De amor y de casualidad

Hoy hace tres semanas descubrí que venías en camino. La verdad te esperaba, no sabes cuánto te esperaba, pero no creí que ese anhelo llegaría tan pronto. Me cogiste un poco desprevenida y asustada. Así es el milagro de la vida.

Cuando recibí “la carta” de tu llegada estaba escéptica y cuando vi la respuesta positiva, algo se estremeció en mí. Lloré de emoción, temor y nostalgia, tenía una confusión de sentimientos, pero al final siempre me hiciste muy feliz.

No sabía como decirle a tu papá de tu llegada, siempre se me ocurría algo y ese día no tenía alguna idea. Tan solo pude mostrarle tu carta, la leyó y no lo podía creer. De un minuto a otro, nos cambiaste la vida para bien.

Todavía no nos acostumbramos a la idea de que estás aquí junto a nosotros, aunque no te veamos. Tenemos muchas dudas y muchos asuntos por resolver, pero tú día a día nos impulsas a salir adelante.

No importa si nosotros te llamamos, si tu viniste porque tenías que venir, lo único certero es que eres la mezcla perfecta de AMOR Y CASUALIDAD.

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Un regalo para mi esposo

Si pensaban que buscar regalos para sus novias o novios es complicado, se equivocan… Es aún más problemático cuando piensas en qué regalarle a tu esposo/a.

Hoy mi esposo cumple años y, así como años anteriores, quise sorprenderlo con algún detallito hecho por mí o algo sencillo, pero muy bonito de una tienda; a esto pensé sumarle un obsequio de algo que él necesitase como ropa, perfume, reloj, etc.

En menos de lo que pensé, los días pasaron y en medio de las tareas cotidianas, el momento llegó sin tener nada listo. Recorrí tiendas buscando y buscando algo que regalar. Habían obsequios hermosos, que después de tanto verlos, me pregunté: Y esto en verdad cómo le va a servir. Luego quise comprar cosas para hacer un presente yo misma, pero ya era muy tarde.

Me sentía como una esposa descuidada, que ahora no sabía como darle un hermoso cumpleaños a quien amaba y, lo peor de todo, es que no sabía qué hacer. El día antes del cumpleaños, mi esposo me fue a recoger, caminamos y le dije: Qué tal si vamos a tu restaurante favorito. Él se puso muy contento.

Esa noche comimos un delicioso sánduche, pero sabía mejor de lo habitual. Nos olvidamos de los problemas y recordamos cosas bonitas, como que ese lugar fue el primero a donde fuimos. Regresamos a casa muy tranquilos, me acurruqué a su lado y el cansancio me invadió.

Recuerdo que en medio de sueños le decía ya es tu cumpleaños y esperaba el amanecer. Sonó la alarma y despertamos, nos miramos con la misma sonrisa de todas las mañanas y le dije lo mucho que él significaba para mí. Preparé su desayuno (un poco más reforzado que el cotidiano) y con un gran beso se fue a trabajar.

Entendí que el mejor obsequio que le di, no lo pagué con dinero, sino con ese hermoso tiempo en la cena y la mejor manualidad que pude hacer, no necesitaba tijeras ni pegamento, fue ese rico desayuno. Aunque sólo hoy sea el cumpleaños de mi esposo, sé que cada día es el perfecto regalo.

regalo

Cumpleaños: Un año más para sonreír

Si me quejé cuando cumplí 20 años, podrían suponer que me puse más quejumbrosa con unos años más en mi vida… Pero no. Ni me he resignado al paso del tiempo, ni me alié con él; simplemente, igualamos el paso. Si él va lento, voy disfrutando el trayecto; si va rápido, voy echando ojo a lo importante, pero nunca me olvido hacia donde voy y no dejo de lado a nada ni nadie.

Es curioso como de pequeños anhelamos tener más edad (cada uno con sus razones) y cuando somos adultos pretendemos detener el tiempo (ocultando la edad o restándonos años). No en todos los casos es igual, algunos viven intensamente cada día transcurrido a su historia y a esa lista de afortunados y dúctiles seres, me he sumado hoy.

Que inevitablemente pasan los años, es verdad. Que importan si son bien vividos, es verdad. Que vamos aprendiendo en el camino, es verdad. Que me estoy poniendo viejita, es…. no es verdad. ¡Vamos, Di! es solo un año más; un año que será mejor, nadie lo puede negar.

Mañana es mi cumpleaños. Tendré muchos mensajes de los amigos de siempre, de los que lo recordaron por casualidad y de aquellos que en vivo y en directo ni me hablan, pero les notificó Facebook. Mañana algunos se olvidaran de mis errores y exaltarán mis virtudes, incluso esas que no tengo. Mañana nada será perfecto, pero nada borrará mi sonrisa, esa que se quedará perennizada en este trayecto.

Y en vez de agradecerle a la vida por estar conmigo todo este tiempo, aún tengo algo que pedirle: Quiero mi combo de 365 días para sonreír, mis 365 noches para soñar, mis 12 meses para fechas importantes, mis 52 semanas para ver a los amigos, unos cuantos fines de semana para escapar, unos domingos en la mañana para regresar, minutos para tenerte presente y un segundo para trascender.

Quiero hacerte un regalo

Me preguntaba qué puedo regalarte que te haga falta, que te guste o que no te hayan dado antes, tal vez algún regalo que siempre esperaste.

Y no es cuestión de comprarte algo porque lo que tú te merece, no lo venden en las tiendas y además yo no podría entregártelo.

Me preguntaba qué puedo regalarte y se me venían mil ideas a la cabeza: unas eran más disparatadas de lo común, otras no estaban al alcance de mis manos; pero las más importantes, por suerte, estaban en algún lado de mi imaginación.

Y no es cuestión de hacerte una carta con una frase común porque lo que tú te mereces no cabe en palabras y además no estaría yo para pronunciarlas

Me preguntaba qué puedo regalarte, que haga que me recuerdes por un instante… todos los días… el resto de tu vida.

Entonces recordé que te gusta la Luna, la misma de tu cielo y el mío, que esta noche brilla sólo para ti. También están las estrellas; esa que resplandece con fuerza, te la puedes guardar en algún bolsillo del alma para cuando quieras pensar en mí. Si el mapa no puede unir nuestros mundos, te entrego una misma ciudad iluminada, para desvanecer las distancias. Y  te ofrezco todo el cielo para pegar post-its que contengan una poesía, la cual resuma nuestros sueños y el amor.

Eres lo que no cabe 

en arenas ni mares,

solo en deseos a la luna 

de una mágica noche. 

Allá hay un largo camino

lejos de las distancias,

empaca tus sueños,

y deja lugar para los míos.

Sentémonos en la cima

donde no llega el frío,

bajo aquellas alas

que completan lo divino.

Tus ojos ahora brillan 

como la ciudad iluminada,

tu cuerpo es el cielo

y yo quiero tu infinito.

Acurrúcate a mi lado

y te cuento mil historias, 

mientras usas besos

para pintar constelaciones.

Ahora sólo volemos alto

hasta la corona de estrellas 

donde nadie nos vea

o tan sólo la Virgen alada.

Y si una estatua no nos mira,

me quedo a tus espaldas

para llenarla de caricias

y abrazarla cada mañana. 

De tu Valentina

Si estuvieses aquí a mi lado y no me refiero a algo casual, sino a algo cierto; a algo que me demuestre que no existe indiferencia a mis sentimientos, ausencia de tus besos y un corazón incompleto.

Sé que estás aquí y de la forma que siempre quise tenerte, aunque ahora me dé cuenta de que no es suficiente minutos que no son horas, besos que son furtivos y te quieros que son insonoros. Y es que en otra situación, un día como hoy, 14 de febrero, hubiese bastado para compartir lo que siento; como en años anteriores en los cuales  los hombres, que supuestamente  me querían, me regalaban su tiempo para demostrar en un día lo que no pudieron en todo el tiempo de relación.

Es el primer San Valentín que paso sin mis amigas/os; nunca he pasado con un novio y tampoco me ha hecho falta. Me hubiera gustado pasar contigo este día, pero sé que tenemos toda una vida  para compartir momentos mágicos, para demostrarte todo lo que siento, para regalarte todo lo que soy y para que seas mi Valentín y yo tu Valentina…