Siempre estarás aquí

Ha pasado más de un mes desde que te fuiste y aún no quería escribirte… Ya sabes, las despedidas siempre son difíciles; más aún cuando mi corazón empezó a envolverte en  dulces sentimientos y mi anhelo deseaba que ya estuvieras aquí… Ya ves, no siempre pasa lo que uno quiere.

Tu partida fue uno de los golpes más duros de mi vida; así como tu llegada me cogió desprevenida, mucho más fue cuando ya no estabas en mí. No sabía qué hacer ni qué decir; sin embargo, admito que fue un sufrimiento paulatino, que cuando llego el momento de la verdad, solo me quede apática, para no sentir más dolor, más sufrimiento y tratar de entender que si pasó, era porque debía ser así.

Aunque ya no estés, cada día me das fuerza y me recuerdas lo que soy capaz de sentir y dar. Tu presencia no fue en vano; tuvo la finalidad de revivir en mí, ese hermoso milagro de la vida.

Nunca te podré decir adiós, pero por lo menos hoy al evocarte ya no hay tristeza, tan solo alegría, mi pequeño angelito.

 

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No Happily Ever After

No dije un Sí, ni firmé un papel para amarte incondicionalmente y desear compartir el resto de mi vida a tu lado. Esas son puras formalidades. Te entregué parte de mi vida ya desde antes y sabía que quería estar contigo hace mucho tiempo. Nunca te lo dije y seguro nunca sospechaste el momento en que verdaderamente dije Sí.

Después de nuestro primer paseo y una serie de adversidades, logramos conseguir un bus en medio de la noche. El cansancio te abatió y caíste dormido a mis piernas. Te miré y sentí una mezcla de amor y ternura que jamás antes había sentido. Pusiste a prueba tu templanza, paciencia y comprensión. Entonces supe que sólo a tu lado encontraría ese amor, apoyo, cariño y positivismo que esperaba. No queria a nadie más a mi lado.

Así como ese día, sé que no todo será felicidad. Hay días en los que el mundo me sonríe y otros en los que yo tengo que hacerle cosquillas y, lo mejor, es que ahora estás tú para sacarle una sonrisa más grande. No quiero un “felices para siempre”, porque no creo en ese tipo de cuentos. Quiero un “felices hoy” para saber que nuestra alegría es fruto de nuestro constante esfuerzo. Contigo y nuestro amor, no hay para qué esperar más.

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Tiempo, espéranos sentado

Hoy estabas en medio de la voracidad del ruido citadino, la incandescencia de las luces nocturnas y la sutil frescura de una llovizna de abril. No llegaste tarde, para demostrarle al tiempo que le puedes ganar.

Era una de las últimas noches; recuerdo perfectamente la forma en que me viste y contuviste tu alegría, frunciste el ceño para opacar la media sonrisa, que se quería dibujar en ese lienzo de expresiones antes conocidas. No disimules, que hasta con tus gestos más arbitrarios yo te puedo transfigurar.

Sostuviste la mirada, tu paso era más rápido y fuerte, no vacilabas. El viento llevaba las pequeñas gotas de lluvia hacia tu cara y mientras te acercabas, dejaste resbalar el cigarrillo que llevabas. Tranquilo, sé que no quieres dejar el vicio, pero por lo menos no quieres tentar a mi voluntad.

Nos quedamos frente a frente  y la lluvia aumentaba su intensidad. Quizás pude saludarte, decirte algo, pero quise ignorar… Ignorar mucho, el poco tiempo que nos quedaba. Entonces, no esperé a que te acercaras y busqué un lugar en ti para detener las horas y sentir menos el dolor del tic tac.

El tiempo no para, pero sí nos separa. No nos quiere dar una tregua; pero tú ya tienes un plan: Aguardar  y hacerle creer que estás de su parte. La lluvia cesa y te miro incrédula, mientras te sientas a esperar. Tomo tu mano y te digo que no esperes sentado porque así los sueños no llegan a hacerse realidad.

unpuntodereflexion.blogspot.com

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Levantas tu mirada, me sonríes y me susurras al oído: Le estoy guardando al tiempo, su lugar. 

¿Desea vaciar su papelera de reciclaje?

Hay vacíos que tarde o temprano se llenan, más aún si son vacíos que se pueden ver y tocar; pero están aquellos que se llevan en el alma, que causan una profunda ausencia y  se alimentan de los recuerdos.  Y son estos los que siempre nos recordarán que algo de nosotros se quedó en algún lugar.

Esta noche la habitación me parece más fría de lo normal, hay un gran espacio a la izquierda de mi cama, una puerta sin una bolsa que cuelgue y un par de objetos que tienen impregnados tu aroma. El clima no ha variado, pero noche me congela, el viento pasa rápido y pega fuerte, las gotas caen suave pero menudas y mis pasos por los charcos no salpican igual.

Todo eso podría encasillarse dentro de un vacío, porque me falta tu sonrisa, la sombra de tu cabello alborotado, el sonido de tu respiración, el momento de nuestras locuras y el reflejo de mi cara decaída en tus ojos y el de mi espíritu guerrero en tu corazón.

Hay vacíos que jamás se llenan ni se llenarán, es más, se quedan en el olvido. Me falta, me falta todo lo que ayer tenía, pero no voy a vivir del pasado, porque tu presencia me enseña que los vacíos se quedan en la historia…

¿Desea vaciar su papelera de reciclaje? ¡Aceptar! Ahora sí necesito un gran espacio para empezar a construir un camino conjunto que nos llene la vida con amor, sueños y documentos valiosos para archivar.