A quien está por venir 

Cuando seas grande quiero que sepas que antes de estar en mi vientre, estabas en mis deseos, pensamientos e ilusiones. Eres el regalo que supo cuándo debía llegar a mí 

Quiero que entiendas que tu presencia inicial me causó temores e incertidumbres que tú, desde mi interior, fuiste apaciguando con amor y ternura.

Quiero decirte: Te amo cada uno de nuestros días no como algo que debo sentir, sino como un sentimiento que va creciendo con nuestra convivencia y para que el día que ya no estemos cerca físicamente, esas palabras siempre resuenen en ti.

Cuando te tome en brazos por primera vez quiero sentir el éxtasis de un nuevo sentimiento y quiero hacerlo cada vez que te abrace, sin importar que tengas 10, 20 o 50 años. 

Quiero pedirte que ahora que nuestros caminos se han cruzado, seamos amigos de esos que se rien, se enojan y se vuelven a reir; quiero que seamos compañeros para luchar contra la soledad y que ante todo seamos madre e hijo, que en cuestiones de lazos de amor nadie nos pueda ganar. 

Siempre estarás aquí

Ha pasado más de un mes desde que te fuiste y aún no quería escribirte… Ya sabes, las despedidas siempre son difíciles; más aún cuando mi corazón empezó a envolverte en  dulces sentimientos y mi anhelo deseaba que ya estuvieras aquí… Ya ves, no siempre pasa lo que uno quiere.

Tu partida fue uno de los golpes más duros de mi vida; así como tu llegada me cogió desprevenida, mucho más fue cuando ya no estabas en mí. No sabía qué hacer ni qué decir; sin embargo, admito que fue un sufrimiento paulatino, que cuando llego el momento de la verdad, solo me quede apática, para no sentir más dolor, más sufrimiento y tratar de entender que si pasó, era porque debía ser así.

Aunque ya no estés, cada día me das fuerza y me recuerdas lo que soy capaz de sentir y dar. Tu presencia no fue en vano; tuvo la finalidad de revivir en mí, ese hermoso milagro de la vida.

Nunca te podré decir adiós, pero por lo menos hoy al evocarte ya no hay tristeza, tan solo alegría, mi pequeño angelito.

 

De amor y de casualidad

Hoy hace tres semanas descubrí que venías en camino. La verdad te esperaba, no sabes cuánto te esperaba, pero no creí que ese anhelo llegaría tan pronto. Me cogiste un poco desprevenida y asustada. Así es el milagro de la vida.

Cuando recibí “la carta” de tu llegada estaba escéptica y cuando vi la respuesta positiva, algo se estremeció en mí. Lloré de emoción, temor y nostalgia, tenía una confusión de sentimientos, pero al final siempre me hiciste muy feliz.

No sabía como decirle a tu papá de tu llegada, siempre se me ocurría algo y ese día no tenía alguna idea. Tan solo pude mostrarle tu carta, la leyó y no lo podía creer. De un minuto a otro, nos cambiaste la vida para bien.

Todavía no nos acostumbramos a la idea de que estás aquí junto a nosotros, aunque no te veamos. Tenemos muchas dudas y muchos asuntos por resolver, pero tú día a día nos impulsas a salir adelante.

No importa si nosotros te llamamos, si tu viniste porque tenías que venir, lo único certero es que eres la mezcla perfecta de AMOR Y CASUALIDAD.

Un regalo para mi esposo

Si pensaban que buscar regalos para sus novias o novios es complicado, se equivocan… Es aún más problemático cuando piensas en qué regalarle a tu esposo/a.

Hoy mi esposo cumple años y, así como años anteriores, quise sorprenderlo con algún detallito hecho por mí o algo sencillo, pero muy bonito de una tienda; a esto pensé sumarle un obsequio de algo que él necesitase como ropa, perfume, reloj, etc.

En menos de lo que pensé, los días pasaron y en medio de las tareas cotidianas, el momento llegó sin tener nada listo. Recorrí tiendas buscando y buscando algo que regalar. Habían obsequios hermosos, que después de tanto verlos, me pregunté: Y esto en verdad cómo le va a servir. Luego quise comprar cosas para hacer un presente yo misma, pero ya era muy tarde.

Me sentía como una esposa descuidada, que ahora no sabía como darle un hermoso cumpleaños a quien amaba y, lo peor de todo, es que no sabía qué hacer. El día antes del cumpleaños, mi esposo me fue a recoger, caminamos y le dije: Qué tal si vamos a tu restaurante favorito. Él se puso muy contento.

Esa noche comimos un delicioso sánduche, pero sabía mejor de lo habitual. Nos olvidamos de los problemas y recordamos cosas bonitas, como que ese lugar fue el primero a donde fuimos. Regresamos a casa muy tranquilos, me acurruqué a su lado y el cansancio me invadió.

Recuerdo que en medio de sueños le decía ya es tu cumpleaños y esperaba el amanecer. Sonó la alarma y despertamos, nos miramos con la misma sonrisa de todas las mañanas y le dije lo mucho que él significaba para mí. Preparé su desayuno (un poco más reforzado que el cotidiano) y con un gran beso se fue a trabajar.

Entendí que el mejor obsequio que le di, no lo pagué con dinero, sino con ese hermoso tiempo en la cena y la mejor manualidad que pude hacer, no necesitaba tijeras ni pegamento, fue ese rico desayuno. Aunque sólo hoy sea el cumpleaños de mi esposo, sé que cada día es el perfecto regalo.

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Salirme con la tuya

A veces no es tan fácil salirme con la mía, bueno en realidad sí lo es, pero no es lo más conveniente. Cuando uno quiere hacer algo sin importar lo que opinan los demás, terminamos alejando a quienes se preocupan por nosotros y nos envolvemos solo en nuestras necesidades. En conclusión, es egoísmo.

Lo peor de todo de salirme con la mía es ese sentimiento de satisfacción efímero, que nos llena de emoción y orgullo por minutos, pero lentamente se va convirtiendo en una presión en el pecho… en eso que todos llaman remordimiento, Y más allá de eso está el darte cuenta que no todo siempre va a ir acorde a nuestros caprichos. La vida está  compuesta por millones de deseos más que los míos.

Tampoco sé que voy a dejar de lado mis anhelos y sueños porque valen mucho la pena. Sin embargo, ahora no soy yo ni eres tú… Somos los dos caminando hacia NUESTRO futuro.

No me salí con la mía, pero fue bueno salirme con la tuya… porque nada me encanta más que verte reír.

No eras amor, eras dependencia

Este post quiero dedicarlo a todas mis ex novios: Aquellos quienes aún se cruzan por algún recuerdo y esos, que si me preguntan, no me acuerdo ni cuándo estábamos; pero bueno, esto va para ustedes que construyeron parte de lo que ahora soy.

A aquellos que piensan que aún me muero por ellos… Ni lo sueñen, no me interesan y además ya no tienen chance. A lo que piensan que me lastimaron… Tranquilos, hay gente que sufre por cosas verdaderas y ustedes sólo me enseñaron a sonreír, sí, a ser feliz conmigo misma y de lo que puedo dar. Cada día me ayudaron a demostrarme a mí misma cuan fuerte, inteligente, amada y buena mujer puedo ser.

Después de haber jugado muchas veces el papel de víctima, de quedarme llorando en cama sin querer hacer nada, de sufrir y sufrir por algo que no tenía sentido; un día me levanté y me dije: “ya es hora de vivir”. Pues, sí, era hora de dejar todo atrás y empezar conmigo misma.

Entonces descubrí que no era amor lo que sentía por aquellas efímeras ilusiones. Me aferraba a ellos con tanta fuerza, creía que nadie me iba querer así, que solo por ellos podía sonreír, que sus errores eran pasables.  Es cierto, me dieron verdaderas alegrías, pero en realidad esa necesidad de aferrarme era una dependencia, un miedo a estar sola y un miedo a encontrarme.

No me gustaba la idea no tener nadie con quien compartir. Entonces me convertía en lo que ellos querían que sea. Si querían alguien sumisa, pues lo era. Si necesitaban apoyo, yo me podía ser como su mamá. En ninguna de mis relaciones era yo. En ninguna me enamoré. Y esta vez lo digo no porque ya apareció alguien en mi vida. Alguien más para depender, no.  Esta vez lo digo porque estoy sola, aprendiendo a quererme, a conocerme y aceptarme.

No maldigo los malos momentos, ahora sé que tenía que vivirlos para aprender. Nadie escarmienta en cabeza ajena. Y tampoco digo que no volveré a sufrir, a caer, a equivocarme. Ahora ya entendí que no es malo estar sola porque tengo la convicción de que no necesito aferrarme a nadie para ser feliz.

A veces no nos enamoramos, sino que nos acostumbramos y generamos dependencia.  Es hora de entender que la felicidad no viene de otros… Brota de nosotros mismos.

Adaptación de la publicación de una fiel lectora

Confía en mí

Cierra los ojos y vamos, confía en mí. Sé que el camino que he trazado es sinuoso, pero junto a ti sé que lo puedo corregir. Mira mis ojos y encuentra ese brillo que te daba bienestar y tranquilidad. Está ahí, solo necesita que no lo dejes apagar. Toma mi mano, escucha que  te amo y confía en mí, solo hazlo.

Dame la oportunidad de  demostrarte que lo nuestro es verdadero, que no existe ningún obstáculo para poder avanzar, que tú eres mi inspiración y que si te tengo, todo lo puedo lograr. Confía en mí y en lo que construimos dia a día. No podemos cambiar las cosas de un rato para otro, pero podemos hacerlo poco a poco. Si estamos juntos, no existirá nada que nos pueda derrotar.

Dime que me amas y dame la certeza de que estoy haciendo lo correcto. No seas tan duro conmigo. A veces me pierdo en la frivolidad del mundo, pero no quiero estar ahí, quiero ir contigo. Así como puedes confiar en mí, yo confío y creo en ti. Decidí estar contigo y amarte para siempre, así que lo haré.

Confía en mí y seamos siempre felices.

No Happily Ever After

No dije un Sí, ni firmé un papel para amarte incondicionalmente y desear compartir el resto de mi vida a tu lado. Esas son puras formalidades. Te entregué parte de mi vida ya desde antes y sabía que quería estar contigo hace mucho tiempo. Nunca te lo dije y seguro nunca sospechaste el momento en que verdaderamente dije Sí.

Después de nuestro primer paseo y una serie de adversidades, logramos conseguir un bus en medio de la noche. El cansancio te abatió y caíste dormido a mis piernas. Te miré y sentí una mezcla de amor y ternura que jamás antes había sentido. Pusiste a prueba tu templanza, paciencia y comprensión. Entonces supe que sólo a tu lado encontraría ese amor, apoyo, cariño y positivismo que esperaba. No queria a nadie más a mi lado.

Así como ese día, sé que no todo será felicidad. Hay días en los que el mundo me sonríe y otros en los que yo tengo que hacerle cosquillas y, lo mejor, es que ahora estás tú para sacarle una sonrisa más grande. No quiero un “felices para siempre”, porque no creo en ese tipo de cuentos. Quiero un “felices hoy” para saber que nuestra alegría es fruto de nuestro constante esfuerzo. Contigo y nuestro amor, no hay para qué esperar más.

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Voto matrimonial

Que el amor lo puede todo… ¡Verdad! Dejé mi país, mi familia, mis amigos, hasta de ver el fútbol de esa noche (obviando que Ecuador perdía), para iniciar una nueva vida, acompañada de alguien más. Ese alguien que en medio de las tristezas y malos humores, siempre me saca una sonrisa. Ese alguien que tras una jornada agotadora, encuentra una palabra de aliento para no dejarme rendir. Ese alguien que es sólo él y nadie jamás lo igualará.

Entonces, ahí estaba yo… pensando qué palabras decirle, cómo transmitirlas y como impregnarlas en los más profundo de su corazón para que cada mañana, aunque no estemos juntos, las recordara. Cómo hablarle con mi mirada, esa que quería que la volviera a encontrar en el cielo cuando me buscara. Cómo tocar su mano, de forma que en cada brisa se estremeciera, como aquella primera vez.

Sabía que no podía decirle cuánto sentía, cuánto me inspiraba. No sería suficiente, no sería real; igual, lo nuestro ya era mágico e intangible. No bastaban las palabras, era algo más que lo corpóreo y mental. Era eso… eso que nadie puede explicar.

De seguro, le diré lo que ya le he dicho o, quizás, lo que él lo sospechaba, lo que cada uno de mis besos le dice al despertar. Me pondré nerviosa y le miraré como la niña traviesa que la acaban de descubrir, esa que de vez en cuando, aflora de mí. Le sonreiré un poco, para disimular la emoción que me invadirá. Y lo apretaré fuerte de la mano, para recordar que junto a él es donde yo quiero estar.

No necesito papel ni pluma. Lo necesario lo llevo dentro de mí y si lo tengo que resumir en una frase, solo puedo decir:

TE AMO

 

 

Carta a mi novio

Amor lindo:

No sé si te escribe la chica que conociste hace más de tres años, ni tampoco aquella que se ilusionó cuando te vio; quizás simplemente soy ésta, la que siempre ha tenido para ofrecer historias, sueños y alegrías, que ahora solo pertenecen a ti.

Debo decirte que no eres el mismo del que me enamoré; la barrera de lo desconocido ha caído y ahora hemos descubierto nuestros defectos y oscuros secretos. Sin embargo, aún seguimos trazando el camino y sabemos que, pese a las adversidades, siempre queremos estar juntos. 

A diario has ido pintando diversos colores en mi vida; algunos no son de nuestro halago, pero con los pinceles de la paciencia, buen humor y mucho amor, los difuminamos y obtenemos una gran obra maestra.

Te pido que no nos dejemos caer ante la incertidumbre del mañana, que no nos perdamos en medio del egoísmo, que no seamos presas de la ira y de los celos. Solo quiero seguir despertando a tu lado, tomar tu mano siempre al caminar, sonreírte de forma pícara y que me respondas con otra sonrisa. Deseo que el tiempo sea imperfecto contigo y que en medio de los días, nunca olvides  cuánto te amo.

Tuya siempre, Didis