos en cuentos: en el camino al happy beginning no habrá un héroe, sino dos porque I’m the hero of the story. Don’t need to be saved

Historias de hombres: Fui infiel

Hola, mi nombre es… bueno, para el caso no importa. Vivo con mi mamá, estudio en la universidad, tengo un trabajo, se podría decir que soy un adulto; aunque a veces me comporto como un adolescente, me dejo llevar por mis instintos y no me defino en lo que quiero. Pero lo único que me importa es pasarla bien, disfrutar cada instante… sólo vivir el momento.

Desde hace algún tiempo tengo, en palabras socialmente correctas, una novia. Me siento bien con ella, estamos retomando lo nuestro; de unos seis meses “que vamos” no nos vimos casi tres por cuestiones personales, pero ella sabe que  siempre la tuve presente, aunque no hablaba nunca de ella con las demás personas pero le escribía por el Facebook , eso estaba bien ¿no? Además nunca hice nada, nada para fallarla. Mmm, bueno soy hombre, tenía mis necesidades. Admito que al principio no buscaba una aventura, pero las cosas se dieron, ¿qué querían que haga si esa chica me besó?, no podía dejar pasar esa oportunidad hasta las últimas consecuencias, al fin y al cabo, nadie se iba a enterar, ni siquiera mi novia.

El idilio continuó pero no podía conformarme con “un vacile de mano sudada”, tenía que definirse; pero, como siempre, las mujeres son hechas las difíciles y rogadas, no me tocó más que buscar por otro lado. Al poco tiempo estuve con otra chica, luego con otra y otra, pero igual no llegaban a ningún lado.  Ya que decidí ser infiel, debía serlo por completo.

Recuerdo una noche de fiesta cuando vi a la chica a quien le di el primer beso que marcó mi historial de engaño. Las copas nos llevaron a besarnos otra vez  y esa era mi oportunidad para aprovechar el momento, pero no hice nada, hasta ahora no entiendo por qué, tal vez por mi novia o porque esta chica algo me importaba; al menos, con lo que pasó sabía que yo le seguía interesando.

Esperaba que algún rato todo estuviera a mi favor, pero mientras tanto salí con otra chica y el error fue que mi “prospecto de…” se podía enterar y se destruiría mi plan. ¡Qué nervios tuve cuando una amiga casi me delata frente a ella!, pero ya aprendí a salirme del paso. Antes de que esa gota derramara el vaso, tenía que hacer algo  y de esa noche no pasaba.

Llegué al departamento y ahí estaba ella, acostada en el sofá; no podía permitir que durmiera ahí. Como soy tan solidario, le ofrecí mi recámara, ella aceptó; no era ingenua, sabía lo que iba a pasar. Se acomodó como un niño que va a dormir, pero sólo lo hacía para confundirme; yo insistí que me abrazara y con un beso las cosas subieron de tono. Pensé que sería como acostarse con alguien más hasta que me dijo que sería su primera vez; ¿saben lo qué significa para un hombre ser el primero en la vida de una mujer?, muchas cosas se cruzaron por mi cabeza: que lo hacía porque me amaba, que sólo era el deseo, que marcaría su vida, que sus palabras quedarían en mi mente, en fin, estaba confundido y la gran noche se redujo a minutos… no quiero hablar de eso.

El punto es que, a partir de esa noche, no sé si mi instinto sexual se desató y busqué saciarlo de cualquier manera. El simple engaño que pensé en un principio se volvió un circulo vicioso; no me importaba que sea flaca o gorda, alta o baja, joven o vieja, simplemente me interesaba que sea mujer. Al final terminé engañando a mi novia más de lo que quise y lo mejor es que, cuando regresé, ella me recibió con su infinito amor imaginando que tenía a su lado al hombre perfecto  y yo no me atrevía a decepcionarla.

Ahora estamos bien, vivimos felices, mientras dure. A veces en las noches recuerdo esa vez que llegué a mi departamento y revivo esos momentos, pero luego siento perturbación porque en algún lado escuché que todo tarde o temprano se llega a saber. Espero que en  mi caso no.


Historias de hombres: Si no me contesta

Estaba ahí, a las cuatro de la mañana, pegado al auricular esperando que, ya que no llamaba, por lo menos contestara el teléfono. Meses atrás, él era quien salía con sus amigos, quien no daba explicaciones y se daba el lujo de no responder las llamadas, pero ahora la tortilla se había dado la vuelta y no podía soportar que le hicieran lo mismo o, peor aún, que la pica de ella lo superara.

Quería demostrar que no le importaba, al fin y al cabo, frente a sus amigos nunca era cariñoso; pero sabía por dentro que los celos lo mataban. Pensaba: las chicas llegan a la madrugada, pero una que sea decente no llega a las cuatro. Un momento, el reloj estaba marcando cuatro y media. “Esta es la última vez que te timbro, ¡maldita sea! contesta el teléfono”

Se levantó de su cama, caminó de un lado a otro, escuchaba el ¡tic toc! cada vez más alto, escuchaba voces, música, la veía, la veía con alguien más, era ella, era alguien más… otra vez caminó, ahora no escuchaba nada, pero la seguía viendo. No podía más.

El sueño quería vencerlo, pero no iba a dormir tranquilo mientras ella no aparezca. Se recostó al filo de su cama, extendió su brazo lo más que pudo para alcanzar el teléfono; en una media hora, quizás todo pudo haber cambiado.  ¡Ring, ring! -¡Aló!

Al fin, al fin había contestado, se sintió feliz, ella estaba bien, pero no podía pasarle una falta de respeto más.

-¿Crees que éstas son horas de llegar?, ¿dónde estabas?, ¿con quién?, seguro me estabas engañado.

-Déjame explicarte

-No quiero escucharte, ándate a…, esto se termina ahora

-Pero, pero

Cuelga el teléfono, derrama una lágrima disimulando estar bien, se acuesta, toma la fotografía de ambos, la aprieta rígidamente, la tira al suelo y estaba ahí, sintiendo lo más feo del mundo por no haber dicho simplemente: me preocupo, porque te amo.


Historias de mujeres: Amor fugaz

Cuando te veo sin que te des cuenta que te estoy mirando, viene a mi mente el primer instante que te vi, mejor dicho, el primer instante en que entendí que no eras cualquier persona sino quien marcaría un antes y un después en mi vida. También recuerdo el primer momento en que pasaste de ser ese alguien alimentado a base de ilusiones y te convertiste en un ser real: que conversaba, sonreía y sentía lo mismo que yo.

Veo pasar cada uno de nuestros días, desde que te levantas con las justas para ir a trabajar, cuando regresas con cara de cansado, cuando te ríes solito por alguna picardía que te acuerdas y me contagias con tu risa, cuando pones cara de enojado por algún descuido mío, cuando tomas el papel de chico serio que muchas veces me sorprende, cuando te crees el señor superpoderoso y me colmas la paciencia, cuando vienes a contarme algún chisme que “no va salir de los dos”, cuando me das mucha información de tus compañeras de trabajo, de las rusas, de las gringas o de cualquier chica que viste por ahi,  y cada detalle que, aún sin tú saberlo, lo guardo dentro de mí.

Estoy segura que esta experiencia es nueva también para ti y me encanta saber que cometemos errores al improvisar unas tácticas para lograr una convivencia perfecta, que no se va a dar porque adoro que nunca sepamos lo que nos va a salir mal. Es interesante analizar como tus brazos me van a abrazar esta noche, buscando la forma perfecta de protejerme del frío pero sin llegar a sofocarme, o la manera de decirme algo sin que lo tomé como un chiste ni tampoco como una verdad indiscutible.

Todo parecería una historia típica de final feliz…. pero no!!! Llegará el día en que te deje de ver todas las mañanas, en que me duerma sola  y que me tenga que despertar sin perturbar tu sueño. Tanta compatibilidad se convertirá en la desigualdad que marcará el tiempo, la distancia y la cotidianidad que nos espera en nuestra realidad. No habrá un mundo perfecto creado por nuestras ilusiones y ansias de comernos el mundo a besos y ya no podremos olvidar que más allá de nuestro sentir hay alguien.

Y si congelo este momento para la eternidad de los dos, te quedarías a vivir esta locura conmigo?……………

Silencio… silencio…. y más silencio….

– Decías algo?

Uhm, no, sólo mi corazón hablaba en voz alta y tú le acabaste de recordar que la eternidad también puede ser fugaz.


Historias de mujeres: Amor no correspondido

Después de admirar el atardecer en algún lugar del mundo (tal vez París, Venecia o en una calle angosta de mi ciudad) miraba como el viento peinaba tu cabello que parece nunca quedarse en su lugar.  Entonces no me importaba si notabas que el sol descendía frente a nuestra inconfundible manera de hacernos los locos o que mis ojos no se querían apartar de tu rostro.  Me ofreciste escuchar música contigo, disfrutaba estar ahí parada a tu lado, más que oír tus canciones anticuadas me concentraba en el sonido de lo que queríamos callar.  El sol se fundía más rápido con las nubes y sabía que ese momento no duraría para siempre; pero no importó si por unos segundos me diste la oportunidad de amarte. Sin querer cruzamos las miradas y fingí ver de nuevo el atardecer;  sentí tu mano a unos pocos metros de la mía, por “casualidad” buscaba rosar tu piel desesperadamente, pero no quise arruinar tu paz ni mis ilusiones.

Te escuchaba tararear un par de versos de una canción desconocida y aunque no sabía de qué se trataba la letra, esperaba que esos acordes fueran en mi nombre. Me gustaba soñar, soñar que eso podía ser posible;  que detrás de ese alejamiento que siempre lo había tenido presente en mi mente, se hallara escondido el amor, un amor profundo y sincero. En verdad, tan solo esperaba que rompieras tu quietud para admirarme, para besarme, para quererme y dejarte querer.

Todas mis  esperanzas y sueños se desvanecieron cuando, de repente, me atreví a contarte lo que siento. La indiferencia de tu rostro no me ayudaba para articular una oración y dejar de tartamudear;  parecías sorprendido y  hasta un poco indignado. No me imaginé ver para mí esos gestos que conocía perfectamente, que me gustaba estudiarlos y disfrutarlos, pero que en ese instante me hicieron vivir la situación más incómoda. De pronto nos invadió el silencio y  no sabía si estaba claro el mensaje. No podía cambiar nuestra historia ni retractar mis palabras. Ya lo dije y te juro que no me arrepiento de habértelo dicho; es más, me siento bien de ser libre pero me da pena que tú no lo seas porque todo se quedó en el aire.

Ya casi no había rayos de sol en el cielo ni esperanza en mi corazón. Lo único que podía hacer era abrazarte para tratar de buscar un consuelo, pero solo sentí que te produje incomodidad.  Me alejé rápidamente, con el corazón destrozado. Quería encontrar respuestas y  pedirte explicaciones; te regresé a ver para decirte unas últimas palabras pero tras de ti ya no había ningún atardecer y entonces comprendí  que simplemente debía marcharme.


Si te golpea una piedra, duele

Justamente ayer me encontré con un gran amigo, aquel con el que puedes conversar horas y horas hasta llegar a una conclusión de todos los problemas existenciales, obviamente del otro, porque de uno mismo si tomaría de días a años.

Hablábamos de las relaciones amorosas y de lo distintos que somos hombres y mujeres para actuar frente a una misma situación. Por ejemplo, las mujeres somos más  analíticas,  sensitivas, observadoras y preocupadas por los demás. En cambio, los hombres son impulsivos, a veces descuidados y siempre descomplicados.

En una relación de pareja, las chicas estamos pendientes de los pequeños detalles de la persona con la que estamos: si se enfermó, si tenía muchos deberes o trabajos, si duerme, si se siente bien, etc. Tal vez por estas pequeñas cosas es que para algunas es tan importante que los hombres recuerden fechas de cumpleaños o aniversarios. Pero para ellos, esto no es lo más trascendental sino el compartir día a día con su pareja; es decir, vivir el momento sin preocuparse por pequeñas cosas.

La comunicación de pareja es otro aspecto que destaca las diferencias. Las mujeres, más que nos digan que nos quieren, necesitamos sentir con actos que eso es verdad. Para nosotras muchas veces las palabras están de más y simplemente necesitamos hacer algo para que  nos complazcan, nos mimen, nos entiendan, nos… ¡espera, espera! me dice mi amigo con una cara de sorpresa y agrega: “a los hombres nos deben decir las cosas tal cual son, no con palabras a medias, indirectas o señales.”

¡Mmm, entiendo! Póngamos un caso. Si quiero explicarle a una mujer que el golpe de una piedra es doloroso, debo decirle que tiene una consistencia dura; mas, en el caso de un hombre debo decirle directamente “si TE golpea una piedra, DUELE”. Mi amigo me mira, se ríe y dice: “No, debes golpearle. O  sino ¿cómo crees que aprendí que en verdad duele?”

Sexo: rápido o lento, tú decides…

Para los que pensaban que en este post iba a recomendar técnicas o métodos para que en caso de que les dé ganas de hacerlo en la clase, el trabajo o algún lugar público, disfrutes de sexo rápido; o, por el contrario, si querían disfrutar el momento con calma y sin presiones les iba a decir cómo logar el mejor sexo lento. Pues no!!! Simplemente es un post de liberación sexual, sí lo admito, femenina.

Se supone que actualmente existe relativa equidad de género, incluso, se han difundido campañas en contra del machismo, para permitir que las mujeres seamos tratadas y valoradas por igual; sin embargo, creo que estas propuestas aún no llegan al plano sexual, donde muchas mujeres se sienten cohibidas de vivir a plenitud su sexualidad por temor a que sus parejas, sus amigos, familiares e, incluso, ellas mismas se juzguen y la sociedad las catalogue como fáciles y otras palabras, que por respeto a mis lectores, no voy a reproducir.

Yéndonos al otro extremo, están también las mujeres que quieren vivir su experiencia sexual cuando esté involucrada con el amor. Pero al pensar de esta forma también son criticadas e incluso tienen que soportar las presiones de su entorno social.

Para mí lo más importante es que, ya sea el hombre o la mujer, deben sentirse plenos al momento de una relación sexual. En el primer caso, la mujer tiene la libertad de llevar una vida sexual activa, siempre y cuando no la convierta en un libertinaje, porque también hay que tener en cuenta que nos diferenciamos de los animales porque no nos dejamos llevar únicamente por el instinto. Como mujer valoro la segunda actitud porque es preservar algo tan importante para el momento en que verdad valga la pena ( y no me refiero a la virginidad, sino a la experiencia). Como unos amigos dicen: “el sexo es como una droga, si lo probaste una vez puedes seguirlo probando cuantas veces quieras” y yo agrego: con quien se quiera; es decir, no se aprecia el verdero sentido del acto. Y para ser sincera y no por sonar presumida, me valoro demasiado como para permitir que un hombre me tratara de esa manera.

Respeto cualquiera de esas dos que sea la posición femenina, con lo que no estoy de acuerdo es con las apreciaciones erradas que aún tienen nuestra sociedad, que por estar manteniendo los “parámetros sociales” no se da cuenta que incentiva el crecimiento de un medio de convivencia construido en medio de simples apariencias.